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La inoperancia de una sociedad que hace mucho años viene fracasando

LA INOPERANCIA DE UNA SOCIEDAD QUE HACE MUCHOS AÑOS VIENE FRACASANDO

Un poco de contexto en este momento en el que el coronavirus intenta barrer el mundo como material para desarmar y luego volver a construir. La pandemia nos sorprendió.

Mientras los autoritarios sueñan con el retorno a una comunidad callada y ordenada, con discusiones infantiles, aquellos que se dicen liberales celebran el pluralismo como un culebrón irrevocable del uso libre de la razón. Pareciera que ser tolerante es aceptar que la opinión del otro necesite una consideración similar a la nuestra, al margen de ideas diferenciadoras. Transitamos un universo lleno de deberes, una estructura de prisas y de urgencias en las maduraciones.

En este tiempo hablamos de los dirigentes y hasta los enjuiciamos. Sufrimos duros golpes y no nos recuperamos en nuestra incredulidad. Las conclusiones suelen contrastar con lo que nos decían hasta hace muy poco. Se presenta un cuadro donde los distintos gobiernos simulan combatir la corrupción pero sólo cuando son opositores. Los países continuarán transitando por el sendero de la auto-destrucción y la clase política desenfundará sólo chicanas, recordando siempre sus batallas victoriosas. Los ciudadanos trajinamos entre discusiones lejanas o desafíos irresueltos del siglo pasado y se le suman los del siglo actual.

Innumerables materias pendientes a resolver en temas de educación, pobreza, crecimiento y desarrollo confiando que el próximo o el posterior gobierno lo solucionen. El futuro ya está aquí, ya llegó y no es uniforme para todos.

Pero, ¿la dirigencia a quiénes representan? ¿De dónde salieron? ¿Quiénes los votaron? ¿Por qué quienes gobiernan incumplen sus propias medidas? ¿Existe una cultura de la obediencia y la sumisión? ¿Qué nos priorizan? ¿Es un vicio de cualquier gobernante hablarse a sí mismo? ¿Por qué tantas contradicciones entre los distintos funcionarios?  ¿Desconocen diferencias entre dictadura y democracia o entre fortalezas y debilidades? ¿Quién controla y revisa la ética y la transparencia de la actividad pública? ¿Por qué viven explicándonos que ellos son los que mandan? ¿Será porque en realidad no mandan? A veces, quienes desean liderar se desgastan y terminan siendo un gran signo de interrogación y en nuestra América Latina los sueños se esfuman.

Los gobiernos se muerden la cola pulverizando el crédito que la comunidad les supo otorgar.

Habermas pregonaba que nos estamos situando en el umbral de una época, situación difícil que se convertiría, sin embargo, en una oportunidad vital. Una era sin nuevas emociones, sin proyectos, sin más éxitos. El pensador también sostiene que las comunidades van a entrañar riesgos y temores, sin observar el profundo sentimiento que otro origina merced a la actividad comunicativa.

“Aquella sociedad que multiplica sus conocimientos multiplica también su dolor” (Erick Smith).

Hoy, los partidos políticos conocidos como tradicionales no representan a las generaciones actuales, tampoco me representan a mí y nos duele no ser escuchados ni interpretados. En ese escenario se entremezclan los liderazgos de colisión,  esos que aumentan la división y los debates estériles y otros que dicen ser de consenso sublimizado el orden democrático y el republicanismo discursivo. Nos hartamos de la decadencia sin fin y del ruido de las peleas. No queremos vivir en lo injusto, improvisado y manipulado.

También, los países latinoamericanos han hecho mucho para garantizar, en la sociedad civil, una fuerte competencia pero muy poco para asegurarla dentro  de los privativos movimientos políticos. Cuando se pretende  regular todas las decisiones suelen obtenerse resultados contrarios a los deseados. La anonimidad nos explica la alienación, la masividad, los debates, nuestras políticas y nuestros políticos.

No viene mal recordarlo, los sistemas se fragmentan y aparecen los herederos de votos ajenos. Utilicemos más el arma del voto pensado ante las castas políticas.

Entiendo que a Santiago Ramón y Cajal, quien incursionó en el secreto de pensamiento y la inteligencia, en la apasionada necesidad de conocer con exactitud el cerebro humano su desarrollo científico y el interés que representaba el hombre tanto para una psicología racional como posteriormente para una psicología social. Nosotros, los argentinos, vivimos con las misteriosas mariposas del alma que algún día esclarecerán ese secreto oculto de nuestra vida, casi única y distinta, un ser colectivamente “nosotros argentinos”, sin reivindicar  la capacidad de nuestro futuro, hacer liturgia del silencio, observar las maravillas posibles, las amenazas reales, la tristeza aumentada por la pandemia, tratar de no convertirse en mayor tormenta y acompañarnos unos a otros.

¿Qué es lo importante? ¿Qué pretendemos ser mañana?, ¿Quiénes somos hoy? Unos, algunos, muchos pueden perderse, pero aislados somos más vulnerables. La vacuna para todos y todas es un verdadero aporte a la vida y la tontería es repetición de errores. Ojalá la Patria Grande no se achique más. Pretendamos entender las confusiones pero no descifremos su sentido agorero.

Foto Carlos Méndez REDIRP

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Méndez

Dr. en Ciencias de la Administración
Mag. en Ciencias Políticas
Lic. en Administración y Finanzas de la Empresa
Lic. en Relaciones Públicas

Director de REDIRP ARGENTINA
E-mail: carlosa@mendez.net.ar

2 comentarios

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  1. Cómo nos tiene acostumbrado el brillante De. Carlos Méndez sus reflexiones llenas de sabiduría y análisis profundo nos hacen pensar seriamente acerca de la realidad y dan un cachetazo a los comportamientos sociales que defraudan la ética y la conducta humana, pero sembrando árboles fuertes de esperanza si sabemos aprovecharlo. Gracias Maestro y amigo.
    Héctor Naredo

  2. Querido Profesor… tan pero tan cierto, y lamentablemente tan triste… aunque como dice Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio no? … Lamentablemente, llegué a un punto en donde empiezo a creer, que no tenemos remedio. Dejo de lado, utopías juveniles, y esperanzas pasadas, de construir una sociedad mejor, para tener un mundo mejor…. hemos fracasado como sociedad, y lo peor, es que parece que no aprendemos nada de esos fracasos reiterados, repetidos constantemente e incansablemente, no los capitalizamos como una experiencia para remediar y evitar en el futuro… Nuestra inoperancia como sociedad, se ve reflejada en nuestros gobernantes, más allá del color político que fueren… dicen que los pueblos tienen el gobierno que se merecen o que se les parece… triste el reflejo que da el espejo en este caso… no?

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