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Comunicación




UTOPIA DE LA COMUNICACION


El estudio de las relaciones entre Comunicación y Democracia es un problema complejo, paradójico e insoluble.
Más que un binomio para la integración se plantea, convencionalmente, como un sistema abierto a la contradicción terminológica entre ambos términos.
La democracia se «adjetiva» mientras que la comunicación se «sustantiviza».
La comunicación remite a lo democrático y la democracia aspira a calificar la comunicación. Uno y otro terminan así por reducir el trasfondo de las discusiones del campo académico, del poder político y del «Tercer Estado» en la configuración del proyecto de la sociedad informacional.
Politólogos, comunicadores, representantes de la sociedad civil y del Estado apuntan a la comunicación en demanda de mayor transparencia y pluralismo, pero en todos los casos este señalamiento se hace tópicamente. Al hablar de Comunicación y Democracia la discusión termina por ser más recurrente que generativa, más actual que proyectiva y más redundante que propositiva.
Por Dr. Francisco Sierra Caballero
Universidad Complutense de Madrid
Cuando hablamos de la sociedad del conocimiento ignoramos el doble sentido de la palabra información, negando el poder negativo de la neguentropía para subsumir la palabra información en la acepción «informarse de», pero nunca como «dar forma a». Pues esta última definición remite a la naturaleza dialéctica de lo social, y el hombre, como concluyera Levi-Strauss, siempre necesita de mitos que, en forma redundante, hagan normativizable, y por tanto previsible, el riesgo y el azar. La técnica, recuerda Ibáñez, busca siempre protegernos contra el azar : «mediante la técnica evitamos la exposición al azar, producimos un ámbito en el que todo es previsible. Sólo la técnica (para el animal neotécnico que somos cada uno de los seres humanos) evita el riesgo de perecer : riesgo es un perfil espacial o temporal irregular (…) perecer es salir «(1). Por ello, el techo nos cubre, el tejido nos abriga y el texto nos envuelve en su lectura. El hombre cierra el espacio abierto (casa-domo-dominio), hace discontinuo y distingue el modo indiferente del cuerpo tejiendo la red que lo pierde de los otros cuerpos (moda), y cierra con cuentas y cuentos el texto abierto de la realidad (discurso).

Como señala Vattimo, la técnica es la liberación de la humanidad; la sustitución del pensamiento por el cálculo, de los cuentos por las cuentas, más allá de la metafísica, del peligro y del azar. La positivación de lo real excluye, por eso, al sujeto del manejo de los objetos. Es más, en el mundo tecnificado sólo existen objetos. Siendo el sujeto una forma de subjetividad escindida de la realidad y de los objetos. Ahora bien, en el contexto actual de una sociedad de segundo orden y del dominio de una organización sistémica regulada por la complejidad y la incertidumbre, el orde social obliga al sujeto a ser sujeto y al objeto reservarse su singularidad. De tal moso que la técnica deja de ser «sedentaria» – deja de reducir al sujeto a una pura forma y al objeto a una pura materia – para convertirse en nómada – comunica las singularidades del sujeto y del objeto – . De hecho, la tendencia del diseño de las nuevas tecnologías de la información es cada vez más nómada e itinerante. Como apunta Patrice Flichy, » la comunicación móvil constituye el punto de llegada de una transformación de largo alcance del espacio público y del espacio privado. El espacio privado se ha convertido en el lugar principal de ocio, de consumo de la música y de espectàculos (…) Pero el repliegue en el espacio privado no significa la desaparición del espacio público (…) La evolución social actual es, sin duda, no tanto la de la hipertrofia del espacio privado (que se escindiría en mocroespacios individuales) como quizás de una movilización de espacios privados en el seno de un espacio público remodelado en el que el individuo está en cada instante aquí y en otra parte, sólo y unido a los otros (…) Asistimos a la superposición de dos sociabilidades : una inmediata ( a menundo atrofiada ) y otra mediatizada «(2). El consumo se convierte así en una forma privativa de relación. Por eso el hogar es «constantemente revalidado como la unidad donde están destinados a convertirse en prioridad con exclusiva esos soportes de una nueva revolución social » (3).

Lo paradójico, sin embargo, es que » el capitalismo nos ha ido despojando – sin prisas pero sin pausas – de nuestra intimidad : nos ha arrancado el techo, el tejido y el texto, nos ha dejado sin protección ( porque se reserva el manejo de toda la técnica ). Ahora somos como partículas cuyos comportamientos son movimientos brownianos : perpetuamente ex-puestos ( sin puesto : sin centro y sin cobijo). Todo poder consiste en reservarse el azar y atribuir la norma : ahora que somos enteramente libres (…) estamos enteramente sometidos al poder, somos enteramente acoplables a cualesquiera de sus terminales de producción o consumo » (4).

