Twitter

Comunicación & Epistemología





¿DE QUE HABLAMOS CUANDO
HABLAMOS DE COMUNICACIÓN?
por Lic. Gabriela Cicalese*

Comunicación Comunicación social Comunicología Ciencias de la comunicación Ciencias de la información Comunicación empresaria Comunicación interna/externa Comunicación comunitaria Periodismo Comunicación y cultura Teoría de la Comunicación Planificación de medios Estrategias Comunicacionales… Comuni… ¿qué?


La diversidad a través de la cual se acercan las diferentes formaciones académicas, prácticas profesionales y líneas de investigación en relación a lo que podríamos englobar como “lo comunicacional”, son mucho más que un problema nominal y abren interrogantes epistemológicos e improntas heterogéneas en las conformaciones del campo, brechas ideológicas insoslayables y diseños de prácticas bien diferenciadas.

Comunicación: ¿ciencia? ¿ciencias? ¿territorio transdisciplinario? ¿estudios? ¿teoría? ¿disciplina? ¿campo? ¿enfoque? ¿mirada? ¿óptica? ¿rama del conocimiento? Podemos armar una larga serie de implicancias directas que ha tenido -y seguirá teniendo- la elección de cualquiera de estos encuadres epistemológicos (o de otros aquí omitidos). A esta dispersión se suma el hecho de que las prácticas o las formaciones académicas suscriptas muchas veces bajo la misma denominación no responden, sin embargo, al mismo encuadre epistemológico. Y debemos referir, además, la falta de conexión entre algunas denominaciones o encuadres y sus prácticas concretas.(1)


La conformación de la ciencia de la comunicación como tal es reciente. Las referencias más antiguas hablan de insinuaciones de una especificidad académica a principios de los ‘60, pero con consolidación y conciencia de campo recién a partir de la década del ‘70 en Latinoamérica. Este nacimiento tardío en el ámbito de las ciencias sociales hace que los referentes teóricos y de investigación continúen siendo, aún hoy, profesionales provenientes de otras disciplinas: Filosofía, Sociología, Antropología, Letras.


Prematuramente, según creo, se ha logrado saldar la diversidad con el denominador común de la comunicación como “campo interdisciplinario”, capaz de englobar sin resolver las propuestas muchas veces antagónicas y epistemológicamente eclécticas que esta marca de nacimiento de los estudios comunicacionales ha generado.


Es recién desde hace pocos años que comienzan a aparecer en las góndolas de las librerías y en las oficinas de proyectos de investigación académica los aportes de los “nuevos investigadores”, jóvenes (al menos en lo que hace a la vida académica) que nos hemos formado en las Carreras de Comunicación y que hemos recibido como legado la necesidad de mirar la propia disciplina de un modo relacional: definiéndonos por lo que no éramos, reconociendo muy bien las incumbencias de otras áreas y otras ciencias, sabiendo muy bien en qué tipo de determinismo informacional no deberíamos caer a la hora de aspirar a un estatuto de “seriedad científica”… pero con dificultades serias para definirnos por la positiva, a partir de nuestro capital académico específico.


Especialmente en el ámbito universitario, se refuerza la atención sobre lo comunicacional a partir de una variable extendida en los últimos tiempos: las nuevas tecnologías y sus usos generalizados marcan un crecimiento de la presencia de lo comunicacional en las relaciones sociales. Dependiente de esta situación o no, las carreras de comunicación han tenido la mayor cantidad de inscriptos y estudiantes en los últimos años, en relación a otras ciencias sociales. Por otra parte, se percibe en muchos proyectos de postgrado y en asociaciones como ésta, la madurez académica de un campo en condiciones de producir teoría, de encarar investigaciones originales y realizar aportes desde una mirada comunicacional a los problemas sociales y culturales de este complejo, centralizado, mundializado, plural y productivo momento histórico. Este particular estado de los saberes comunicacionales vuelve aún más inminente la necesidad de fotografiar y de historizar, de acordar, delimitar y hacer visible una «identidad de campo». A simple vista, las líneas académicas en Comunicación siguen estando determinadas con los argumentos de los viejos referentes (aquí también en relación a su trayectoria académica). Teóricos que se asomaron a la Comunicación desde otras Ciencias y que han delineado problemáticas “a imagen y semejanza” de las interpelaciones que los medios, las movilizaciones sociales o las resemantizaciones culturales han provocado en sus propias áreas de incumbencia. Pero, ¿cómo se perfila hoy la Comunicación por Comunicadores, aquella visión de campo que esbozamos quienes, formados desde la Comunicación, comenzamos a tomar posiciones en el diálogo teórico, a compartir prácticas con profesionales de otras disciplinas, a ocupar espacios académicos, a diseñar perfiles, a aportar “lo nuevo”?


