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Lula dio cátedra sobre el nuevo orden mundial en el Coloquio de Idea

El ex presidente de Brasil explicó en el Coloquio de Idea
cómo se construyeron las alianzas que permiten a Sudamérica enfrentar la
actual crisis global.

El ex mandatario brasileño dijo que otros países recurren a Brasil y

Argentina para pedir concejos.

Bajo el signo de la crisis capitalista global, el
Coloquio de Idea en Mar del Plata dedicó buena parte de sus debates a
intentar desentrañar la nueva forma que tendrá el mapa económico mundial
y el lugar que tanto Sudamérica como la Argentina pueden ocupar en esa
cartografía geopolítica del siglo XXI.

   El invitado estrella de la gran reunión
empresarial, el ex presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva, ya lo
tiene claro: tras recordar la arrogancia histórica de los países
centrales y de los organismos de crédito multilaterales como vendedores
de verdades, aseguró que ahora “ellos nos piden consejos a los
brasileños y a los argentinos sobre cómo superar la crisis”.

   “Antes de 2008 decían saber todo sobre Argentina o
Brasil, pero no supieron nada cuando la crisis fue en Estados Unidos y
en Europa”, lanzó.


Enviado especial a Mar del Plata: Antonio Di Génova

  “La salida definitiva de la crisis exige una nueva
agenda que incluya políticas de desarrollo y no de emergencia, bajar
las barreras proteccionistas que impiden a los emergentes exportar,
rever la regulación financiera internacional y evitar así la
inestabilidad en los mercados de commodities”.

   Además, resaltó que hoy América latina “tiene
antídotos” para esquivar la crisis ya que atraviesa uno de los ciclos
más promisorios de su historia al “haber encontrado caminos para superar
los grandes problemas sociales” gracias a sus economías, que son las
principales turbinas del siglo XXI.

   Todo eso y mucho más dijo Lula ante casi mil
empresarios, políticos y dirigentes gremiales —ninguno oficialista— que
colmaron como nunca el gran salón del Sheraton marplatense.

   Los mismos que hace apenas dos años aplaudieron
las arengas neoliberales del ex premier español José María Aznar, se
calentaron las palmas sin complejos cuando el brasileño del Partido de
los Trabajadores recordó que en la época de Carlos Menem o Fernando
Enrique Cardoso “se peleaban a ver quién era más amigo de Estados
Unidos”.

   Lula, pobre primero, obrero metalúrgico después y
líder sindical antes que político, le recordó al auditorio que es
mentira que para distribuir, primero hay que crecer: “Nosotros lo
hicimos al mismo tiempo y así incorporamos 40 millones de personas a la
clase media”.

   En ese marco, el brasileño rescató la “larga
amistad” que tiene con la presidenta Cristina Fernández, a quien
calificó como “amiga” y de quien dijo que, junto a Néstor Kirchner,
Dilma Rousseff y él mismo, “hicieron más por el Mercosur en ocho años
que el resto de los presidentes en 50”.

DIAGNosTICO CENTRAL. Lula se concentró en la génesis
de la crisis actual, y en las recetas que hace falta aplicar para volver
a crecer. “Las medidas tomadas desde 2008 no surtieron efecto, y ahora
vemos serias dificultades en Grecia, Portugal, España, Irlanda y España,
vemos desesperanza en los trabajadores y los jubilados y vemos con
Europa se tambalea y le pone un impuesto a los inmigrantes, que no son
los responsables del momento”.

   El ex mandatario explicó que la crisis no brotó en
la periferia del sistema ni en el sur de Europa, sino que “nació y
explotó en el corazón del mundo”, provocada por la falta de regulación
de los países y un mercado financiero muy especulativo.Ante esto, la
reacción de los gobernantes “fue de perplejidad”. Los gobiernos europeos
“accionaron para evitar la quiebra del sistema financiero, pero dejaron
desprotegidos a los trabajadores”.   

   Las inyecciones de liquidez para disolver las
deudas no atacaron la base del problema, por lo que hoy cualquier ayuda
“costará más que cuando se anunció la crisis”, lo que vaticina que
existe riesgo de una recesión duradera.

   “Hay pesimismo general, pero hay que comprender
que el problema no es meramente económico, y que es indispensable
recurrir a la política para enfrentarlo”, herramientas entre las cuales
citó la regulación financiera, las políticas anticíclicas, el fin del
proteccionismo y de los paraísos fiscales, y una reforma profunda del
sistema internacional.

NUEVO ORDEN. Bajo esas coordenadas, Lula enfatizó que hoy el mundo es
multipolar y ya no depende de lo que hagan pocas potencias: “Era muy
fácil esa época cuando alguien tomaba un buen whisky y resolvía los
problemas de la humanidad”.

   Pero el problema es que este nuevo mundo sigue bajo las leyes
estipuladas a la salida de la Segunda Guerra Mundial, tal como se
refleja en la composición del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas.

   “No es posible que en ese órgano no esté América latina, Alemania o Japón”, recordó.

   Sudamérica, dijo, tiene un horizonte despejado frente a si ya que
posee todo lo que el mundo busca o necesita: reservas de agua dulce,
alimentos y paz y democracia en el continente. “Somos 400 millones de
sudamericanos viviendo el momento más favorable en décadas”.

   Un crecimiento que se da en un marco democrático, liderado por
gobiernos de signo de centroizquierda: “Ya no encuentro en el continente
gobernantes bolivianos que hablan mejor el inglés que el castellano, y
mi frontera es con Argentina, Uruguay, Paraguay, hoy orgullosamente
puedo decir que hicimos en poco tiempo una América del Sur con Cristina,
Néstor y Dilma”.

MODELO BRASIL. Ante la adoración de los empresarios, que gustan decir
que es un estadista más que un político, Lula repasó algunos de los
grandes ejes de las gestiones petistas, en varios aspectos muy parecidos
a lo que el kirchnerismo implementó tras la devaluación.

   El ex presidente recordó que con la creación del PAC (Programa de
Aceleración del Crecimiento) en 2007, Brasil retomó después de dos
décadas la construcción de infraestructura. “Nos salteamos una
generación entera de brasileños sin grandes inversiones, y ahora hay que
recuperar eso”.

   También resaltó la importancia vital del consumo del mercado
interno como generador de empleo, y la puesta en marcha de programas de
inclusión social como la Bolsa Familia, que alcanza las 50 millones de
personas.

Elite. “Construimos un círculo virtuoso de crecimiento sustentable
con creación de empleo formal, 40 millones de personas cambiaron de
clase social y ese crecimiento de la clase media continua firme”,
afirmó.

   También contó que desde el Estado fomentaron la creación de una
nueva elite brasileña a través de inversiones en educación con escuelas
técnicas y universidades.

Fuente: La Capital

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