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Equidad social, ambiental y económica: Pacto Global

Lo que nos deja y lo que nos propone el Pacto Global de Naciones Unidas



 

Lanzado en abril del 2004, el Pacto Global en la Argentina cuenta con 7
años de trabajo ininterrumpido. Aquella apuesta realizada por el PNUD en
diciembre del 2003 cuando convocó a un puñado de empresas y
organizaciones de la sociedad civil para lanzar la iniciativa en el país
ha dado sus buenos frutos. La continuidad institucional garantizada por
el apoyo que ha brindado el Sistema de Naciones Unidas a través,
principalmente, del PNUD y por la formación del órgano de gobierno (Mesa
Directiva) es un rasgo que distingue a la red argentina de otras redes
de la región, y del mundo.

El Pacto Global en general y las redes locales en particular enfrentan tres desafíos:


a. La contribución a Río + 20 y el comportamiento empresarial esperable luego de la Cumbre

El Pacto Global fue lanzado con la ambición de provocar cambios en la manera en que se hacen los negocios en el mundo. El desafío contenido en la propuesta que hicieran Koffi Annan primero y Ban ki-Moon después ha sido globalmente aceptado por el sector empresarial. Que más de 8,000 empresas de todo el mundo hayan suscrito este compromiso ético así lo confirma. Pero entendemos que el reto de hacer realidad el Pacto Global sigue pendiente, al menos a la luz de los escándalos éticos que, a nuestra forma de ver y entender el mundo, siguen siendo noticia alrededor del mundo.

Aquellos que participaron de la Cumbre de Líderes en el 2010 pudieron ver que el foco y la acción del Pacto Global han ido abandonando lentamente la responsabilidad social empresaria para acercarse más a la idea de la sustentabilidad. La próxima Cumbre de la Tierra Río + 20 a celebrarse en la Ciudad de Río de Janeiro durante el mes de junio de 2012 presenta una oportunidad única tanto para los gobiernos, como para el Sistema de las Naciones Unidas, incluido el Pacto Global, y las empresas para jugar un papel clave en la defensa de las medidas necesarias para la transición hacia una «economía verde» y una vía para el desarrollo sostenible.

Sabemos que no existe un consenso internacional definido respecto del significado del concepto “economía verde”. Pero mínimamente sabemos que una economía verde es aquella que debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma más básica, una economía verde sería aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente.

El último informe de Desarrollo Humano del PNUD ha destacado el enorme avance registrado por el desarrollo humano en las últimas décadas pero, al mismo tiempo, denuncia algunas salvedades que llaman la atención sobre la escasa sostenibilidad de dicho desarrollo:

•el aumento del ingreso se ha asociado con un deterioro de indicadores medioambientales cruciales como emisiones de dióxido de carbono, calidad de suelo y cubierta forestal.

•la distribución del ingreso ha empeorado en muchas partes del mundo.

Es necesario, en consecuencia, comprender los vínculos que necesariamente existen entre sostenibilidad y equidad y romper el patrón de desarrollo pasado para encontrar rutas alternativas que nos permitan aumentar los ingresos, crear empleos a partir de inversiones públicas y privadas destinadas a reducir las emisiones de carbono y la contaminación, promover la eficiencia energética así como en el uso de los recursos y evitar la pérdida de diversidad biológica y de servicios de los ecosistemas.

Está claro que el contexto internacional plantea la necesidad de generar un nuevo acuerdo que redefina la agenda internacional permitiendo hacer frente a los riesgos sociales, económicos y estratégicos que el deterioro ambiental supone para una gran cantidad de países en grandes zonas del planeta. El marco de este nuevo acuerdo ambiental deberá entonces vincularnos y comprometernos a todos, comenzando especialmente por aquellos países y empresas que más emiten y cuya responsabilidad es mayor respecto del estado actual del ambiente a nivel global. La Declaratoria de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra realizada en Bolivia en el año 2010 son dos ejemplos que nos invitan a ser optimistas respecto del futuro.

En igual sintonía, y frente al mismo contexto internacional del nuevo acuerdo ambiental, se hace igualmente necesario redefinir el concepto de desarrollo sostenible. Este concepto de nuevo desarrollo sostenible deberá entonces superar al actual concepto de desarrollo sostenible basado en tres pilares fundamentales: equidad social, ambiental y económica.

Las redes locales del Pacto Global pueden jugar un papel importante de cara a Río+20, ayudando a generar a nivel nacional y regional el clima político necesario para que los tomadores de decisión en los ámbitos público y privado adopten las medidas correctas en Río el año próximo.

También las empresas del Pacto Global deberían mostrar su capacidad de liderazgo, “traccionando” a las empresas de su cadena de valor a revisar sus políticas en términos de uso de los recursos naturales, emisiones de dióxido de carbono, y contaminación ambiental, entre otros. Al mismo tiempo, estas empresas deberían introducir criterios de equidad en sus principales políticas, por ejemplo, en materia de inversión social, en materia de contratación y promoción de recursos humanos y en el uso de recursos no renovables.


b. Recuperar las lecciones aprendidas para enfrentar los desafíos a futuro

En el mes de julio del 2005 quedó constituido el primer cuerpo de gobierno de la red local. Conocido como «Mesa Directiva», el órgano de gobierno está integrado por empresas, Cámaras, Universidades, Organizaciones no Gubernamentales y «Otros Stakeholders». Este órgano de gobierno fue renovado en dos oportunidades y fue usado como modelo organizativo en otras redes locales (Paraguay y Uruguay, por citar sólo dos).