Esta es, justamente, la contradicción en la que se sitúa la encrucijada de la sociedad tecnológica. Este es el contexto que otorga sentido de fondo al debate que se pretende clarificador en las relaciones Comunicación/Democracia. Y es que pensamos domésticamente cuando orden social nos dicta un movimiento nómada de constante cambio científico y tecnológico. En el capitalismo de consumo domina la lógica de circulación. Sin embargo, discursivamente, los investigadores en comunicación nos situamos en la mirada lineal y moderna del progreso en la conceptualización de la democratización de las comunicaciones. Tradicionalmente, » la historia es el dominio de la línea recta, de la recta ascendente. Comienza con la acumulación : acumulación de objetos como Capital, acumulación de sujetos como Estado y acumulación de mensajes como Escritura. Y, en consecuencia, acumulación de tiempo como Historia. El origen de la historia es el origen de la producción (antes hay prehistoria), el fin es el fin de la producción (después hay poshistoria). O, como ahora se dice, a la modernidad sucede la postmodernidad » :

» La posmodernidad es el dominio de la circunferencia – de la circulación. Producción y consumo son sólo coartadas, los necesarios in-put y out-put para que la circulación se mantenga. Baudrillard habla del fin de la producción : es decir, el fin de la producción de lo nuevo. El proceso capitalista va hacia la circulación : en el colonialismo el capital captura personas y cosas – deducción, en el capitalismo de producción y acumulación las transforma (la da forma) – producción – , en el capitalismo de consumo las hace circular – traducción – » (5).

En la actual etapa de desarrollo social tardocapitalista la economía es sobre todo una economía de circulación (financiarización). Todo lo sólido se hace más fluído (liquidez), incluído nuestro territorio y nosotros mismos, convertidos a fuerza en seres itinerantes (agenda electrónica, ordenador portátil, teléfono móvil, . . . ) para garantizar también una mayor circulación como mercancía. Frente a la producción y el consumo, el eterno retorno de la circulación de bienes, servicios y mensajes nos hace perder, a fuerza de movimiento, el sentido mismo de la dirección. Si bien en la producción y en el consumo el destino de los productos aparece marcado por el sentido de la acción, en la fase tardocapitalista de circulación acelerada de bienes y servicios no hay dirección ni sentido posible. Todo es autorreferente, y el mundo in-habitable, porque no hay tiempo para trabar hábitos pues la condición de la lógica capitalista que garantiza la reproducción circulante es justamente cambiar constantemente de posición y de diferencia :

«Ahora, el concepto de identidad es sustituído por el de diferencia. Para Vattimo, sujeto y objeto se pierden en el intercambio – se transforman en valor – (…) La historia no tiene sentido, y no va a ninguna parte. Al concepto de novedad se opone el concepto nietzscheano de eterno retorno de lo mismo. Y el pensamiento se transforma en cálculo» (6).

El modelo de representación de este orden es el laberinto, ya no el sistema panóptico de Bentham, que diseccionara Foucault. Como consecuencia, se impone una epistemología de la red. Hoy la nueva sociedad reflexiva es una red, un laberinto reticular que no va a ninguna parte, pese a lo que insistan en reseñar los futurólogos de la civilización tecnológica. Esta es precisamente la problemática y la paradoja actual de la telaraña electrónica y el marco real de la compleja democratización de las comunicaciones.

Plantear pues el problema de la democracia en la civilización tecnológica y comprender el sentido de la ciencia y la técnica como recursos informacionales en la estructuración de los mundos de vida y lo social exige renunciar al campo más corto, y por lo tanto sin salida, de la línea recta (producción) para ahondar en la red del laberinto que nos conforma y da consistencia a nuestros pensamientos, renunciando a la protección de la casa, el tejido y el texto para abordar directamente la realidad compleja de la era de la información en un ejercicio prospectivo que desmitifique la topología imaginaria de los caminos trillados con el fin de proyectar otros caminos posibles, no comunes ni reales sino u-tópicos.

El cometido del presente artículo se limita tan sólo a señalar algunas líneas de fuga que deberían seguirse en el desarrollo del debate limitadamente acotado por los tópicos comunes de un orden ya superado.


TOPICO 1 : LA TEORIA COMO APORIA.

