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Fotografía publicitaria: maquilladores de alimentos

Por Eduardo Miller, director del estudio Miller y Miller, www.millerymiller.com.ar

Dentro de las técnicas publicitarias que se utilizan para inducir a los
clientes potenciales a la compra, hay uno directamente relacionado con
la alimentación: la fotografía publicitaria de productos alimentarios.


La fotografía de alimentos no es un trabajo fácil, ni mucho menos. Más
allá de las complicaciones técnicas que pueda tener fotografiar
transparencias como los vasos, o envases de vidrio que reflejan la
iluminación del estudio, por ejemplo, lo cierto es que hay muchas
ocasiones en las que, por sabroso que sea un producto,  directamente no
es fotogénico. Y si no es fotogénico… no transmite la sensación de ser
apetitoso, y finalmente no “vende”.

 

La idea es que los clientes acudan a un establecimiento de comida, y
compren un producto atraídos por la fotografía del mismo. Y fruto de
esta necesidad de presentar los alimentos con un aspecto tan apetitoso
como irreal, dentro del mercado publicitario han surgido profesiones
especializadas. Uno de los ejemplos más  curiosos es el trabajo de los
“maquilladores de comida”.

Para sortear los problemas técnicos, los fotógrafos profesionales muchas
veces apelan a trucos como armar “helados” hechos a base de puré de
papas, para poder fotografiarlos de manera que resistan el calor de los
focos (demás está decir que este helado de “papas” solo se utilizará
para la foto, y cuando el cliente acuda al comercio le servirán un
helado genuino).

Sin embargo, más allá de la técnica, muchas veces lo que muestra la
fotografía de un producto tiene poco tiene que ver con lo que éste es en
realidad.

Y es que como en casi todo en la publicidad, detrás de estas fotos de
productos apetecibles siempre hay truco. La mayoría de las veces, si
mordiéramos alguno de esos productos una vez hecha la foto,  nos
daríamos cuenta de que es de todo… excepto comestible. Porque
generalmente se utilizan alimentos prácticamente crudos (el  aspecto
cocinado se les da con barnices) para que se degraden más lentamente
bajo la potente luz de los focos y, por tanto, puedan ser sometidos a
sesiones fotográficas más largas.

En la foto nos seduce el tamaño de un sándwich, la apetitosa combinación
de colores, ingredientes y texturas visuales que nos presenta la
imagen,  y la gran cantidad de relleno que tiene… porque justamente, la
idea es que, hechizados por el poder de la imagen, se nos haga agua la
boca y nos dejemos llevar por la imagen del producto mas que por lo que
nos dicen las papilas.

Cada alimento tiene una forma de ser fotografiado, iluminado, resaltado, para convencernos de que es delicioso.

Y estamos tan sugestionados por la publicidad que, a no ser que nos 
paremos a pensarlo, este engaño ni siquiera es percibido 
conscientemente.

Luego de adquirido, pocas personas se paran a comparar el producto que
tienen en sus manos con el que los motivó, en la fotografía.




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