En momentos en los que las Ciencias Sociales plantean el obstáculo de la compartimentación en disciplinas y la especialización de los enfoques desde cada ciencia para abordar lo social en su complejidad general, una investigación como la que aquí se propone puede resultar un paso atrás en el debate. Sin embargo, a través de la experiencia profesional y académica, estoy convencida (me atrevo a decir, estamos) de que nuestra inclusión como comunicadores/as en el trabajo con otros cientistas sociales no puede carecer, precisamente, de una identidad clara y diferenciada que luego pueda incluirse en la inter, multi y transdisciplinariedad de los abordajes. De otro modo, caeremos en antiguos errores tales como sostenernos en los medios y sus efectos como recortadísimo objeto de estudio. O bien plantear que “todo es comunicación”, premisa que también invalida nuestra óptica y el aporte de la comunicación como “mirada” desde lo cultural hacia lo social. La singularidad y la diferenciación son requisitos para la integración. Sólo planteando nuestra especificidad, dentro de la Comunicación, podremos hablar de una auténtica inserción en pie de igualdad con las demás ciencias sociales al plantear cualquier proyecto, investigación o enfoque con vocación multidisciplinaria.


Tal vez esa misma dificultad en la constitución disciplinaria que hoy percibimos es la condición de posibilidad para un nuevo desarrollo, ya que nos proporciona la movilidad para plantear nuevos sentidos y herramientas teóricas capaces de abordar estas épocas, que carecen de las seguridades que nos daba la adscripción a los grandes paradigmas.



LA CONFORMACION DEL ESTATUTO ACADEMICO DEL CAMPO COMUNICACIONAL EN LA ARGENTINA.



Podemos establecer un circuito de relaciones que constituyen la trama del tejido de “lo comunicacional” en la Argentina. Relaciones múltiples en lucha por la legitimidad y la hegemonía del campo, que se acotan y se propagan, se diferencian y a la vez se influyen. Relaciones que podemos agrupar, en esta primera instancia de abordaje en grandes esferas interconectadas. Obviamente, hablar de relaciones tiene que ver con entender la dinámica de los discursos sociales en pugna. Es por eso que la división se vuelve un simple recurso teórico.



1) Las carreras de comunicación: Su abordaje implica desentramar la tensa relación entre las diversidades de planes de estudios universitarios y terciarios; perfiles de egresados pensados por cada casa de estudios para sus carreras que abren (y circunscriben) posibilidades profesionales diversas y hasta antagónicas; las denominaciones mismas y la “categoría” de cada carrera, así la inclusión en diferentes Facultades (2); el imaginario de los cursantes; las líneas de cátedra; las políticas editoriales y de investigación; las líneas de extensión que han marcado tendencias y/o escuelas en las diferentes universidades. Podemos hablar de distintas «escuelas» de Comunicación, es decir, de líneas teórico-epistemológicas que atraviesan diferentes universidades y que se han sido consolidando a lo largo de la trayectoria de cada una de sus carreras.



2) Las prácticas: Los perfiles curriculares han dialogado permanentemente con un tipo de práctica profesional: el periodismo y el trabajo en y con los medios masivos. Sin embargo, deberíamos incluir también otro tipo de propuestas en el diálogo. Propongo abordar una serie de instituciones y trabajos realizados, no sólo por profesionales, estudiantes, graduados e investigadores del campo, sino por otras iniciativas autodenominadas “proyectos de comunicación”, cuya relación con los espacios académicos se ha trabajado muy poco. Para esbozar esta relación debemos relevar especialmente centros que se convirtieron en referencia comunicacional a partir de actividades con la comunidad o la educación no formal.