El desarrollo histórico de la Teoría de la Comunicación ha venido oscilando entre el afán totalizador que se pretende unitario en el proyecto de convergencia de todas las ciencias y la perspectiva mediocéntrica determinante que orienta el estudio de la comunicación como un campo acotado el fenómeno de las industrias culturales. En el primer caso, la tendencia totalizadora ha resultado desmesurada, perdiéndose toda medida y referencia del objeto. En el segundo caso, el estudio de la comunicación ha venido debatiéndose entre el funcionalismo – de izquierda y de derecha – y el culturalismo. Esta última perspectiva ha sido quizás la más productiva en el estudio de la comunicación , pues ha sido capaz de vincular el esdudio de la cultura de masas en el marco general de la producción y reproducción cultural y simbólica enlazando las investigaciones sobre los efectos con el problema del consumo y , en última instancia, del cambio social. La Escuela Británica de los estudios culturales ha representado, en este sentido, un avance sustancial de la investigación en comunicación, orientando en una perspectiva globalizadora la mirada lineal, funcionalista y positivista del empirismo acrítico desarrollado en los estudios comunicológicos por la Mass Communication Research. El paradigma interpretativo o cultural ha desembocado , sin embargo, en los últimos años, en un empirismo igualmente acriticista en la evolución de la teoría social de la comunicación. Del proyecto integrador de Williams et al., sólo queda la denominación de origen, pues los estudios culturales se han centrado en el único fin de describir eclécticamente la cultura informativa en una forma subrepticia de reivindicación de la «democracia semiótica».

La teoría es hoy, de hecho, uno de los primeros obstáculos para avanzar en el problema de la democratización de la comunicación. Pues, por lo general, su orientación del objeto de estudio sigue anclada en un «modelo de recepción» , por la obsesión descriptiva de las formas de consumo y cultura popular, validando la ideología conservadora de la posmodernidad a través de una apología encubierta de la cultura de masas. Los estudios culturales tan en boga en Estados Unidos no sólo han renunciado al análisis político-económico de las instancias producturas de información, sino que además han borrado de su agenda las variables de clase y el concepto de ideología, reduciéndose éste a la pluralidad de voces en una interpretación relativista que termina por remplazar la realidad por su manifestación en forma conceptual, pues la diversidad de la audiencia se equipara a la pluralidad absoluta de la codificación más allá, o independientemente, del texto, las construcciones del discurso y el contexto histórico-cultural de determinación, por las instancias emisoras del proceso de comunicación. Pues el poder se evapora, desparece metodológicamente como objeto de conocimiento . . . La teoría social de la comunicación es hoy predominantemente doméstica y vive un proceso de desarrollo domesticado. Retorna al individualismo metodológico y al empirismo acrítico para acabar afirmando la soberanía interpretativa del receptor.

Si el topos de este tipo de investigación es el domicilio, el método y fundamentación teórica de su programa de investigación es el discurso de la posmodernidad y su relativismo extremo, perspectivas constructivistas al margen. Y ello en un momento de intensificación de la concentración mediática y de reforzamiento ideológico del poder comunicacional instituido que se manifiesta a nivel de géneros, textos y contextos de la comunicación. No ya la Economía Política de la Comunicación está al margen de los intereses investigadores, sino que además la investigación predominante de este paradigma culturalista renuncia a distinguir en el análisis de la comunicación las estrategias ideológicas de desplazamiento y ocultación del carácter de clase del sistema comunicativo y de la dispersión y ubicuidad de poderes en la instancia imaginaria que constituye hoy a los sujetos en el proceso de comunicación.

Como planteara Hall, la dominación de clase parece cada día dispersarse en una miríada de deseos y opiniones individuales y de poderes separados. La teoría social de la comunicación dominante se limita a ejercitarse como aporía de esta reificación del imaginario sociológico y cultural, certificando la ilusión de la diversidad para perder de vista los esfuerzos de comprensión totalizadora en una fragmentación de consenso que valida la lógica del marketing y lo que hemos acordado en criticar como «discurso publicitario». La cuestión por tanto es saber si la teoría deja de reproducir este orden y se atreve a ser menos tópica para ser productiva, preguntándose sobre los cambios de la sociedad tecnológica. Pues la comunicación total sólo es comprensible abordando las diferencias conjuntamente con la representación que se da en las formas dominantes de uso de la comunicación. El problema del posmodernismo cultural hasta la fecha es que no es consciente de su autorreferencialidad pues, por principio, se trata de un discurso tautológico que elude preguntarse sobre el fundamento ideológico que sustenta su programa de investigación quizás en parte debido a la asunción implícita de la ideología tardocapitalista de la «sociedad de la información».

TOPICO 2 : TAUTISMO COMO DETERMINISMO.

El nivel técnico es el espacio de convergencia en el que la discusión sobre la democracia en la sociedad del conocimiento concatena todos sus discursos y análisis en torno al futuro desarrollo de los modernos sistemas y tecnológicos de la información. La razón instrumental de lo tecnológico establece el marco cerrado de discusión pública respecto a las necesidades de democracia, y sitúa a los investigadores sobre las modalidades de centramiento y decentralización del sujeto de la comunicación. Los trabajos futuristas de autores como Alvin Toffler han venido popularizando el concepto de sociedad informacional como un modelo de organización basado en la función dinamizadora de las tecnologías informativas, remplazando la idea clásica de la industria de la producción por la del conocimiento en el horizonte de la consecución de «una sociedad más «juiciosa, sensata y democrática».