El modelo de la red argentina ha sido «exitoso» para un contexto y un momento específico del país y de la RSE. Su funcionamiento actual descansa en el trabajo voluntario que algunas organizaciones aportan en forma desinteresada a la red local. Este modelo tiene sus limitaciones de crecimiento y es por ello que, desde Naciones Unidas creemos que es oportuno avanzar hacia un nuevo estadio de desarrollo, profesionalizando el trabajo del Comité Directivo de la red local. Ejemplos exitosos ya existen en la región, como la red chilena, que muestran que un avance de este tipo puede otorgar a la red local un salto de calidad como el que Argentina merece.

También sabemos que la red argentina ha generado casi una docena de productos de conocimientos (principalmente publicaciones) y una oferta muy exitosa de formación de dirigentes empresariales en RSE. La Cátedra del Pacto Global de Naciones Unidas en Responsabilidad Social ha sido la actividad de mayor éxito en la historia de la red. Organizada en 6 oportunidades en diferentes puntos del país, participaron de la misma más de 400 hombres y mujeres de negocios de la Argentina. Estas actividades, que brindan soporte a los participantes de la red local, representan un activo inigualable para diseñar programas de formación de ejecutivos con respaldo académico que tengan un impacto real en las operaciones cotidianas de las empresas. En este sentido, creemos que la red local debe dar un salto de calidad en este tema.

Por último, debemos destacar que la tasa de crecimiento ha mostrado en todos estos años una evolución positiva, con un promedio de 30 organizaciones (en su mayoría, empresas) que solicitan anualmente su ingreso a la red local. Este es otro logro de la gestión de la red local puesto que, a diferencia de otras iniciativas, el Pacto se ha convertido en una marca atractiva para el sector privado. Sin embargo, es necesario contar con una verdadera estrategia de captación de nuevos miembros que debería estar centrada, en primer lugar, en los integrantes de la Mesa Directiva. Deberían ser éstas las empresas que, a través de un ejercicio responsable de su cadena de valor, inviten a las empresas a formar parte de este club de la responsabilidad social llamado «Pacto Global». Esto puede dar al cuerpo de gobierno un impulso más renovado, aumentando la calidad de la participación y el compromiso con los principios.


c. Lo que esperamos de las empresas del Pacto Global y de la red local

En base a lo anteriormente dicho, desde Naciones Unidas proponemos tres ejes de acción concretos:

•Las empresas del Pacto Global son las empresas que innovan.

•Las empresas socialmente más responsables son, también, aquellas dispuestas a innovar en sus modelos de negocios. El campo de la economía verde ofrece una oportunidad para buscar negocios innovadores. Las empresas de la red local deberían experimentar y tomar el liderazgo en el tema, difundiendo las ventajas de innovar en, por ejemplo, la economía verde, a través de sus Comunicaciones de Progreso. Otros posibles campos de acción en el campo de la equidad son el empoderamiento de la mujer, la eliminación de la discriminación para los portadores de VIH/SIDA y la aplicación de políticas de diálogo y debida diligencia en materia de derechos humanos para industrias como, por ejemplo, las extractivas.

•Las empresas del Pacto Global son empresas que construyen alianzas público-privadas para el desarrollo.

•Las empresas del Pacto Global pueden aprovechar el potencial de vincularse más estrechamente con las Naciones Unidas. Dicha vinculación debe proyectarse en la forma de alianzas público-privadas para el desarrollo. Con sus más de 100 proyectos orientados al desarrollo humano, el PNUD ofrece una plataforma excepcional para las empresas de la red en todos los campos mencionados anteriormente.

•La red del Pacto Global se distingue de otras redes por favorecer la implementación de proyectos colectivos y de incidir en las políticas públicas para promover la sustentabilidad

Contar con dos o tres proyectos piloto con la marca “Pacto Global Argentina” puede constituirse en un diferencial no sólo para los participantes de la red sino también un incentivo para nosotros, en Naciones Unidas, de continuar apoyando este tipo de iniciativas. El campo de la incidencia en las políticas públicas orientadas a la sustentabilidad económica, social y ambiental es otro posible campo de acción para la red local. El reciente pedido de Warren Buffet para que los ricos más poderosos de Estados Unidos paguen más impuestos y el llamado de atención de un ejecutivo de una compañía de telecomunicaciones en África del Norte hace unos meses, son ejemplos notables de incidencia exitosa en el campo de las políticas públicas.

Las empresas de la red local deben mostrar que la propuesta de valor del Pacto Global de incorporar principios éticos de modo profundo en la cultura empresarial se está convirtiendo en realidad. Mostrar dichos cambios, de un modo creíble y confiable es un desafío en el momento actual que está atravesando la economía global. Pero es también una oportunidad única para legitimarse frente a los ojos cada vez más críticos de gobiernos, consumidores y grupos de interés.

Por Martín Santiago Herrero (Representante Residente del PNUD y Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en Argentina).

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