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Oratoria

Oratoria para persuadir

«El que no arriesga no gana», dice el viejo refrán popular; y hoy en día, en la cultura de lo instantáneo y del vértigo, parece ser un lema bastante popular. Sin embargo, improvisar a veces puede resultar un proceder muy arriesgado. Y, si lo que está en juego es nuestro propio discurso frente a un auditorio, por mínimo que éste fuere, podríamos poner en peligro nuestra propia imagen, reputación, prestigio y el de las personas, empresas o instituciones que representamos. Organizar y llevar a cabo un discurso profesional impromptu puede llevarnos a nuestro «suicidio comunicacional».

Por Lic. Antonio Di Génova

La palabra oratoria es un vocablo que se origina del latín y significa el arte de hablar con elocuencia, es un género literario que se concreta en distintas formas, como el discurso, la disertación, la conferencia, etc. La oratoria es el arte de hablar o comunicarse oralmente con otras personas con el objetivo de informarles, enseñarles, instruirles, venderles algo o persuadirlas sobre algo en particular.  Los buenos comunicadores y expertos en comunicación persuasiva son los más requeridos en el mercado laboral y en todas las empresas.

Persuadir no es manipular, manipular es obtener del otro una determinada respuesta a través de subterfugios y en dónde lo único que importa es la satisfacción de nuestros propios intereses. La persuasión, en cambio, no es algo que una persona ejerza sobre otra. Es un medio por el cual las personas colaboran unas con otras en la conformación de sus versiones de la realidad, privadas o compartidas. Entraña cambios recíprocos en actitudes y conductas.

Reconocer que la Oratoria puede ser una debilidad en el propio perfil profesional puede ser el primer paso a la solución razonada del problema. Existen programas de capacitación y entrenamiento en el que se utilizan técnicas muy fáciles de aprender, recordar y aplicar. Entre los conceptos más importantes se encuentran: preparar la exposición con anticipación, para que ésta sea clara, breve y concisa; organizar el contenido de alocución; ensayar lo que se va a decir; apoyar los dichos con evidencias, estadísticas, informes, etc.; basar todas las afirmaciones en opiniones expertas, nunca en opiniones propias o pareceres;  determinar «a priori» la imagen que se desea transmitir; expresarse con profesionalismo, de acuerdo a los códigos y registro discursivo que el auditorio demande;  comenzar, desarrollar y terminar la exposición con entusiasmo; realizar un cierre cordial, en el que se remarque el valor del mensaje, para que se distienda el clima, y  su disertación llegue a un feliz término; y por último y fundamental: «no arriesgar.»

Lic. Antonio Di Génova

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