El factor tecnológico va a condensar de este modo los viejos y ancestrales mitos de la ideología del progreso, concentrando las visiones de un mundo integrado eficazmente en razón de la ciencia y la tecnología. A tal punto que los apologetas de la nueva civilización tecnológica depositan todas sus esperanzas de cambio y desarrollo social en el poder transformador de las nuevas tecnologías. El contenido de toda revolución social queda subsumido así por el poder movilizador de la técnica. Son las nuevas tecnologías las que cambiarán radicalmente el mundo del trabajo, el estudio , la cultura, el ocio y hasta la forma misma del saber y del conocimiento.

La mistificación tecnológica de este final de milenio pretende agotar, en consecuencia, el sentido y referencia de lo social en la función instrumentalizada de las nuevas tecnologías de la información, al margen de las relaciones sociales que subyacen a su producción, uso y circulación comercial. Ahora bien, un análisis histórico de la genealogía de la comunicación que sitúe en su contexto social las transformaciones culturales en que han venido operando los medios y las nuevas tecnologías revela de manera ejemplar, como ha demostrado Mattelart, el verdadero sentido político del uso y aplicaciones de las nuevas tecnologías de la información al servicio de un proyecto social que precisamente concibe la comunicación como dominio. Es por eso que » la ideología contemporánea de la comunicación que ha inundado a nuestras sociedades se caracteriza por lo efímero, el olvido de la historia y del por qué de los objetos y de su conjunto social» (7). Para que un orden social sea eficaz en su dominio, debe evitar que se perciba el hecho del dominio mismo. Quizás por ello el actual desarrollo del pensamiento tecnologista es coherente con el discurso social de la globalización que, como tópico, está en la mente, el discurso y el habla de todos los grupos sociales. La globalización es pues, antes que nada, un metarrelato ideológico que nos sitúa ante un presente-futuro que está al alcance , que ya forma parte nuestro, que está aquí y ha venido a quedarse sin que nada ni nadie pueda cambiarlo en cuanto realidad objetiva.

La técnica y lo social mantienen relaciones de interdependencia. Los sistemas de comunicación no tienen la posibilidad de librarse de las relaciones sociales. Sin embargo, es muy común que los defensores de la sociedad de la información oculten el sistema de relaciones sociales que determina su uso significado social para hacer apología de las tecnologías de la información como instrumentos de libertad (Sola Pool), democracia (Negroponte) y bienestar (Daniel Bell). La defensa de la técnica acaba así legitimándose a sí misma como única razón de peso, complementariamente a la defensa de la lógica del canal como estrategia instrumental de la nueva racionalidad emergente. De tal modo que lo que Sfez denomina «tautismo» termina siendo la mera forma del determinismo ideológico que valida el desarrollo tardocapitalista teórica y prácticamente.

Los efectos colaterales, los costes sociales que acompañan la implantación de las nuevas tecnologías son males menores inevitables. El uso de la tecnología se define y conceptualiza sólo por las características técnicodiscursivas del propio medio. La democracia es consustancial al cambio tecnológico. Los actores de la comunicación sólo deben creerse libres, porque la tecnología permite en verdad incidir en el cambio de las relaciones sociales. Luego la democracia es una cuestión de ingeniería y de soportes : se pierde el contenido para afirmar el continente. En otras palabras, el tautismo es la forma reificada de la forma que se presenta como comunicación democrática, una variante pues del nuevo determinismo tecnológico y social.

TOPICO 3 : COMUNICACION Y PRODUCCION. DEMOCRACIA Y ERA POSTINDUSTRIAL.

El carácter ideológico de las discusiones en materia de comunicación y democracia a la luz del proceso globalizador se manifiesta en el ámbito de la producción material. La llamada economía de servicios o economía de la información se nos presenta hoy como la prueba fehaciente que revela la construcción de un orden social perceptible en el que ya no existirá la producción, ni las penosas tareas de trabajo humano , por tender la organización social a un modelo de organización económica basada en la imaginación y creatividad humanas.

La nueva visión mercantilista que remite a lo social y lo comunicativo como espacios de producción ha favorecido un modelo de desarrollo económico dominado por las industrias culturales y el monopolio y oligopolio cultural en torno al capital financiero, legitimado a nivel discursivo por la supuesta potencialidad emancipadora de la economía de la información, pues lo informativo, el capital simbólico, es susceptible de distribución equitativa y apropiación social, según defienden los apologetas de la sociedad de la información. Por supuesto no tienen en cuenta la lucha de clases y las contradicciones en la convertibilidad del capital simbólico por capital económico, ni el carácter descapitalizado de la información accesible por las clases dominadas , así como el reforzamiento del poder económico y la descualificación del poder simbólico que apunta críticamente Bourdieu .

