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Precedencias

Las precedencias




Llevo muchos años dedicado a  la organización de ceremonias y me parece,
que junto con otros muchísimos colegas, hemos  tenido los mayores
disgustos cuando de precedencias se haya tratado. Es cierto que en
nuestra tarea es posible escuchar palabras de aliento y de cordialidad
por parte de los invitados, especialmente cuando nos dicen que no nos
preocupemos por ellos puesto que se ubicarán donde sea. Sin embargo eso
no es posible puesto que para eso existen las precedencias, nuestras
aliadas amigas.





Por Roberto Sebastián Cava
En las aulas de la ovetense escuché la definición más clara de las precedencias de labios de don Felio A. Vilarrubias. Han pasado los años y atesoro todo lo que me trasmitieron mis maestros. Don Carlos Fuente aparece también en mi memoria en las tardes frías de invierno incursionándonos en el Protocolo en la empresa, sus implicancias y la delicada tarea de llevar a ese ámbito temas que parecían originarios de otros.  Después he procurado no ser avaro y he trasmitido las lecciones no olvidadas.

¿Qué es una precedencia?   Ante la pregunta he respondido siempre de manera sencilla: Es la aplicación de los números ordinales o la ordenación según un antes y un después o la  anterioridad en  el orden. ¿Me permiten que repita algo? “Las precedencias  son la plasmación real del puesto que personas, banderas e himnos ocupan en la escala valorativa de las instituciones”.

En una ocasión iba yo a comenzar un curso de Protocolo y Ceremonial y se acercó a mí un antiguo embajador y precursor de la enseñanza de nuestras disciplinas en Argentina. Me dijo al oído: “Hable usted de precedencias en primer término porque sin ellas no hay protocolo”.

Con motivo de mi primera tesina para la Universidad de Oviedo tuve oportunidad de investigar  pacientemente en el Archivo General de la Nación. Allí encontré  las  que denominé “trazas de ceremonial” en el antiguo virreinato del Río de la Plata. El Cabildo y la Audiencia me proporcionaron abundantes ejemplos sobre las precedencias. Después y a partir de 1810 cuando se produjo el hecho patrio, aparecieron numerosísimas  disposiciones que llegan hasta la actual norma jurídica, el Decreto 2072/93. En él se establecen los órdenes de precedencia protocolares en la Argentina.

Para establecer las precedencias España posee el Real Decreto 2099/1983 y la mayoría de los países del mundo tienen también sus normas particulares. Las precedencias se llevan a la práctica utilizando las siguientes formas: por orden alfabético, por antigüedad, por cortesía,  por una norma jurídica y por analogía. Con ellas es posible solucionar todas las situaciones que se presenten.

El principio de la antigüedad rara vez será conveniente usarlo para personas de existencia física. En cambio las personas jurídicas encuentran en él su sitio. Algunas anécdotas pueden colaborar para esclarecer más este principio. Algo imposible de cumplir es el servicio de  un aperitivo a un grupo de señoras de acuerdo al principio de antigüedad. Las  torvas miradas de las damas nos trasmitirán de inmediato una recriminación.  En cambio cabe perfectamente en el momento de conceder una precedencia al presidente de una empresa. No se trata de tener en cuenta la edad  del empresario sino  la fecha de creación de esa actividad económica.

El de la cortesía es quizá el principio que podemos usar con mayor amplitud. Sin tener una obligación podemos conceder una ubicación a la esposa de un empresario o al esposo que acompaña a su mujer y es la presidenta de la empresa. Son concesiones “graciosas” que damos en el ejercicio de nuestra profesión. En Argentina este principio tiene un lejano antecedente. “Si hubiere virreina se hará tribuna en la iglesia para que pueda asistir a las funciones colocándola al lado del evangelio detrás de la tribuna de la real audiencia como en la catedral de Lima, y no entrará persona alguna en ella cuando no concurriere”. Por entonces se daba el nombre de virreina a la esposa del virrey. Un uso que continuó también  equívocamente en nuestro idioma con el empleo del sustantivo “embajadora” a  la mujer del embajador.

Las precedencias por una norma jurídica que es el caso del Real Decreto español y los decretos de numerosas naciones  nos brindan unas ayudas invalorables. Me desempeño en una universidad y por eso quizá me resulta más fácil la tarea. El Rector preside siempre las ceremonias y está en él la cesión por cortesía  ante la presencia del Jefe del Estado. De todas maneras como no son actos oficiales sino ceremonias académicas, el buen hacer nos llevará a explicar con paciencia  la figura del Rector en una universidad. Me consta que en varias ocasiones un jefe de Estado dejó de asistir a una ceremonia al saber que el  rector lo ubicaría a su derecha sin cederle la presidencia.

No hace mucho leí unas palabras de un grande del jazz. El expresó  que “en una partitura no hay swing”, porque sólo puede darse en la ejecución”. Me apropio de su frase y la aplico a  nuestra  disciplina cuando de precedencias se trata. En  el actuar tenemos muchas ocasiones de seguir fielmente los grandes principios. Viene a cuento una anécdota. Don Felipe de Borbón iba a recibir el título de “Bachiller jurídico honoris causa” en la Universidad de Buenos Aires. Tenía a mi cargo la realización de la ceremonia y a último momento, con las precedencias  aprobadas  para el estrado, se presentó una persona. Recuerdo bien la disposición de la presidencia. Eran once sitiales y aquel buen hombre trató de convencerme para transformar todo y colocar a doce. “¿No se puede colocar una sillita más?”, fueron sus palabras.   A veces podemos jugar con las precedencias pero con fundamento. En aquel caso no existía.

Publicado en Revistaprotocolo.es

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