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Contenidos calumniosos a través de internet

Cómo contrarrestar una campaña

«online» de difamación

 

 

difamar_rae

 

La RAE es parca en palabras para definir una práctica tan nefasta,
que nació con la propia humanidad, pero que ha cobrado dimensiones
estratosféricas con Internet que permite llegar a miles de personas en
días y, frecuentemente, amparando el anonimato. Un caldo de cultivo
ideal para la difamación que se ha convertido en una moda peligrosa.

 

Así, no es complicado que un rumor prenda en las redes sociales y acabe convirtiéndose en creíble aunque carezca de base y salte a blogs y webs seudoperiodísticas que sobreviven gracias a
escándalos mal entendidos. Algunas veces, las menos, lo hacen con
argumentos e, incluso, movidos por fines altruistas; otras, la mayoría,
hay detrás objetivos espurios, aunque en estos casos es difícil
demostrar si el ataque es espontáneo o parte de una estrategia
premeditada.
  

Yo, por mi parte, cada vez creo más en las confabulaciones. El otro
día un asesor portugués de comunicación me contó que durante la
negociación para hacerse con una cuenta, el consejero delegado del
posible cliente le preguntó si su agencia estaría dispuesta a realizar
campañas de desprestigio contra la competencia. Por suerte para la profesión le contestó que no y por suerte para él, se quedó con la cuenta. Acertó con la respuesta, aunque también podía haber errado.

 

Pero espontánea o premeditada, una campaña de difamación puede llegar
a ser muy dañina si no se frena a tiempo y para ello hay que distinguir
entre el plano legal y el virtual.

 

1. Ámbito jurídico. La difamación es un delito y,
por tanto, se puede acudir a la justicia en defensa del honor y la
reputación. Si se tiene suerte se puede obtener un auto rápido que pare
cautelarmente la difamación, pero es difícil y caro. Es preciso:

 

  • guardar las pruebas y las listas de direcciones webs,
  • obtener un acta notarial que dé fe de que “un determinado hecho” ha ocurrido en un sitio web en particular,
  • pedir al sitio que retire el contenido calumnioso,
  • y, nunca, nunca, amenazar. Quizá eso es lo que van buscando para ser ellos los que finalmente acudan a los tribunales.

 

2. Reforzar la reputación online. Como siempre, la
mejor defensa es una buena profilaxis, por lo que conviene mantener los
niveles reputacionales lo más “saneados posible”. A tal fin es
necesario:

 

  • monotorizar todo lo que se dice de nuestra organización o nuestra persona en la web,
  • ser prudentes con la información que se transmite a través de email
    corporativos y personales y en redes sociales, pues el rastro en
    Internet es duradero,
  • análisis de la información y de las webs que publican sobre nosotros,
  • plan de optimización de posicionamiento SEO. Se trata de ocupar los
    primeros puestos en Google y otros buscadores con webs favorables. Así,
    aunque no podemos hacer desaparecer los comentarios negativos, sí
    podemos relegarlos. El 90% de los internautas sólo ven las tres primeras
    páginas del resultado del buscador,
  • neutralizar los mensajes negativos. La gente es proclive a resaltar
    los defectos, pero rara vez las virtudes. Por eso, es mucho más fácil
    encontrar críticas que alabanzas en Internet, arrojando una visión
    errónea de un servicio o producto que sin embargo tiene una gran
    repercusión entre los posibles clientes.
  • reservar el nombre y apellidos en todos los portales dedicados a las
    redes sociales y perfiles profesionales, y por supuesto los dominios
    punto.com.

 

3. Contrarrestar un ataque. La prevención, aunque imprescindible, no impedirá que el ataque se produzca. Si se llega a esta situación conviene:

 

  • analizar el conflicto, obtener la máxima información sobre los
    formatos y sitios desde donde se articula el ataque y su foco
    originario, quién participa en él, el alcance que tiene (local,
    nacional, internacional), el grado de posicionamiento en los buscadores y
    si traspasa el ámbito virtual para saltar a medios tradicionales,
  • contraatacar rápidamente en los mismos foros donde se produce la
    difamación (blogs y foros, frecuentemente, pero también desde redes
    sociales) rebatiendo los argumentos con pruebas y hechos contrastables.
    Frente a la opinión, información,
  • no replicar esa información en otros foros o blogs, pues podríamos multiplicar el ataque, algo que debemos evitar a toda costa,
  • si no tenemos webs o blogs favorables para contrarrestar el ataque,
    crearlas. Y por supuesto, posicionarlas arriba en los buscadores,
  • si se trata de vídeos e imágenes que aparecen, por ejemplo en
    Youtube, hay que tener en cuenta que muchas de estas páginas tienen sus
    propios servicios de notificación de abusos para que los retiren
    rápidamente.

 

Nadie está a salvo de ser víctima de un ataque reputacional, ya sea
en el plano profesional o en el personal, con más razón si se tiene
algún tipo de notoriedad mediática. Baste un comentario fuera de
contexto o malinterpretado para que las redes se ponga a funcionar. Si
llega el caso, mejor ponerse en manos de profesionales.

Marzo 2013.

Por Juan Ferrari

Fuente: queescomunicacion.es

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