Se trata de prácticas destinadas, en su mayoría, a resolver la dualidad comunicación-democracia, entendiendo la comunicación como un dinamizador de la estructura social, e inscribiendo las prácticas en un movimiento dialéctico a través del cual cada una de ellas genera, y es generada, por la teoría. Por tanto, indagar sus historias, sus debates y sus sistematizaciones de trabajo, así como su interconexión con la formación académica universitaria, se torna indispensable para la pensar sin reduccionismos la conformación del campo comunicacional.



3) Las líneas de investigación comunicacional:


Las líneas de investigación desde las ciencias de la comunicación han sido resultado de múltiples influencias: de otros países ya avanzados en el campo comunicacional, de otras ciencias inquietas por un nuevo objeto de estudio, de asociaciones profesionales y/o de teóricos inquietos por algunas temáticas y líneas comunicativas, publicaciones culturales y lingüísticas.


Podemos diferenciar dos grandes etapas en la investigación comunicacional: la primera, casi en su totalidad desarrollada por profesionales de otras ciencias sociales y dándole la espalda, muchas veces, a la estructura universitaria de sus propias carreras que veía en los usos sociales de los medios de comunicación un tema menor para sus investigaciones tradicionales (3). La segunda etapa, íntimamente relacionada con la consolidación de las carreras de comunicación, que generó un nuevo estilo de investigación, a partir de sus tesis de grado, los trabajos de campo de sus cátedras y los proyectos de investigación por Facultades.


A partir de las investigaciones que surgen en las universidades nacionales con motivo de los “incentivos docentes”, muchos de los docentes graduados en Comunicación han quedado incorporados a la investigación. Es cierto que el número de “investigadores” que generan este tipo de programas no se traducen en producción teórica.(4) Muchas veces los proyectos de investigación tienen simplemente el objetivo de cumplir con horas en pos de un reconocimiento económico, que debiera estar reconocido por su labor docente.


A través de estas tres esferas (carreras, prácticas democratizadoras, líneas de investigación) pueden analizarse también otras variables que atraviesan, influyen e interpela a la conformación del campo comunicacional, entre las que propongo enfocar aquí:



Las miradas de otras ciencias sociales: los referentes históricos.


Las líneas de investigación que, desde el ámbito de las demás ciencias sociales, proyectan acercamientos al primer objeto de estudio de las ciencias de comunicación: los medios masivos. Así aparecen la Sociología de los medios, la Economía de la comunicación, la concepción de los medios en tanto nuevas instancias educativas, antropológicas, de conformación del espacio público, etc. Resulta imprescindible diferenciar aquí entre la comunicación como objeto (los medios masivos, las campañas políticas, las publicidades y otros fenómenos tildados como comunicacionales, pero abordados por cualquier ciencia) y la óptica comunicacional para abordar cualquier problemática (que es lo que conformaría una impronta comunicacional o desde las ciencias de la comunicación).


Sociólogos, politicólogos, antropólogos y otros cientistas sociales; filósofos, periodistas y lingüistas se han visto interpelados por la problemática de la comunicación en aquellos aspectos lindantes con sus propias formaciones y/o puntos de interés. Podemos hablar de distintas líneas académicas (plasmadas en prácticas docentes, de investigación y/o de producción de materiales comunicacionales) lideradas por teóricos, docentes, autores y/o investigadores que hicieron investigación comunicacional desde la impronta propia de sus formaciones de origen. Las trayectorias y trayectos de estos/as teóricos/as y sus equipos de trabajo (integrados, ahora sí, por comunicadores), así como sus saberes de otras ciencias, han sido una característica poco abordada en la conformación de los Estudios Comunicacionales.



Las corrientes de otros países que han anidado en nuestra formación y en nuestras prácticas. Conceptos y marcos tomados como referencia en las publicaciones e investigaciones argentinas, en especial en relación a otros países latinoamericanos. Las “modas teóricas” a las que hemos adscripto los comunicadores. En este sentido, basta con conocer los Programas de las materias teóricas o troncales en las Carreras de Comunicación, para armar claramente un itinerario. Se ve en ellos un cambio bien marcado: sociológico en un principio (y sociológico norteamericano, principalmente). Luego, una tendencia a la semiología europea, especialmente francesa e italiana. A partir de los debates sobre el NOMIC (5) la conformación de un campo de Teoría de la Dependencia Latinoamericana en Comunicación. Más tarde, en un esfuerzo por trascender el mediocentrismo consolidado en el campo, nuestra demanda da lugar al aporte de una orientación más bien antropológica y etnográfica. De Franckfurt a Birmingham, de Palo Alto a Bologna, nuestra identidad se ha teñido de una transposición (muchas veces lineal) de escuelas de otros países.



