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ENTREVISTA CON EL PUBLICISTA DEL GOBIERNO

Braga Menéndez: “La prensa desvaloriza e insulta al Presidente”

El hombre que se encarga de la imagen de Kirchner y el Gobierno defiende a rajatabla la gestión oficialista. Y apunta contra un sector del periodismo y de la derecha opositora.

Es uno de los publicistas más reconocidos del país, dueño de una de las pocas agencias (que lleva su nombre) de publicidad que no pasó a manos de multinacionales (aunque no faltaron propuestas).

Carismático, divertido, vehemente, por momentos soberbio, por otros momentos provocador, disperso. Casi todas las frases sufren interrupciones, acotaciones al margen, y la nota tuvo sus pausas, obligadas por su constante pensamiento o acciones paralelas.
 
Por Alberto Trombetta

Los recuerdos recientes y de antaño se le amontonan en la mente y al salir transformados en palabras suelen hacerlo casi al unísono. Conclusión: seguir el hilo de la conversación en ocasiones es una tarea difícil.

Fernando Braga Menéndez, el denominado publicista del Gobierno, recibió a El Diario de la República en sus oficinas del barrio de Retiro, en Capital Federal.

Repite algunas frases casi calcadas y otras las va cambiando, pero el concepto es el mismo. A saber: menciona a Jauretche como su máximo referente del nacionalismo; recuerda siempre a compañeros como Julián Licastro en la Juventud Peronista; cita al sociólogo Julio Godio definiendo al proyecto K como nacionalismo desarrollista; destaca como dato sobresaliente la baja de la mortalidad infantil argentina, entre otros ítem comunes que señala cada vez que se lo consulta.

Su relación con el presidente de la Nación puede definirse con el eslogan de uno de los productos que él ayudó a lanzar y permanecer en el mercado; es decir, el desodorante Rexona (en su época, Rexina) que dice “Rexona no te abandona” con el pequeño agregado “Braga Menéndez a Kirchner, tampoco”.

En la charla nunca aceptará un error, una falla del Gobierno; declara como pecado mortal el haber votado a De la Rúa para presidente; recuerda que “mi familia era muy gorila, muy golpista, muy antiperonista”; intenta despegarse de la idea de que le pagan por hablar a favor del Gobierno diciendo que “a mí nadie me paga para opinar, porque toda la vida hemos ganado plata con publicidad de empresas privadas”; asegura: “Yo no hago publicidad para lucirme y sacarme el Clío, el premio de Cannes y esas imbecilidades que distorsionan la publicidad”.

Además, enfatiza que “no está desprotegido el país desde el punto de vista institucional. De todas formas insisto, la gente que no tuvo ningún prurito cuando se tiraban los chicos vivos de los aviones, son los Mariano Grondona, los que más están ahora con la lupa, por el tema de la prolijidad institucional y republicana”.

Analiza el perfil de algunos referentes de la oposición. De Elisa Carrió dice que es una pitonisa y está convencido que “ella no quiere ganar porque si gana no tendría recursos, no tendría nada”; de Macri afirma que no haría una campaña para él porque “no le veo profundidad. No le veo envergadura para que presida mi país”, y agrega palabras como tilingo, tarado, aunque no queda claro si lo hace en referencia al líder del PRO; a Lavagna lo califica como un tipo muy equilibrado, mesurado, de pensamiento nacional; a Scioli lo define como “laburante, mesurado, equilibrado”; sobre Menem dice que más que de la persona prefiere hablar de todo un pensamiento que “caló hondo en la sociedad, la del menemismo, la actitud chanta, frívola, oportunista”, y recuerda que “la primera vez que nos vimos con Kirchner, él me dijo que sentía mucho respeto por Adolfo Rodríguez Saá”.

En todo momento queda claro que cualquier intento de ser creativo en estas líneas quedará opacado por la característica más sobresaliente que él mismo destaca: “Soy genial”.
 

— Alberto Trombetta: ¿Considera que su apuesta a Néstor Kirchner antes de ser presidente ha tenido el eco esperado?

— Fernando Braga Menéndez: Siento que el eco ha sido positivo y concordante porque yo lo conocí a Kirchner un año antes de ser presidente. Cuando empezamos a él no lo conocían, incluso siendo presidente lo conocían muy poco. Yo venía de los primeros tiempos hablando de que este proyecto era mejor, superador, diferenciador, lo que se fue confirmando por el apoyo de la gente. Y acá hago una digresión que hago siempre, porque es imprescindible hacerla, no me refiero a los sectores altos de la sociedad, altos en términos económicos, que no lo quieren a Kirchner, pero en el 85% ha ido ganando confianza, cariño, simpatía por parte de la gente. El otro día veía que en Latinobarómetro, que es una encuesta que se hace en toda América latina, lo dan a Kirchner como el presidente más querido por su gente. Estoy contento, contentísimo. La primera vez que hablé con Kirchner…

— T: Cuénteme de ese encuentro.

