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Comunicación & Globalización

Webtrópolis: epítome de la sociedad contemporánea y la comunicación moderna

La virtualización relativa de la materialidad de la gran ciudad se traduce en nuevas formas de representación de la metrópoli contemporánea sobre la base de metáforas cibernéticas.

Craig Calhoun (3) afirma que el dominio público ya no reside en la ciudad sino que ha sido desplazado a los medios de comunicación masivos y se ha dispersado a través de las redes globales de la tecnología de la comunicación.

Por Antonio E. Di Génova(1)

Históricamente la ciudad, especialmente la gran ciudad, fue estudiada como un fenómeno físico, cultural, histórico, geográfico y sociológico, en este enfoque, un centro urbano era entendido como una estructura física compuesta por población, maquinaria y un orden «ecológico» que signaba la convivencia entre las partes.

Este sistema incluía organización social: estructura social, instituciones sociales y un esquema de  relaciones sociales. También se suponía que un conjunto de ideas, actitudes y comportamientos colectivos actuaban como mecanismo de control y como soporte de esta unidad.

El desarrollo de la movilidad del capital, en el escenario neo nihilista redujo la importancia de las limitaciones espaciales. La virtualización relativa de la materialidad de la gran ciudad se traduce en nuevas formas de representación de la metrópoli contemporánea sobre la base de metáforas cibernéticas.

A comienzos del siglo XX dos teorías bien definidas acerca de lo que debía ser la metrópoli comenzaron a tomar forma. Por un lado la ciudad moderna, cuya forma fue adquirida hacia fines del siglo XIX, en un calidoscopio de símbolos visuales; y por otro lado la ciudad modernista o del futuro: la utopía de la planificación urbana inspirada en una disciplina para el crecimiento que se diferenciaría de la ciudad moderna que crece concéntricamente y se expande sin ningún orden preestablecido. Los modernistas denominaron Palimpséptico a este modelo y sostenían que la metrópoli perfecta es más fácil de alcanzar si el mapa precede al territorio que representa: si la ciudad es desde su creación y durante toda su historia simplemente una proyección del mapa en el espacio y cada área funcional está cuidadosamente planificada desde antes de su creación, esto supondría una mayor comodidad y capacidad de control sobre sus habitantes. El arquitecto urbanista Oscar Niemeyer (2) tuvo la oportunidad única de llevar esto a la práctica, ya que le fue encargada la planificación desde sus cimientos de la nueva capital de Brasil. Brasilia fue el paraíso de la arquitectura moderna, por fin había aparecido la oportunidad de llevar a la práctica la ciudad modernista.

Sin embargo, esta planificación cuidadosa llevó a la ausencia de multitudes ya que la organización prevista originalmente disponía de un orden para que una supuesta «disfuncionalidad» de la ciudad moderna fuera evitado; calles semivacías y una monotonía insoportable pronto devinieron en un síndrome patológico que fue denominado como «brasilitis». Brasilia era perfecta para residentes imaginarios, identificarían la felicidad con la vida sin problemas, sin necesidad de elegir, sin amenazas, sin esperas, sin la latente posibilidad de riesgo o aventura; en la práctica resultó una pesadilla.

Descartado el modelo modernista las ciudades, gracias a la comunicación y el transporte, comenzaron a extenderse hacia lugares más apartados, por lo que el concepto de metrópoli ahora incluiría la ciudad, su periferia e inclusive áreas rurales. Lo que constituiría un nuevo modelo denominado exópoli.

Uno de los factores característicos de este fenómeno es el desmantelamiento del llamado «espacio público» al punto que la ciudad contemporánea ha cedido ese espacio, lo que en el futuro afectará sus raíces históricas y su identidad.

Durante mucho tiempo, el espacio urbano era característico de un sistema político. Las características de las ciudades históricas, tradicionalmente fueron determinadas por edificios con funciones públicas y al mismo tiempo reconocidos por la comunidad como espacios para la socialización y la interacción.

Con la globalización y su consiguiente capacidad de movilidad para los seres globales, la íntima relación entre comunidad, como anclada a un lugar, hoy durante las últimas dos décadas, según el sociólogo William Flanagan (3), la comunidad no es más un lugar sino el conjunto de lazos sociales, extraespaciales, que unen a ciertas personas como parte de un grupo.

Craig Calhoun (4) afirma que el dominio público ya no reside en la ciudad sino que ha sido desplazado a los medios de comunicación masivos y se ha dispersado a través de las redes globales de la tecnología de la comunicación.

En la actualidad, los centros de las grandes ciudades son sólo el simulacro de lo que anteriormente había sido esa metrópoli. Sólo conviven en esos lugares museos, lugares turísticos y todos los exponentes posibles de la globalización. Son lugares donde la gente ya no vive, sino que accede -virtualmente en muchos casos- para la realización de determinadas funciones.