La naturaleza del libre mercado que convoca voluntades y moviliza adhesiones enla configuración de la nueva hegemonía transnacional se reduce a la lógica monopolizadora que determinan los conglomerados multimedia. Lo que conocemos hoy como mercado tiende por su propia lógica interna al oligopolio y monopolio informativo. Y todo monopolio u oligopolio es regresivo socialmente pues, como advirtiera en los ochenta el Informe MacBride, es el causante de una enfermedad del sistema nervioso de la sociedad que produce diversos fracasos culturales, al debilitar la opinión pública y toda posibilidad de control democrático por parte de la sociedad. Tomando en cuenta el contexto general de desregulación económica, la política de desarrollo, la innovación científica y tecnológica y la apertura a la competitividad de esta economía de la información ha traído hasta la fecha una progresiva y fragmentadora privatización de los espacios de la industria, la cultura y la vida cotidiana. El sector público ha sido desplazado en sus funciones para convertirse en proveedora de recursos económicos de los fondos públicos a las corporaciones transnacionales (privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas) en perjuicio de la democracia económica y la igualdad informativa. Pues la ausencia de control sobre los medios y la privatización de los bienes informativos consiste básicamente – como explica Schiller – en una reasignación de recursos de toda la economía, del conjunto de la población a los usuarios corporativos, prevaleciendo el principio del mercado :

«Esto determina quién los recibirá y quién será excluido de los beneficios de una economía lubricada por la información (…) Transformar la información en una mercancía en venta, disponible sólo para quienes la puedan pagar, cambia la meta del acceso a la información , de ser una igualdad pasa a ser un privilegio»(. En efecto, el problema de la desigualdad y , más allá aún, de la posición en las relaciones de producción es el agujero negro de la economía informacional. Pues, en última instancia, este discurso del «postindustrialismo» lo que propone es la negación de la producción, la fetichización de la información como variable independiente del cambio social y , a partir de ello, la negación de las relaciones de producción. La economía de la información vuelve así a refundir el mito liberal del progreso y la formalización jurídica y política de la tríada «libertad, igualdad y fraternidad» con el regreso del sujeto, individuo informado e informante, como eje del nuevo orden económico y social, cada día más amenazado por el avance de la propia lógica de acumulación capitalista. De tal modo que el pensamiento tópico en torno a la comunicación y la democracia finca en las nuevas relaciones económicas que introduce la revolución científico-técnica el proyecto emancipador del capitalismo, negando el modo de producción y la relación capital-trabajo que lo constituye, en el preciso momento en que justamente esta relación se ha venido desequilibrando fuertemente en favor del primero ( desmantelamiento del Estado de Bienestar ).

Así, si en el ámbito de la cultura se reivindica la democracia y el pluralismo semiótico y hasta la indeterminación en general, en la economía de la información se vuelve al tradicional sofisma de la soberanía del consumidor : la democracia cultural se asegura como un hecho, la igualdad de oportunidades y la democracia económica también. La era de la información es la era del acceso universalizado, todos podemos participar por igual en la red. Fácil tautología de un empirismo ramplón . . . Ahora bien, ¿ por qué incomoda tanto el análisis de la economía política de la comunicación a los defensores del nuevo orden económico ?; ¿ por qué en su sentido común e imaginario social del futuro inminente desaparece o se elude paradójicamente el principio de propiedad ? ; ¿ qué es lo que se silencia y no nos dicen en su discurso sobre la economía informacional ?.

Por mínima que sea la suspicacia del investigador parece obvio que tales interrogantes aconsejan tomar nuevos rumbos en el estudio de la comunicación, más allá del razonamiento realista, si de verdad asumimos como propio un proyecto radical de democratización. Pues, de lo contrario, en el sentido de los nuevos intelectuales orgánicos del capital, la democracia quedaría limitada a un problema de distribución, cuando en realidad el problema de la comunicación y la democracia es un problema sobre todo de producción y propiedad. La diferencia es más que sustantiva, como puede apreciar el lector.

TOPICO 4 : SOCIEDAD RED Y AUTODETERMINACION.

