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Creatividad e Innovación

7 claves esenciales para ser

un verdadero innovador


Las
grandes ideas o los grandes inventos de la historia fueron muchas veces
ignorados o despreciados antes de ser aceptados. Una realidad que,
inevitablemente, hace que los inventores estén hechos de otra pasta,
una con la que no les asusta el fracaso, con la que no tienen miedo a
lo que puedan pensar los demás y con la que son capaces y están
dispuestos a trabajar muy, muy duro.

Pero, ¿cómo son los inventores? The 99% ha decidido
averiguar cuáles son los puntos en común de las mentes creativas más
destacables del pasado y el presente y ha descubierto seis
características que cualquier persona que busque la innovación tiene que
desarrollar.

1. Producen y prueban más ideas

Los innovadores más rompedores son aquellos que más ideas generan y
ejecutan. Thomas Edison probablemente sea el mejor ejemplo de esta
premisa, con un récord de 1.093 patentes que todavía está por superar. Y
es que la persistecia y la productividad eran la clave del
funcionamiento del laboratorio de Edison: “Edison garantizaba la
productividad dándose a sí mismo y a su equipo cuotas de ideas. Su
propia cuota de invención era una invención menor cada diez días y un
invento importante cada seis meses”, escribe el investigador Michael
Michalko.

2. Utilizan las malas ideas

Los grandes inventores muchas veces utilizan pensamientos divergentes o
equivocados para poder explorar todo el abanico de posibilidades para
una solución, independientemente de lo absurdas o improbables que
pudieran parecer. Los buenos inventores no están preocupados con
encontrar la solución más lógica, ni aquella que se adapte a la
“sabiduría convencional”.

3. Asumen el fracaso

Los verdaderos innovadores son prácticamente impermeables al fracaso.
Ante aquellas situaciones en las que una persona cualquiera sentiría
vergüenza por cometer un error, el inventor ve una oportunidad de
aprendizaje. “Un aspecto esencial de la creatividad es no tener miedo al
fracaso. Los científicos hicieron una gran invención al llamar a sus
actividades hipótesis y experimentos. Hicieron permisible el fracaso
repetitivo hasta que al final obtenían los resultados que querían. En
política o el gobierno, si hacías una hipótesis y no funcionaba, te
cortaban la cabeza”, explicaba el cofundador de Polaroid y propietario
de más de 500 patentes Edwin Land.

4. Esbozan ideas

Incluso en la era digital, los innovadores siguen llenando papeles y
papeles de garabatos. Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono,
era un dibujante empedernido y en sus cuadernos pueden verse los
resultados del trabajo de un cerebro hiperactivo: hojas cubiertas de
máquinas voladoras, dispositivos sonoros o paisajes.

5. Confían en su intuición

Einstein siempre afirmó que si no hubiera sido un físico habría sido
músico. De hecho, su enfoque hacia el pensamiento creativo estaba mucho
más asentado sobre la intuición y la imaginación que la lógica y las
ecuaciones. “Cuando me examino a mí mismo y mis métodos de pensamiento,
me acerco a la conclusión de que el don de la imaginación ha significado
más para mí que cualquier talento para absorber conocimientos
absolutos”, aseguraba Einstein a un amigo según Michele y Robert
Root-Bernstein. Y añadía: “todos los grandes logros de la ciencia deben
empezar por el conocimiento intuitivo. Creo en la intuición y la
inspiración… a veces sé con seguridad que estoy en lo cierto aunque no
sé la razón”. Y es que todavía no se ha olvidado la famosa cita del
padre de la física moderna: “la imaginación es más importante que el
conocimiento”.

6. Juguetean constantemente

A casi todos los inventores les encanta trastear y juguetear con todo lo
que cae en sus manos. Necesitan entender cómo funcionan las cosas, para
después mejorarlas. “Desde muy pequeño, Jobs se sentaba al lado de su
padre arreglando coches”, escribía Andrea Kates en la biografía sobre
Steve Jobs de Walter Isaacson. “Se pasó al mundo de la electrónica, con
kits de ensámblelo usted mismo para hacer radios y otros dispositivos
electrónicos que soldar. Estar en Silivon Valley le expuso a vecinos que
trabajaban en hologramas, láseres y otras nuevas tecnologías y un
profesor del instituto le introdujo en los transistores, las bobinas y
las placas de circuitos.

7. Una curiosidad sin límites

El hombre del Renacimiento por excelencia, Leonardo Da Vincim, era
ingeniero, matemático, arquitecto, pintor, escultor, cartógrafo,
botánico y, por supuesto, inventor. Por eso no parece sorprendente
afirmar que la fuerza detrás de la obra de Da Vinci está en su
curiosidad insaciable. Si no, echa un vistazo a esta lista de “cosas que
hacer” que recogió Robert Krulwich de Radiolab y que ilustró Wendy
MacNaughton.

Fuente: MarketingDirecto.com

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