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Planificación

La planificación Congénita

Para poder lograr alcanzar objetivos consistentes, con real sustento prospero, es inminente la necesidad de implementar una habilidad cotidiana, la planificación.

Históricamente, podemos atribuir la destreza de planificar, al "Arte de la guerra". El antiguo exponente, que ha tenido mayor claridad y consenso en sus razonamientos, ha sido el autor clásico chino, Sun Tzu. En la era moderna podemos encontrar al general prusiano, llamado Carl Von Clausewitz (1780- 1831) con su obra "De la guerra".
Ambos, son iconos de consulta persistente para todo lo referido a estas prácticas.

Por Lic. Juan Martin Torchiaro, especial para RedRRPP

A lo largo de los años, el concepto de planificar se ha tornado emparentado con el mundo organizacional. El surgimiento de una idea interesante, la dificultad para encarar un nuevo negocio, han vislumbrado la profunda necesidad de establecer una metodología lógica que permita cristalizar empíricamente ese deseo intangible. La planificación estratégica, a juzgar por sus particularidades, logro convertirse en la disciplina idónea para alcanzar y perseguir objetivos organizacionales.
Sin embargo, actualmente, es incesante la búsqueda de profesionales que realmente puedan plasmar cotidianamente el arte de planificar. Con frecuencia, gerentes y directores de empresas deben tomar decisiones de envergadura, dentro de un marco de improvisación e incertidumbre. Esta circunstancia, se debe a la carencia de perfiles que perciban una actitud analítica, que establezcan un pensamiento más amplio, teniendo en cuenta, imprevistos, sorpresas, factores exógenos y endógenos futuros.

A mi entender, la planificación no solo contribuye a la hora de plasmar un objetivo, sino también, procura brindar información objetiva para la toma de decisiones.
Vale decir entonces, que la planificación ocupa una posición indispensable para gozar de una supervivencia, acorde al mercado global al cual estamos inmersos.

Interpretando las afirmaciones realizadas anteriormente como validas, y siendo un fiel adorador de la planificación estratégica, me atrevo a decir que la planificación, valga la redundancia, es un elemento congénito en la vida cotidiana del ser humano.
Habitualmente, sin darnos cuenta, realizamos pasos secuenciales y lógicos que nos posibilitan alcanzar pequeñas metas.
Escarbando mas afondo en el correspondiente razonamiento, propongo un ejemplo simple, pero que espero logre una clarificación certera de lo que quiero transmitir.
De forma diaria, una persona que debe ingresar a su puesto de trabajo dentro de un horario determinado, realiza infinidad de acciones coherentes. Analiza el horario en el cual tiene que levantarse, calcula el tiempo para preparar su desayuno, estudia el comportamiento climático, observa desvíos en los medios de transporte, dilucida cual de ellos es el mas efectivo para movilizarse, etc.
A grandes rasgos, ¿Que es lo que estamos haciendo? Analizar variables internas y externas, tomar decisiones y ejecutar acciones. En síntesis, evaluamos estratégicamente en base a nuestras fortalezas, cual es son los requerimientos necesarios para alcanzar nuestro objetivo, en este caso, arribar a nuestro puesto de trabajo en tiempo y forma. Naturalmente, estamos planificando señores.
Este mero ejemplo, nos presenta la oportunidad de comprender como infinidad de veces, de forma inconciente, elaboramos acciones y sistemas complejos que nos llevan a concretar nuestras propias aspiraciones.
Al igual que en el campo de los negocios, muchas veces, nos enfrentamos a imponderables que exceden nuestra capacidad de reacción, y el objetivo debe ser abortado momentáneamente. Pues de eso trata, ninguna disciplina, capacidad o destreza nos asegura la efectividad absoluta. No obstante, quien tenga la facultad de premeditar sus comportamientos, y lo acompañe la siempre necesaria fortuna, seguramente va estar mas propenso a obtener el tan ansiado resultado.

Esta pequeña reseña, intenta reflejar una suerte de optimismo para el desembarco definitivo del planeamiento dentro del ámbito organizacional. Concientizar y demostrar los beneficios que surgen a raíz de utilizar su metodología, propicia el surgimiento de organizaciones más estables y duraderas.

Para concluir, podemos decir que el arte de planificar puede ser una característica innata en el individuo. A pesar de ello, debe ser construido y alimentando por nuevas técnicas y bibliografía calificada de forma constante.
Queda en nosotros dejarlo salir, demostrar su valor, e instaurarlo como concepto y dinámica permanente, en toda organización.

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