La imagen deseada y difundida de una economía de la información basada en la igualdad y la libertad del pensamiento, la comunicación y el conocimiento es una proyección discursiva del metarrelato de la globalización que se fundamenta en el modelo tópico de la sociedad red. El nuevo populismo capitalista de un orden representado como un laberinto ubicuo, diagramático y horizontal es una condición política para lograr la valorización del capital en el proceso de capilarización de las redes económicas enla sociedad y la cultura, en el paso necesario del modelo de producción del obrero masa al obrero social (T. Negri). La economía es posindustrial y la sociedad posmoderna : la separación Estado/Sociedad, Sociedad/Mercado, Cultura/Economía, Educación/Industria, Local/Global, . . . es hoy constantemente superada para favorecer la utopía de una integración sinergética y un espacio abierto organizado reticularmente , con el fin de permitir, según el discurso dominante, la autodeterminación de individuos y grupos sociales en pos de un mayor bienestar y desarrollo. Los conceptos de «sociedad posindustrial», «revolución tecnológica», «aldea global», «fin de la historia» y tantos otros términos, puestos en circulación a partir de la década de los sesenta, constituyen hoy acepciones comunes del nuevo léxico que intenta describir esta tendencia actual que todos, quizás por comodidad analítica, hemos acordado denominar, sin comprender aún lo suficiente, proceso de globalización. Hablar de economía-mundo, aldea global, relaciones interdependientes o cualquier otra idea que expresa este fenómeno en los medios , en los discursos oficiales y en el propio lenguaje de la comunicación y la mercadotecnia termina por favorecer que cada día resulte menos claro de qué proceso estamos hablando cuando nos referimos al fenómeno de la globalización, resultando a tal punto confusa esta nueva y revolucionaria tendencia, que el efecto comienza a ser percibido como la causa del origen de estas megatendencias sociales. Sucede en la actualidad con frecuencia que , cuando se difunden algunos de estos conceptos, el oscurantismo mixtificador dominante reduce, de manera manifiesta, toda voluntada clarificadora, para simplificar el concepto de globalización en el aura omnicomprensivo y totalizante de la ideología tecnocrática, deada la complacencia linealmente uniforme del pensamiento tópico, que, lejos de obtener respuestas, aplaza indefinidamente toda reflexión a la mera enunciación de los mismos interrogantes que suscita el proceso de transformaciones en curso, en virtud de la inercia de los hechos consumados.

Cuál es el contenido real de los cambios, qué sentido adquiere en la etapa de transición actual, qué modelo de sociedad se proyecta en la aldea macluhiana, son cuestiones con frecuencia banalizadas, que ocultan bajo el dominio de la razón abstracta y el individualismo metodológico, los intereses inconfesables de este discurso, diseñado tecnocráticamente frente a cualquier posible proyecto de racionalidad comunicativa, por mor del prurito acriticista del posmodernismo conservador. Los mitos están por tanto a la orden del día. La interpretación dominante identifica, por ejemplo, la globalización con la esperanza universal de democratización, atribuyendo a la transmisión de la comunicación el factor explicativo de la apertura supranacional de los Estados. En la actual búsqueda de una comunicación global, se evita la cuestión de las posibles y reales diferencias entre estar o no conectado a las redes de información. Quién necesita el servicio y para qué, es decir, el valor de uso de los nuevos medios es habitualmente observado en el análisis por una economía de la información basada en la lógica instrumental del valor de cambio. Aunque el sector de las telecomunicaciones se caracteriza en la actualidad por rápidos avances en la renovación de equipos y contenidos, que buscan ante todo lograr una comunicación a nivel global, instantánea y de acceso universalizado, sólo algunos agentes sociales tienen disponibilidad de acceso y conectividad a la red. La actual revolución de las comunicaciones vendría representando, en consecuencia, la deseada universalización del conocimiento y , de paso, el acceso a la justicia y la paz mundiales mediante el crecimiento y desarrollo mental del individuo, más allá de los proyectos de salvación colectiva, sólo a nivel imaginario.

Pese a que hoy se identifica la fuerza de lo tecnológico y el poder de las tecnologías del espíritu a ella asociadas como el eje estructurante de lo que se entiende es un nuevo orden social , en realidad la interconectividad hombre-máquina constituye meramente un nuevo argumento del único futuro deseable que se puede pensar, obviando, por supuesto, el papel represivo y de control que desempeñan las máquinas administrativas y sociales extendidas en las nuevas redes. Claro, estos efectos colaterales no son asumidos como consecuencia del modelo social que subyace a la propuesta de la economía de la información. En las palabras de autores como Negroponte o Bell, el futuro es otro muy distinto en la era poscapitalista de la red : más allá del bien y del mal Por ejemplo, si aceptamos que la educación y el conocimiento, dado su carácter universal , son susceptibles de un uso igualitario, las nuevas tecnologías de la información pueden favorecer fácilmente estrategias de desarrollo que saquen del atraso a los países pobres. La inversión en políticas de I+D pueden garantizar soluciones locales en la medida que resuelven directamente los problemas económicos. La ciudad cableada es, de hecho, la utopía tecnológica que diseña un ambiente ideal para la evolución de productos y servicios de la nueva economía de la información (9). Más aún, el poder ubicuo de las telecomunicaciones y la distribución reticular de la información por las redes que distribuyen la inteligencia y el conocimiento se nos presentan hoy como la prueba sintomática que auncia el establecimiento de nuevas relaciones socioeconómicas y vivenciales. Las nuevas redes, dicen, va a ser vehículo de nuevos contenidos y espacio virtual de nuevos diálogos. El mito, o coartada, de la sociedad interactiva condensa la utopía bienhechora del futuro teconológico que nos hará libres, ofrece los marcos ideales de socialización, establece formas virtuales de relación social, anuncia el futuro soñado de libertad, igualdad y fraternidad e incluso nos promete y asegura el bienestar económico de las naciones, al favorecer la mayor autonomía y una margen más amplio de intervención económica en el mundo a través de la conexión a las redes globales.