La comunicación de mercado: No se trata aquí de una moda teórica ni de autores, sino de una reactualizada aplicación de la comunicación como instrumento. En los inicios del funcionalismo comunicacional (los años ‘50 en USA) se hablaba de la comunicación -o mejor, del uso eficiente de los medios- como herramienta para persuadir a los ciudadanos. Desde su contracara teórica, encabezada por la Escuela de Frankfurt, hablaríamos de manipulación de los dominadores. Pero, más allá de la crítica ideológica, seguíamos enfrascados en el esquema emisor-todopoderoso-influyente-actor-generador / receptores-pasivos-influidos-respondedores inanimados.


Los medios son los instrumentos capaces de imponer, por sí mismos, sus contenidos. McLuhan y su «el medio es el mensaje» adquiere aquí un lugar central para justificar las posturas de uno y otro tinte ideológico.


En los años ‘90, en la Argentina, la euforia por la importación de nuevas tecnologías y la centralización en la escena pública del consumo como modo de acceso a la cultura, implican una vuelta teórica a esta visión instrumentalista.


Ha habido, entonces, por parte de las empresas y los grupos económicos un vuelco hacia la Comunicación como herramienta para resolver cuestiones relacionadas con la optimización de recursos humanos, la imagen corporativa y las ganancias surgidas del capital simbólico. Así, una proliferación de carreras en universidades privadas e institutos terciarios, la incorporación de tecnología y recursos comunicacionales a las escuelas medias, la solicitud de especialistas de comunicación empresarial, abren un nuevo círculo de actores al campo comunicacional.


La investigación mercadológica, ¿aplica las mismas variables que la investigación socio-cultural, académica o de las prácticas comunitarias? La finalidad y la aplicación de los resultados es contundente: mientras que en las primeras la orientación de objetivos sigue marcada por variables de lucro y rentabilidad, las segundas tienen a la comunicación no sólo como su modo de abordaje sino como su meta. La competencia de este tipo con las universidades privadas, pero, básicamente, el horizonte profesional en épocas de crisis ha logrado “derechizar” el campo.



Las políticas culturales y de medios: El reduccionismo de la comunicación a los medios masivos, la vocación universitaria de formar para los medios y para la producción discursiva de políticas de comunicación, ha jaqueado permanentemente la formación de comunicadores a la luz y al ritmo de los cambios que requerían los medios.


¿Cuánto recibió la formación académica del campo a través de los imperativos condicionados por aquello que hacían (o no debían hacer) los medios masivos? Propongo abordar la pregunta inversa: ¿Cuánto de lo que cambiaron los medios tiene relación con un cambio en las ciencias de la comunicación?


En la década del ’70, la militancia de los comunicadores proponían y exigían a los estados una Política Nacional de Comunicación. ¿Cuánto de las actuales políticas culturales, marcos regulatorios y legales del ámbito comunicacional han estado gerenciadas por los avances y las reflexiones académicas de la Comunicación como campo de estudios?



Los nuevos aportes: Se está construyendo un espacio de investigación y producción que podríamos llamar la Comunicación por Comunicadores.


¿Existe en los profesionales de la Comunicación una impronta tal que los diferencie de profesionales de otras áreas a la hora de diseñar propuestas de comunicación, a nivel privado, académico (docencia, extensión universitaria, investigación), o con vocación transformadora de la sociedad civil?


¿Por qué hablamos de la conformación del estatuto de lo comunicacional en nuestro país? Nos centramos en el estatuto, precisamente por evitar las definiciones. Mientras la definición estabiliza y anula el carácter histórico de los problemas sociales, el estatuto es una categoría que nos permite analizar la estabilización precaria pero históricamente concreta de materiales y prácticas. Frente a la cultura y a la comunicación, el problema no es cómo se las define sino cómo se las usa. ¿Cómo se ha usado la comunicación? O mejor, ¿cuáles han sido los usos sociales de las teorías comunicacionales, que permitan hablar hoy de Ciencias de la Comunicación?