— BM: Nosotros somos una agencia de publicidad, nos gusta muchísimo la publicidad, sabemos mucho de publicidad, sabemos hacer publicidad que produzca resultados, y también nos interesa mucho la política. Y digo nosotros porque somos un grupo que estamos hace mucho tiempo juntos. Nos intentaron comprar en la década de los ‘90 y no quisimos vender. Cuando se aproximaban las elecciones de 2003 y sucede lo de Kosteki y Santillán, y Duhalde adelanta las elecciones dijimos: “Bueno, a ver, ese tipo de allá, de Santa Cruz”. Entonces Raúl Timerman, que es uno de los socios de la agencia, tenía un programa de radio pegado con uno de Julio Bárbaro, quien le dijo que iba a ver qué podía hacer. A través de Alberto Fernández, quien vino acá y nos preguntó varias cosas sobre nuestra filosofía publicitaria y armó una entrevista con Kirchner. Estuve con Kirchner en la Casa de Santa Cruz, en junio de 2002 y hablamos como tres horas. Me sorprendió y me acuerdo entre otras cosas que me habló bien de Adolfo Rodríguez Saá. Me hizo un montón de comentarios, y se veía que estaba siempre inteligentemente orientado hacia la gente. Por ejemplo, me dijo: “El neoliberalismo nunca aceptaría una política de subvención de una industria; acá cuando el dólar estaba 1 a 1 y el precio de la lana, algo importante en Santa Cruz, estaba muy bajo internacionalmente, si no ayudaba a la industria con la intervención del Estado los equipos de trabajo se iban a desmantelar. Subvencioné y me lo están devolviendo con creces. El neoliberalismo hubiera dicho que eso era una herejía”. También me contó algo sobre una cooperativa de mil personas que hacían el mantenimiento de escuelas y hospitales. Cosas que siempre estaban en función de la gente y con buenos resultados. También me dijo que él tomó el gobierno provincial con el sueldo atrasado de 4 meses y que les dijo a los empleados que tenía dos malas noticias y una buena. La primera mala es que no tenía para pagarles ahora los 4 meses de sueldos; la segunda mala es que les iba a pagar el mes próximo pero con descuentos, y la buena es que se comprometía que de ahí a los veinte meses les pagaría los cuatro sueldos, el descuento y los intereses. Y parece ser que a los quince meses ya había cumplido con eso. Eso fue lo que cimentó la confianza que tiene la gente en Santa Cruz.

 
— T: ¿Cómo se hace para romper con esa idea tan difundida de que la política es mala, los políticos son ladrones…?

— BM: Básicamente el 90% de la responsabilidad es de una gestión limpia, sana, honesta, en donde la gente sienta que los beneficios se están distribuyendo de alguna manera. No se arregla con una campaña de publicidad por más brillante que sea. Siempre insisto con que en las universidades en donde se estudia publicidad se les miente mucho a los alumnos, porque se les hace creer que los estadistas son armados por las agencias de publicidad. ¿Te imaginás a un Mao, De Gaulle, Churchill como una creación de agencia? Es mentira eso. Son tipos especiales que surgen. Lo que no quiere decir que hacer una campaña de publicidad política no sea muy difícil, con mucho trabajo; siempre hay matices que diferencian. Nosotros en todas las provincias mandamos equipos que hacen investigación cuantitativa y cualitativa. Por ejemplo, esta mañana estuve tres horas escuchando informes cualitativos y cuantitativos sobre una provincia.

 
— T: ¿En qué consisten las investigaciones cuantitativas y cualitativas?

— BM: Qué pasa con los otros candidatos, cuál es la situación interna de ese candidato, cuáles son los problemas más importantes de la provincia, cómo los vivencia la gente; hay cosas muy sutiles. Por ejemplo, si las cloacas están terminadas o no, si hay agua contaminada, las obras públicas, eso no, pasa más por decir: “Este tipo está bien, se lo ve honesto…”.