Se dice, y con fe se cree, que la transnacionalización económica favorece un entorno favorable al progreso de estos países con el solo hecho de establecer puntos de conextión a la red global. El acceso en tiempo real de la información y la posibilidad de acceso a bases de datos para la toma de decisiones en las políticas comerciales garantizan a cualquier país, economía o región una mayor competitividad en el mercado sabiendo utilizar inteligentemente esta información. El modelo de empresa actual identifica en las nuevas tecnologías de la información el factor esencial del proceso productivo en las estrategias de valor agregado. La idea rectora de la nueva economía de la información es justamente que las telecomunicaciones se han configurado como la infraestructura estratégica sobre la que circulará la competitividad de la economía productiva del mañana.

Ahora bien, la pretendida conectividad de los mercados a través del poder dinámico y flexible de las redes de telecomunicaciones no están favoreciendo la globalización y liberalización económica que se pregona a los cuatro vientos. Más bien al contrario, los operadores de telecomunicaciones, en el proceso de financiarización de la economía, lo que están favoreciendo es la conformación de grandes monopolios. Y, por ende, unmodelo de sociedad dual que orienta el desarrollo tecnológico según los criterios exclusivos de rentabilidad. Prueba evidente de este economicismo es la aceptación casi unánime entre los expertos en telecomunicaciones de que, por ejemplo, la Rede Digital de Servicios Integrados (RDSI), cuya arquitectura de red inteligente e interface de fibra óptica se viene implantando, se desarrolla según el ritmo e interés del mercado y la capacidad inversora de los operadores.

Así, la modernización de la infraestructura de comunicación de todos los países del mundo representa una oportunidad única para crear una extensa red de telecomunicaciones soportada por las nuevas tecnologías emergentes, que estimulará el desarrollo de la industria con nuevos servicios y la capacidad de movilización de trabajadores, mensajes y productos. Los profetas de la nueva sociedad de la información anuncian que en un futuro próximo será común el trabajo en equipo a distancia a través de complejos soportes informáticos. Pero olvidan la cuestión central del control de las nuevas tecnologías.

La extensión de la red no asegura, como se proclama en el caso de Internet, el disfrute universal de servicios y beneficios económicos y culturales. Servicios como el correo electrónico, la transferencia de archivos, el acceso remoto, la consulta de base de datos y fondos de bibliotecas o las propias redes académicas con que cuenta Internet han sido la base para que algunos autores afirmen la realización de la utopía macluhiana al margen de los intereses sociales. Internet, se dice, no es propiedad de nadie. Es una comunidad totalmente democrática que funciona por el consenso de múltiples intereses y actores sociales.

Sin embargo, cuando se dice que un sistemas es universal e interactivo cabe preguntarse antes que nada » cómo se van a aprovechar estas propiedades, quién va a utilizarlas y con quién, y sobre qué versará la comunicación» (10). Si bien la experiencia interactiva en la distribución por cable ha demostrado favorecer una nueva forma de selectividad de bienes y servicios, el intercambio de datos sigue sin ser igualitario.

La apología de la red sirve sólo, a estos efectos, para encubrir la creciente privatización y desigualdad social producto de la nueva división social del trabajo, que introduce la economía inormacional, según la lógica del contador (tiempo/coste de acceso).

La pregunta de nuevo remite al principio de este artículo : ¿ Cómo debemos conceptualizar la técnica en un sentido democrático ? . Esto es, ¿ cómo pensar no tópicamente la realidad de la sociedad de la información para cumplir el proyecto sólo enunciado de la sociedad red ?; ¿ qué pensamiento y qué acción práctica crítica exige el nuevo orden social ? ; ¿ es posible una intervención cultural en la economía de la información ? ; ¿ qué papel deben jugar los intelectuales y el sujeto colectivo de la era del obrero social enla construcción de la alternativa democrática ? ; ¿ es posible una propuesta teórico-práctica de investigación y cambio social que integre un proyecto desde la pluralidad y la diferencia en el proceso de globalización del creciente corporativismo informativo ? . . .