Las instancias más extremas y más claramente visibles de la dicotomía entre el simulacro y lo real están dadas por aquellas áreas que se encuentran físicamente separadas de otras. La tendencia hacia esta separación material entre partes de la población metropolitana es tal que ha traído a la palestra nuevamente el tema de la segregación.

A pesar del desarrollo cada vez mayor de la exópoli, a través de los medios se impone cada vez más un estilo de vida urbano. Este estilo emerge en una matriz semiótica de simbolización cuyos códigos y signos encuentran su vehículo o su canal más propicio en la publicidad, que determina nuevas necesidades de consumo para ambos estilos (la exópoli y el urbano)

Esta matriz de signos hiperrealístas se vuelve a veces tan evidente que forma incluso parte del fenómeno de hipertextualidad. Neo, el personaje principal de «The matrix», película insigne de la hiperrealidad, en determinado momento toma en sus manos un libro en el que se puede leer claramente Jean Baudrillard.

La ciudad en muchos sentidos continúa siendo una referencia metonímica del simulacro. El poder de las imágenes de las ciudades es tal que en la actualidad se han convertido en populares escenografías para programas de noticias o talkshow, ya sea en forma replicada o en vivo. El programa de Susana Giménez, uno de los de mayor audiencia de nuestro país tuvo, durante años como escenografía de fondo, una gigantografía de la ciudad de Nueva York.  Cada vez son más los noticieros que ubican a un conductor frente a una ventana para poder transmitir en vivo lo que ocurre en la ciudad detrás.

Por lo que hemos visto, la generalizada y transmetropolitana fantasmagoría hoy se constituye en leit motiv de la cultura hiperrealista. La ciudad es el eje de la mayoría de las canciones pop y de la infinita fascinación de los medios audiovisuales. Persiste hoy como epítome de lo deseable a pesar de que las tendencias en urbanización marchen hacia lo contrario. Las «imágenes de lo real» siguen teniendo lugar en la ciudad.


(1)  Artículo basado en el Capítulo 4 del libro Global PR®: Un nuevo modelo en Relaciones Públicas de Antonio y María Di Génova. Editorial Dunken. 2007. Bs. As.

(2) Arquitecto brasileño. Nació en Río de Janeiro y después de graduarse por la universidad de Brasil en 1935, Niemeyer trabajó con Le Corbusier en los innovadores planos para el ministerio de Educación y Salud de Río de Janeiro (1936). En 1939 realizó el Pabellón brasileño para la feria mundial de Nueva York y en 1943 la residencia Peixoto. A finales de esta década se le encargó realizar en el suburbio de Belo Horizonte el teatro municipal (1946) y el edificio del gobernador. Otro de sus trabajos es la polémica iglesia de San Francisco, tan radical en su estructura que su consagración se pospuso 16 años después de su finalización en 1959. Su reputación internacional le viene de su audacia e imaginación. Su obra tiene un carácter ambiental de gran fuerza, ya que Niemeyer busca adaptar los edificios a las condiciones del medio ambiente, al hacer convivir grandes volúmenes con espacios vacíos de manera inusual. Otra característica de sus edificios es que se elevan sobre pilotes de acero y hormigón. En la década de 1950 fue el arquitecto organizador de los edificios oficiales de la ciudad de Brasilia. A partir de 1960 ha trabajado indistintamente en su país y en el extranjero, realizando diversos conjuntos arquitectónicos en Alemania, Gran Bretaña, Italia, Argelia o Francia, entre otros países.

(3) Flanagan, William, G., 1993, Cap. 5 «Agency, structure, and urban sociology» en Contemporary Urban Sociology, Cambridge University, Cambridge University Press, New York.

(4) Craig Calhoun es profesor de Ciencias Sociales en la New York University, director del Institute for Public Knowledge y presidente, desde el año 1999, del Social Science Research Council, prestigioso instituto de investigación de sociología con sede en la misma ciudad. Sus principales áreas de investigación son el nacionalismo, el espacio público y las transformaciones que el proceso de globalización ha comportado en la vinculación del individuo con su entorno. Es autor de libros como Critical Social Theory: Culture, History and The Challenge of Difference (Basil Blackwell, 1995); Nationalism (University of Minnesota Press, 1997); Nations Matter: Citizenship, Solidarity, and the Cosmopolitan Dream (Routledge, 2007). Ha publicado en prensa algunos artículos como: Roots of Radicalism: Tradition, the Public Sphere, and Early 19th Century Social Movements (University of Chicago Press) y Cosmopolitanism and Belonging (Routledge).

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