 

— T: Entonces lo más importante es la persona y no la gestión…

— BM: Es una combinación de muchas cosas. Lo que pasa es que la gestión, en la cabeza de la gente, construye a la persona. Qué haya anteriormente es importante. Como en el caso que mencionaba anteriormente, en Catamarca, los candidatos que llevábamos nosotros no tenían antecedentes políticos; entonces decíamos: éste es el ingeniero que construyó tantos miles de metros cuadrados en la provincia, ésta es una médica infectóloga muy querida por la gente, por el pueblo, y el tercero es un empresario que tuvo éxito en esto, esto y esto. Como no tenían antecedentes políticos decíamos antecedentes profesionales. Qué dice la gente: estos tipos me están respetando porque me están diciendo lo que yo quiero escuchar, no me están haciendo una musiquita chingui chin o un chistecito o estupideces. Yo quiero saber quién me va a gobernar. Esta campaña me está respetando y no están las promesas mentirosas…

 
— T: Se valora más la honestidad…

— BM: Honestidad más acción, ejecución, gestión. A mí en Catamarca la gente me decía que había un dique que hacía veintiocho años que se está prometiendo y ahora ya están las máquinas haciendo los movimientos de tierra. A eso no hay imagen de agencia de publicidad ni jingle que pueda competirle. Otra cosa importante: tengo entendido que Perón era un tipo que no se mezclaba con la gente para ser toqueteado; creo que tenía un problema en la piel. Y eso es importantísimo en Kirchner, y lo dice la gente, porque se sabe que siente placer genuino, real, toqueteándose con la gente, le gusta esa especie de franela.

 

— T: Usted ya está entrando en un terreno de fanatismo, ¿no es malo que un publicista se torne fanático del producto que vende?

— BM: Sí y no. Sí, porque se supone que por ahí pierde objetividad y no, porque… Mirá, en la publicidad comercial, que es de lo que nosotros vivimos toda la vida, porque a veces dicen que opino porque me pagan; a mí nadie me paga para opinar, porque toda la vida hemos ganado plata con publicidad de empresas privadas. Yo siempre digo una cosa y mis compañeros y colegas me dicen que estoy medio loco: uno le hace mejores campañas a los que les tiene cariño, ya sea al gerente de marketing, al dueño, al accionista, y no hablo de campañas más divertidas, que es lo que se confunde en Argentina, donde se piensa que la campaña buena es la que te hace reír. Te va a hacer reír si hace falta. Muchas veces el objetivo de la distracción con humor es mucho más importante que el concepto, el producto…

— T: ¿Usted ha inventado que el autoritarismo de Kirchner sirve porque el gobierno de De la Rúa era tan débil que había que recuperar el protagonismo perdido?

— BM: Yo nunca lo dije, pero no importa, es buenísima la idea. Los que dicen unicato, hegemónico, autoritario de Kirchner, en un país que tiene treinta y ocho millones de tipos agotados, golpeados, mentidos, corralito, Guerra de las Malvinas perdida, golpe de Estado… a ese pueblo que está tan dolorido, tan hecho bosta, le hace falta un guía, un líder, un tipo que sea un punto de referencia, que tome partido ante cada situación, que tome una postura nítida y que la gente va viendo que va solucionando cosas. La cosa autoritaria que vos decís, a eso le llamo un líder que se perfila, se muestra y aglutina gente. Y date cuenta con lo que dice el diario La Nación, que molesta, inventa cosas, erosiona, mintiendo definitivamente, no los escucha, no les da bolilla. En cambio, cuando el 2% de la población del país como es Misiones le dice “che, pibe, tené cuidado”, cambió automáticamente. El oído puesto en la gente.

 
— T: No le quedaba otra alternativa.

— BM: ¿Querés que te dé ejemplos de tipos que no entendieron el mensaje de las urnas? Uno fue Alfonsín en el ‘87, que no entendió el mensaje de las urnas. La gente ve eso y lo siente, ve que este tipo —Kirchner— no le da bolilla a esto, esto, dicen que es autoritario, que no hace reuniones de gabinete, y otros inventos y estupideces, cada cual tiene su estilo, pero cuando escuchó que la gente le decía no, dijo: Fellner, no hay reelección, Solá, no hay reelección. Esos son los que van construyendo mucho más que la publicidad, construyen un liderazgo, un movimiento dentro de un país.

 

— T: Hablemos de la libertad de prensa ¿Existe realmente la libertad de prensa?

