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¡Le damos la «derecha» a Roberto!

Divagaciones sobre la ley de la derecha

Escribí
no hace mucho que el problema del orden es fundamentalmente humano y no
me retracto. Deseo hoy pensar un poco en voz alta sobre la ley de la
derecha, la infaltable compañera de camino de toda persona dedicada al
Protocolo y también de aquellas que, con sentido común, procuran hacer
más amable nuestra vida cotidiana.



Por nuestro muy buen amigo y gran profesional,

Roberto Sebastián Cava

La derecha orienta y, a veces desorienta. Recuerdo a un profesor venerable de mi paso por las aulas universitarias norteamericanas. Él observaba los rostros de quienes lo escuchábamos y, con cierta picardía, después de explicar un tema arduo, se animaba a indagarnos. Era muy claro y nos decía : “Are we all in this together? – ¿Estamos todos de acuerdo en esto?»-. Viene bien aquella pregunta cuando se trata de hablar sobre la derecha o sobre la ley de la derecha. Alguien también podría salir al paso diciéndonos: ¡”Averigüelo, Vargas!”.

La derecha es la derecha, “de aquí a la China” y nadie lo duda. Sin embargo, hace unos días, un colega me confiaba apenado un sucedido. Había ingresado a la iglesia con una hija que se casaba. Estaban los dos delante de la puerta, a la espera de escuchar la música nupcial. Sucedió lo que suele ocurrir. Una persona se puso delante de ellos y objetó la posición. “La novia va a la derecha y usted a su izquierda”, sentenció. No estaba equivocada aunque no reparó, en cambio, que al ponerse delante del padre y de la hija, les estaba indicando su propia derecha y no la de ellos.”¿Iba usted a pegarle?”. No, pero el tema de la derecha no sólo es importante sino fundamental en nuestra disciplina. La derecha es siempre el sitio de mayor honor.

Puesto que he puesto un ejemplo del ámbito social, continuaré en el mismo. Sucede que, en las iglesias, se dan dos espacios. En uno está el altar con su presbiterio y, en el otro, la nave donde se ubican los fieles. En una boda los contrayentes se colocan en el presbiterio y allí, a los ojos de quienes seguirán la ceremonia desde los bancos, la novia quedará a la izquierda y el novio a la derecha. Sin embargo no es así, puesto que la derecha, desde el altar, se toma mirando a los fieles. Ha pasado el tiempo de hablar del “lugar de la epístola o del evangelio”. Las lecturas bíblicas se hacen y se predica en la actualidad desde el ambón queestá a la derecha del altar. Cuando la novia entra a un templo va a la derecha de su padrino y, al llegar al presbiterio pasa a la izquierda, que sin embargo es la derecha. En cambio, los fieles estarán en los bancos y para ellos seguirá la antigua ley social de “lado de la novia” y “lado del novio”.

La derecha fue respetada siempre en estas tierras de Argentina. Todo viene de lejos. En el período hispánico, el ceremonial de la Real Audiencia establecía: “Si hubiere virreyna se hará tribuna en la iglesia catedral para que pueda asistir a las funciones colocándola al lado del evangelio detrás de la tribuna de la Real Audiencia como en la catedral de Lima, y no entrará persona alguna quando no concurriere”. Es obvio que la palabra “virreyna” se aplicaba a la mujer del virrey como hasta no hace muchos años el de “embajadora” a la esposa del embajador.

No olvido la fría tarde ovetense cuando en su catedral asistí a una clase de protocolo en lo eclesiástico. Cada uno de los participantes expusimos nuestras razones y sinrazones. La derecha brillaba y aunque quienes pensaban que en ella se encontraban sentados fueron rápidamente reconvenidos. En estas tierras argentinas, las iglesias católicas lucen en sus presbiterios la bandera nacional a la derecha y, a su izquierda la del Estado del Vaticano. Constituyen, sin duda, buenos recordatorios hasta para el más principiante en estos temas de orden.

El ordenamiento protocolar argentino ofrece ideas muy claras a nivel oficial. Claras, para los que entienden un poquito de protocolo y difíciles de captar cuando no se sabe. En el decreto 2072/93 hay una mención al funcionario que asista en representación del presidente de la Nacióna una ceremonia.

Ella deberá ser ubicada inmediatamente a la derecha del funcionario que ejerciere la presidencia del acto. Para que no se confunda o se confunda más, dispone que cuando a un acto oficial concurran el vicepresidente de la Nación y un representante del presidente –que todo puede suceder-, la derecha de la autoridad anfitriona será ocupada por el vicepresidente y, su izquierda por el representante del presidente. La derecha del anfitrión o de la anfitriona es también el sitio de honor en una mesa aun que no me detengo ahora en las llamadas mesas puestas a la francesa o a la inglesa, con una o con dos cabeceras.

Para las banderas rigen unas leyes internacionalmente aceptadas. Por lo general, a la izquierda de la bandera de un Estado soberano e independiente, se colocará la de otro Estado y de acuerdo a la cantidad –par o impar- se dispondrán las de los diversos países.La Unión Europeaposee su bandera y no puede preceder a la del Estado donde se desee ponerla.

Si aceptamos la definición tradicional de las precedencias, recordaremos que son la plasmación real del sitio que ocupan  personas, banderas, himnos y escudos en la escala valorativa de una sociedad. Por eso, a veces me sorprendo cuando observo en instituciones, empresas y hoteles, una colocación errónea de las banderas. En alguna ocasión pedí hablar con el gerente de un hotel de prestigio. En su fachada ondeaban varias banderas y junto a la argentina habían puesto la del Uruguay. Procuré explicar con un poco de delicadeza el tema sobre el cual estamos ahora conversando. Me sorprendí al escuchar la respuesta: “Sucede que, como países vecinos, la colocamos junto a la nuestra”. Admito mi falta de éxito.



Mayo 2013.

Adaptado del artículo publicado por Revista Protocolo

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