La respuesta a tales cuestiones debe encontrarse, a nuestro modo de ver, en el ejercicio de una praxis crítica de la educomunicación que en forma colectiva, supere el pensamiento técnico dominante, propio del modo capitalista de producción, en favor de un uso y apropiación social de las nuevas tecnologías, que libere localmente las potencialidades tecnológicas y beneficie socialmente el disfrute compartido de los alcances logrados por la Revolución CIentífico-Técnica frente a la lógica social de la comunicación como dominio. En este sentido, la cuestión de una crítica de la comunicación pasa , como ha señalado el profesor Sfez, por una crítica de las nuevas tecnologías de la información. Pues estas, aún siendo portadoras de un discurso de la interactividad, el diálogo, la proximidad y la cultura comunitarista, produce una creciente dilución de las ataduras simbólicas y una progresiva fragmentación social que debilita los lazos de las redes convivenciales. A este respecto, se nos antoja necesaria una epistemología de segundo orden que favorezca el diálogo, una ética comunicativa del discurso y una praxis social verdaderamente reflexiva.

Generalmente, el pensamiento técnico ha rehusado el pensamiento sobre sí mismo. Como apunta Sfez, una razón oscura subsiste entre el capital y el trabajo que impide comprender la comunicación más allá de la política fragmentada. El metaconcepto de complejidad remite hoy a la organización de los insumos informativos enla nueva organización tardocapitalista, y más allá ún a la administración de la redundancia en el contexto de un marco regulado por la incertidumbre y el riesgo social. Hoy día, la máquina connota » sistema, dirección, articulación, cantidad, medida, alcance, eficacia, realidad, unidades discretas, contenido, continente», pero no sabemos dominarla, y lo más grave, no sabemos comprenderla, no sabemos comprender el sentido de este laboratorio que nos tiende la telaraña electrónica, ni entendemos que es justamente la técnica quien representa hoy el mundo en el que operamos, siendo nuestra subjetividad una variable dependiente de los límites y fronteras trazados por la propia tecnología :

«En un mundo formado por objetos técnicos, el hombre debe contar con la organización compleja de las jerarquías que él soporta. Está arrojado en el mundo técnico que se convierte en su naturaleza. La idea de dominio se borra para dejar lugar a la de adaptación. Utilizando esta proposición en, el hombre se inserta en otro modelo, el del organismo, que está conformado por una relación interna entre las partes y el todo. La metáfora de la organización rige los desarrollos de una ecología universalizante , y encontramos su huella en muchas teorías de la comunicación. Aquí el artefacto ya no es la herramienta, sino el ambiente, a la vez político, social, económico, biológico, tanto como ideológico, en el seno del cual el hombre se realiza a sí mismo, sin poder sobrepasar sus límites ni negar su presencia. El con no es exactamente expulsado . Vivimos con y en un mundo lleno de máquinas, y esto es, para nosotros, como una naturaleza» (11).


Las redes tecnológicas y de información han llegado a todas partes. Ahora sólo hace falta saber hasta dónde es capaz de llegar el hombre : hasta el camino trillado de un espacio y una ruta sin salida, que reproduzca los errores y azares históricamente señalados, o, por el contrario, hasta el lugar complejo de los vericuetos y atajos que hacen más difícil el camino, por inhóspito y no conocido, pero que, en su peligrosidad, puede llegar a hacer posibles, por imaginables, otros mundos virtuales y necesarios, esto es, utópicos, que de verdad garanticen la democracia, la igualdad y el hermanamiento universales . . . Este es tiempo para participar en las redes y tomar partido : es el tiempo de la praxis de los trabajadores intelectuales, de su visión utópica depende el futuro de la comunicación y la democracia : urbi et orbe, como las propias redes.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- Jesús Ibáñez, Por una sociología de la vida cotidiana , Siglo XXI, Madrid, 1994, p.19.
2.- Patrice Flichy, Una historia de la comunicación moderna , Gustavo Gili, México, 1993, p.226.
3.- Armand y Michèle Mattelart, Los medios de comunicación en tiempos de crisis , Siglo XXI, México, 1981, p.21.
4.- Jesús Ibáñez, op.cit. , p.32.
5.- Ibid. , pp. 120 y 121.
6.- Ibid. , p.112.
7.- Armand Mattelart, Los nuevos escenarios de la comunicación internacional , Centre d´Investigació de la Comunicació, Barcelona, 1995, p.7.
8.- H.I. Schiller, Cultura S.A. La apropiación corporativa de la expresión pública, Universidad de Guadalajara, México, 1995, p.105.
9.- Cfr. Manuel Castells, La ciudad informacional, Alianza Editorial, Madrid, 1995.
10.- Michel Senecal : «¿ La interconectividad conduce a la democracia ?» , en El Correo de la Unesco, Vol. 48, París, 1995, p.17.
11.- Lucien Sfez , Crítica de la comunicación, Amorrortu Editories, Buenos Aires, 1995, p.50.

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