— BM: Al Presidente de la República, los periodistas están todo el día maltratándolo, desvalorizándolo, insultándolo. “Esperemos que este hombre aprenda algún día”, “esperemos que modifique su forma de ser..”. Están todos locos. Yo escucho por la radio unos mediocres, ignotos que están aconsejando. Yo todos lo días estoy en la radio escuchando permanentemente. Por ejemplo, ayer escuchaba dos programas. En uno decían que la verdadera inflación era del 23% y en otro que era 18%. El INDEC, cuando las cifras eran para Martínez de Hoz era serio, ahora que son para un gobierno democrático y popular, son mentiras las cifras del INDEC. ¿En qué quedamos? Hay una libertad de prensa total y absoluta. Se dice lo que se quiere, Carrió dice lo que quiere, se publica en los diarios. Castells, Carrió, el rabino, Blumberg, todos dicen lo que quieren. ¿Dónde esta la falta de libertad de prensa? Es una mentira.

— T: Hay muchos que dicen que el Gobierno le paga para salir a decir ciertas cosas.

— BM: Eso te da la pauta de cómo dejó el menemismo la cabeza de mucha gente que cree que nada se puede hacer por ganas, por una causa que te apasiona y que todo es por plata. Esta agencia ha hecho publicidad gratis, mucha: para Greenpeace, Cruz Roja, para la fundación Compromiso y para toda causa que nos interese o nos guste. Si hay una cosa que yo siento, que a mi edad le sirve a mi país, y puede funcionar, yo lo defiendo a muerte. Con la gente pasa lo mismo. Y cuento una anécdota. Fui a Azul a acompañar a mi mujer a un Congreso y nos quedamos a dormir en una estancia. Eramos los únicos pasajeros, y había una señora de unos 55 años que era la que cuidaba el lugar. No era una mujer lumpen, su hija es contadora pública, el hijo ingeniero en sistemas, una mujer de trabajo. Un día le pregunté cómo está el campo desde que está Kirchner. Me dijo: “Un desastre, está arruinando el campo”. Le pregunté porqué pensaba eso. Me dijo que lo hablaba con las dos chicas que habían heredado el campo donde estaba esa estancia, dos chicas que no iban mucho porque tenían casas en Punta del Este. Los maridos de esas chicas y un abogado para el que trabaja una chica que yo conozco. Le dije que esos tipos le estaban mint—-iendo porque las cosechadoras, las sembradoras, los tractores… ahí me preguntó si yo pensaba así, le dije que sí, y ahí me dice que ella y el marido habían acordado con sus patrones hablar mal del Gobierno con los turistas. Me dijo que les encanta Kirchner, que lo votaron y lo van a seguir votando.

Mi mamá cobraba 220 pesos de jubilación, que era un insulto, y ahora está en 700 y pico. Y digo eso. Y otra cosa: mis amigos de clase media alta, que tengo muchos por mi extracción, por el club, mi familia, por el laburo, me llamaron después de las elecciones del año pasado y me preguntaron qué pasó. Les dije que seguramente ellos leían La Nación, me contestaron que sí, y ahí les dije que le habían estado mintiendo todo este tiempo, te hizo creer otra cosa.

 
— T: Todos los que hablan mal del Gobierno mienten…

— BM: En Argentina históricamente está el pensamiento nacional y el antinacional. El paradigma del pensamiento nacional es Arturo Jauretche. Y del antinacional tenemos muchísimos.

— T: Hábleme un poco de Cristina Fernández de Kirchner. Imaginemos una campaña para ella.

— BM: Es un cuadro político de primera. Simplemente diría, en la forma más agradable, menos plomo posible, cuáles son las cosas que hizo como legisladora. En la campaña de 2003 los equipos de De Vido nos mandaban todos los días equipos técnicos, había mucha gente; nos mandaban las conclusiones escritas de una forma más o menos; nosotros corregíamos la redacción, eso se lo mandábamos a Cristina. De pronto la veías una noche en vivo en televisión desde Posadas, y a la mañana siguiente nos mandaba el material corregido diciendo lo que estaba mal y lo que estaba bien. Tiene una capacidad de trabajo extraordinaria. Le dedicará mucho tiempo a estar linda, vestirse bien, porque definitivamente es linda, pero además… En Estados Unidos, donde estuve hace poco, piensan mucho mejor de este gobierno, del canje de deuda que acá. No sabés lo que dicen del canje de deuda. Estamos hablando de 67.500 millones de dólares. Allá se valora mucho más que acá. Acá la gente tendría que haber salido a festejar a la calle. Tremendo ahorro, el país está sin emitir monedas truchas, se acabaron los papeles provinciales, sin pedir prestado, lo que se está haciendo con los vientos favorables… Pero quisiera ver a Onganía o De la Rúa qué hacían con los vientos favorables. Nada.

 
— T: Si tuviera que hacer campaña por Lavagna, ¿qué diría?

