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Colombia: el Ceremonial en la Cumbre de las Américas.

Las
«perlas» de la Cumbre de las Américas


Con independencia de las singularidades propias en la cultura de cada país,
desde el punto de vista de Protocolo, la VI Cumbre de las Américas, celebrada en
Cartagena de Indias (Colombia) nos aporta algunas cuestiones que indudablemente
son de interés para los profesionales de la organización de eventos. Siempre se
ha venido señalando que el Protocolo en las relaciones entre los países, en
definitiva el vinculado a la diplomacia, tenía sus rigideces difíciles de
salvar, y especialmente encuentros al máximo nivel. Sin embargo, la Cumbre de
las Américas nos ha dejado algunas imágenes para la reflexión.

Por CARLOS FUENTE

 

Se ha venido diciendo -incluso muchos siguen afirmando- que el Protocolo en
las cumbres importantes entre países está sujeto a ciertas formalidades
difíciles de romper. Piensan muchos que las nuevas tendencias organizativas son
solo de aplicación en eventos empresariales o actos oficiales más informales.
Sin embargo, esta cumbre, con presencia de jefes de Estado, primeros ministros y
ministros de países americanos, entre otros altos cargos, ha dejado algunas
«perlas» que no pueden pasar desapercibidas.

En primer lugar, el acceso de los mandatarios al Centro de Convenciones. Lo
hacen como si de premiados en una ceremonia cinematográfica se tratara. Acceden
desde la puerta principal trasera, previo anuncio de la conductora del acto,
acompañados de quienes acudieron con consortes, bajando por la escalera central
y dirigiéndose los mandatarios al escenario y los acompañantes a las primeras
filas reservados para ellos. Algo que si no me equivoco rarísimas veces hemos
visto.

En segundo lugar, la etiqueta. Ha habido de todo. Desde las mejoras galas
de Evo Morales, los elegantes vestidos de las presidentas de Argentina y Brasil,
la camisa sin corbata y chaqueta del anfitrión (presidente de Colombia), la
chaqueta y camisa sin corbata de Obama, alguna Guayabera de otros y cómo no
algún traje impecable con corbata. Toda una diversidad de etiqueta en una cumbre
de notable trascendencia para la región. Ver a un impecable Presidente de los
Estados Unidos de América sin su corbata, cuando puede desprenderse que no se ha
señalado una vestimenta determinada. Eso sí, con su pin con la bandera americana.

En tercer lugar, la apertura del evento con
la interpretación del Himno colombiano a cargo de una de las cantantes de mayor
renombre internacional colombiana, Shakira, que no tuvo inconveniente alguno en
situarse en el escenario, por delante de los mandatarios y a «capella» cantar el
citado himno. Ella curiosamente, decidió portar una camisa blanca con una
femenina corbata negra rompiendo su propio protocolo. Por instantes todo parecía
al revés.


Tras los discursos
del Secretario General de la OEA y la representante de Naciones Unidas, que no
ocuparon lugar en la presidencia y salieron desde sus puestos en las primeras
filas de público, la organización recurrió a un video de presentación de
Colombia y Cartagena de Indias al mundo, un video que se fusionó a la realidad
cuando la niña
protagonista del video, en continuidad con el mismo hacía entrada al salón
principal, y con un colibrí con las plumas de la imagen corporativa se plantaba
ante los mandatarios y en apenas unos segundos hacía referencia a la unidad de
los pueblos. Momento emotivo.

Vino después el discurso del Presidente anfitrión, que hubo de sufrir los
problemas de algo incomprensible como el escaso pasillo que le dejaron entre las
dos filas de mandatarios para dirigirse hasta el atril, debiendo en algún
momento pedir a los presidente que se apretaran para poder pasar. Medio metro
más de anchura hubiera sido suficiente para que este recorrido hubiera tenido la
solemnidad que requiere. Ya en su ingreso al asiento reservado en la mesa tuvo
sus más y sus menos especialmente cuando se topó en el camino con un
«largirucho» presidente de EE.UU. a quien prácticamente el anfitrión hubo de
empujar su silla (menos mal que era de ruedas) para poder seguir su
camino.

Se cerraba la ceremonia inaugural con un espectáculo folclórico típico
colombiano que francamente dejó mucho que desear. Pienso que a cualquiera con
experiencia se le hubiera ocurrido cientos de soluciones impactantes y
atractivas. En nuestra opinión la escenografía dejó mucho que desear, ajena a la
imagen que la organización debía de transmitir, con ese exceso de banderas. En
las cumbres numerosas deberían habilitarse soluciones alternativas que den otro
aire y otra imagen, en línea con el sentido de estos encuentros pensados para
fortalecer relaciones institucionales y humanas, éstas tan importantes en la
diplomacia actual, y decisivas para la resolución de conflictos.

De todo ello, quisiera llamar la atención sobre tres aspectos poco
habituales y que nos van señalando una nueva visión en la organización de actos
de este tipo: la etiqueta, más relejada (aunque no todos lo entiendan así) para
trasladar una imagen más cercana y de trabajo. Hay quien sigue diciendo que la
corbata es fundamental. Colombia y en especial Obama ha demostrado que no
necesariamente. Igualmente, es necesario comentar cómo puede integrarse en una
ceremonia internacional «celebridades sociales» que pueden aportan valor añadido
a lo que se está haciendo (entendiendo como valor añadido en el sentido de
acercarlo al pueblo), algo que también hasta ahora parecía vedado en una
ceremonia oficial internacional televisada al mundo. O la presencia juvenil de
la niña en un video espectacular que interactúa desde la grabación a su
presencia real en el salón. No es que sea muy original en un evento, pero desde
luego sí para unas cumbres tan encorsetadas.

Estamos ante nuevos esquemas en los que se van incorporando tendencias de
eventos que restan ceremoniales muy oficializados e incorporan formatos más de
nuestro tiempo. No es que desde nuestra modesta opinión haya sido un acto de
referencia, pero sí una clara confirmación de que la diplomacia al máximo nivel
comienza a consolidar cambios singulares. Vendrán más, y serán de mayor éxito
-estamos convencidos- cuando los responsables de la organización dejen de ser
determinados diplomáticos que piensan que lo importante es solo el orden
alfabético de los países o de las banderas o cómo atender a los mandatarios o
similar. Pero para organizar ceremonias que aporten frescura y modernidad (no
tienen por qué encorsetarse a discursos e himnos), hay ya expertos capaces de
convertir instantes como éstos en actos de impacto que además de romper su
frialdad proyecten imagen de país. Tema serio ahora que la cuestión de la «marca
nacional» es tan importante.

La reunión de Cartagena de Indias es, por otra parte, una severa llamada de
atención a los prolíficos escritores y comentaristas del «saber estar», que
siguen sin enterarse que estamos en el siglo XXI y que los tradicionales
modales, etiqueta y demás también evolucionan. Tenemos los profesionales e
investigadores en esta materia la responsabilidad de reinventar esta parte del
Protocolo sino queremos que la palabra no siga asociándose a cosa de reyes,
mandatarios y diplomacia. Otro reto.

Dejo en esta columna algunos enlaces donde pueden apreciarse todos estos
aspectos a los que hemos hecho referencia.

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