En sus intentos de definición, la Comunicación ha pasado por tres prejuicios básicos. El primero tiene relación con la imprecisión de su objeto de estudio, que impuso operar un “recorte”. En esta instancia, claro está, los medios tuvieron un papel fundacional en el mapeo del campo. El mediocentrismo que ha derivado de esta operación, se transformó luego: dejó se der un objeto disciplinario delimitado al cual observar, para convertirse en un modo de abordaje o focalización de todas las problemáticas de lo social.


El segundo prejuicio consistió en integrar la comunicación en un conjunto más amplio. Esto significa que la comunicación debía explicarse “desde afuera”, a partir de otros campos teóricos. Es decir, una vez recortado el objeto, se esperó una legitimación externa para ese objeto recortado. Así aparecieron abordajes como la Sociología de la Comunicación; Economía de la Comunicación, etc., etc.


El tercer prejuicio, que mencionábamos ya en la Introducción de este trabajo, pasó a ser la generalización de lo comunicacional, bajo el axioma de “todo es comunicación”. Esta postura aparece enfrentando la premisa (muy sostenida desde la formación disciplinaria de grado) de la concepción de cultura y comunicación como “partes” de la sociedad. Sin embargo, la auténtica mirada superadora no pasa por la generalización o el recorte de lo comunicacional respecto de las otras ciencias sociales. Implica trascender la dualidad general/particular para centrarnos en un nuevo estatuto relacional, en términos de singularidad/integración. Es decir, acceder a la integración (o lo multi, trans e interdisciplinario) debemos abordar nuestra propia diferencia.


El desafío de la transdisciplinariedad en la comunicación implica hoy no una vuelta a la limitación del objeto sino la construcción de mediaciones y articulaciones que hacen a la especificidad del enfoque.



* Lic. en Comunicación Social (Diploma de Honor- UNLZ) – Postgrado en Semiótica y Antropología Cultural (Universitá di Bologna – Italia) – Master Practitioner en PNL – Doctoranda en Comunicación (UNLP).
Docente, investigadora y consultora en comunicación. Directora de la Tecnicatura en Comunicación de las Organizaciones (La Crujía). Autora de los libros: Teoría de la Comunicación. Herramientas para Descifrar la Comunicación Humana – La Crujía y Edit. Stella (2000 – reeditado 2001 y 2003); Develando los Secretos de la Música – junto a Daniel Zuker – Edit. Stella 2001; Aventuras para Pequeños Televidentes (ganador del Premio Fund TV – en imprenta), entre otros ensayos y artítulos en Publicaciones especializadas.





(1) A modo de ejemplo, bajo el nombre de Ciencias de la Información, la carrera de la Universidad Nacional de Córdoba (primera en el país) ha constituido uno de los centros de vanguardia en la producción teórica y el crecimiento de la Comunicación, precisamente distanciándola del modelo informacional que le dio origen.



(2) En la Universidad de Morón, la carrera convive con Informática, en Córdoba con Derecho, en Paraná con Ciencias de la Educación, por ejemplo.



(3) Esto sucedió con la carrera de Sociología y las de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, como bien relata Rivera (1986).



(4) Los objetivos de estos planes de incentivo aparecen claramente desarrollados en el trabajo de Juan Carlos Navarro (editor): ¿Quiénes son los maestros? Carreras en incentivos docentes en América Latina para el Banco Interamericano de Desarrollo (Washington, 2002). Si bien el trabajo no aborda específicamente la situación de la educación superior, expone claramente la versión oficial e hipodérmica que se centra en la búsqueda de un eficientismo pro-sistema.



(5) Nuevo Orden Mundial de la Comunciación y la Cultura, dentro del marco del planteo tercermundista por el nuevo orden económico ante la ONU. Al respecto puede verse: Un solo mundo. Voces Múltiples – Informe McBride – Fondo de Cultura Económica- México, 1993.

© 2015 RedRRPP - Todos los derechos reservados.

Erézcano 3360 PB 2 CABA - Tel: +54 (11) 1555959511
adigenova@redrrpp.com.ar

Diseño web
Grupo Deboss
Grupo Deboss