— BM: Diría que es un tipo muy equilibrado, mesurado, con un gran conocimiento y manejo de la cosa económica. Históricamente tuvo una posición de defensa del país. Aunque él viene del peronismo también me acuerdo de la época de Alfonsín y siempre tuvo una postura nacional. Es un tipo que está en el pensamiento nacional.

 — T: ¿Haría campaña por Mauricio Macri?

— BM: No, no haría. Freud decía: “Tengo la suerte de no tener suerte”. Tengo la suerte de no haber tenido un papá que me dio todo hecho. Tuve que descubrir yo, pensar yo, romperme yo, lo que me mejoró como ser humano, no soy un tilingo, un tarado, y eso decía Freud. Y creo que eso se aplica en este caso. Yo no le veo profundidad. No le veo envergadura para que presida mí país.

 
— T: ¿Qué opina de Daniel Scioli?

— BM: Es un tipo muy laburante, mesurado, equilibrado. Lo conozco porque un día estuve en los programas de Longobardi y de Grondona, donde me estuvieron verdugueando y me defendí solo. Al otro día me llamó Scioli y me dijo que me quería felicitar por lo que había dicho. Nos conocimos. Creo que es un tipo sólido, confiable. Tuvo el enfrentamiento con Kirchner, y creo que Kirchner hizo muy bien, y no fue sólo para Scioli sino para el resto de los funcionarios, políticos y para el país, puso las cosas en su lugar y dijo: “Vos no hablás ni de tarifas ni de deuda externa”. Y no fue con una perorata sino con un medida ejecutiva. Y Scioli creo que se recicló inteligentísimamente y eso ya habla bien de él. El hecho de que él haya estado con Menem, con Duhalde, con Kirchner me importa un pito. ¿Cuántos argentinos votaron por Menem, apoyaron a Duhalde y ahora votaron por Kirchner? Es parte del emergente de un país que tiene cincuenta años de fracaso, frustración, dolor.

 
— T: ¿Y Elisa Carrió?

— BM: ¿La pitonisa? Carrió creo que puede ser muy buena para una universidad, como legisladora. Pienso que es muy resentida, transmite algo que dice la gente y es que le importa más su carrerita política o su prestigio periodístico que la gente en sí. Se nota que no quiere ganar, y eso debe ser inteligente, porque si llega a ser presidente no tendría recursos, no tendría nada. Hay momentos que me molesta demasiado Carrió por esa forma de querer ensuciar al otro, mal. Creo que eso es estar en contra del país. Y dado que esto es para la provincia de San Luis debo decir que rescato a Adolfo Rodríguez Saá, que estuvo poco tiempo como presidente, pero manejó las cosas como pudo en esos pocos días. Y el otro día decía que si hubo una provincia que inventó una forma inteligentísima de crear un perfil propio es San Luis con el tema del cine. Y en eso tuvo mucho que ver también el gobernador Alberto Rodríguez Saá. Me parece brillante. Tomó un tema que es vital, alegre, que a todo el mundo le gusta, que es el cine, todo lo que significa desde el humanismo, la comunicación, y se lo está adueñando. Eso habla bien de gobernantes inteligentes que defienden a su país.

Hace poco tuve que ir a San Juan y como no había vuelo me tomé un avión a San Luis y de ahí un taxi a San Juan. Y vi una de las cosas más lindas que tienen muchos pueblos de América latina, que es una pobreza digna, limpia, que no es lo mismo que la pobreza sucia, asquerosa, maloliente. Y en realidad no sé si a eso le llamaría pobreza, porque a la gente vos la ves contenta, tranquila.

La primera vez que nos vimos con Kirchner, él me dijo que sentía mucho respeto por Adolfo Rodríguez Saá.

Rodríguez Saá y Duhalde dieron un paso adelante, estábamos destruyendo el país, y son tipos que dieron un paso adelante y dijeron: “Yo la agarro a ésta”. Eso lo respeto y lo agradezco infinitamente, porque son tipos que pusieron la jeta y pudieron emparchar la cosa para que ahora empiece a funcionar.

 
— T: Si tuviera que definirse, ¿cómo se definiría?

— BM: El sociólogo Julio Godio dice que este gobierno se llama nacionalismo-desarrollista y coincido totalmente. Ese es el objetivo estratégico. Todos los estúpidos de la City y los pronosticadores que dicen que no hay un plan; sí hay un plan estratégico que es nacionalismo-desarrollista. Después el superávit fiscal, tipo de cambio, todas las políticas que se aplican están en función de ese objetivo.

Yo la verdad es que estoy chocho. Nunca pensé que iba a morirme en una Argentina nacionalista-desarrollista y es lo que yo quiero.

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