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Propaganda política

“Los electores son conscientes de la puesta en escena del debate”

Este es un año de elecciones en el continente y los debates han se han consolidado como un foro generador de información para los votantes. José Carlos Antón, Director Senior para la Región Andina de la consultora J.A Llorente y O. Cuenca ha analizado el encuentro entre Alan García y Ollanta Humala, candidatos a la Presidencia de Perú y concluyó que el debate es, en definitiva, una batalla y no una mera exposición de ideas, un formato que actúa como un refuerzo del juego democrático donde el más interesado en su celebración es siempre el que va segundo en las encuestas y que no tiene nada que perder.

¿Qué puede esperar la ciudadanía de un debate electoral? ¿Y los políticos?

Para los ciudadanos, el debate electoral es, sobre todo, un modo de ver en acción a su candidato: comprobar hasta qué punto tiene claras las ideas, propuestas, acciones sobre los temas de su interés: salud, educación, seguridad, etcétera, pero sobre todo verlos en acción: su carisma, su actitud, su liderazgo, su inteligencia, su habilidad… Los debates electorales se parecen, de alguna manera, a los mítines de los partidos políticos: sirven en especial para afianzar ideas preconcebidas o justificar prejuicios ya existentes en torno a la figura de un candidato y partido político al que representa. A los mítines van los seguidores, ciudadanos casi convencidos que necesitan refuerzo, rearme, fuerza. Los debates suelen dejar más convencidos a los que ya lo estaban. En cambio para los políticos es una forma más de continuar exponiendo sus ideas, su programa, su exposición pública, en definitiva, un paso más, importante, porque es televisado ante millones de personas-electores, de su “plan de marketing”. El debate se convierte así en una herramienta que tiene sobre todo el candidato o candidatos que van por detrás en las encuestas e intención de voto para tratar de “robarle algunos miles de votos” al candidato favorito. Y salvo en elecciones muy ajustadas, no suelen decidir por sí mismos las elecciones.

 

El debate entre los candidatos Ollanta Humala y Alan García fue calificado por la prensa como vacío y sin propuestas. ¿Qué características debería tener un debate eficiente?

El debate, en sentido estricto, es una batalla, una confrontación entre dos antagonistas donde uno debe “batir” al otro. No debe convertirse en una mera exposición de ideas y propuestas, en función de los que marque un guión previamente establecido y del que nadie se puede escapar. En el caso de Perú casi todas las ideas y planteamientos expresados por los contendores ya han sido escuchados por los ciudadanos muchas veces a través de los mítines, las entrevistas y las declaraciones en los medios de comunicación. Hay que recordar que en Perú, al contar con un sistema de elección a doble vuelta, la campaña y pre-campaña llevan ya casi 6 meses. Desde mi punto de vista el debate sí tuvo aspectos interesantes a analizar. Por ejemplo, ¿el retraso de 20 minutos del candidato Humala fue premeditado para desestabilizar a García? La forma de vestir de los candidatos: un García formal en traje elegante, frente a un Humala más informal, sin corbata, pero que había guardado su tradicional camiseta roja con el símbolo de su campaña; o la actitud agresiva de un Humala que tenía muchas cosas que demostrar por ser un neófito de la política frente a la actitud serena de un ex presidente con muchos anticuerpos de radicalismo en su pasado… Quizá si hubiera habido una mayor flexibilidad y libertad en los temas a ser tocados por los candidatos, una pizca más de humor, un gusto por la polémica bien entendida, por ganar al otro con argumentos, el debate habría sido sin duda más atractivo para los votantes, y también para las televisiones, que además de una buena noticia, habrían contado con un muy buen programa de entretenimiento y espectáculo televisivo.

 

Usted sostuvo en una columna publicada en el diario Correo de Perú el mismo día del duelo García-Humala que “los debates no se ganan, se pierden”, ¿Vale la pena, en ese caso, correr un riesgo tan importante?

Normalmente los debates son insistentemente pedidos por los candidatos que van segundos o terceros en las encuestas. Tienen menos que perder que el candidato favorecido por las preferencias populares. En Perú, paradójicamente, el primero en pedir un debate fue el propio Alan García cuando en la primera vuelta aparecía en tercer lugar en la intención de voto de los peruanos detrás de Lourdes Flores Nano y el propio Ollanta Humala; tras pasar a segunda vuelta y liderar las preferencias de voto Alan García, Humala fue el que provocó a García, incluso retándolo en un spot publicitario, instándole a debatir aún a sabiendas de que el candidato del APRA era precisamente reconocido por su oratoria y capacidad para la discusión de ideas. En España, ni Felipe González ni José María Aznar se mostraban muy dados a debatir cuando tenían altos índices de aprobación y los barómetros electorales les auguraban holgadas mayoría absolutas. Por último, el debate suele ser visto con un énfasis especial en países que tienen instituciones aún poco sólidas o sistemas democráticos aún incipientes, como es el caso de Perú, por ejemplo,  como instrumentos imprescindibles para el intercambio democrático de ideas y propuestas; en definitiva, como un elemento de refuerzo del juego democrático. Es difícil, por tanto, para cualquier candidato “escaparse” y no participar.

 

Si un candidato se ha mostrado a lo largo de la campaña con un perfil agresivo, ¿le conviene moderarse en un debate? ¿Se le podría tachar de inconsecuente por ello?

Efectivamente, un candidato debe ser consecuente con sus ideas y planteamientos iniciales. No puede cambiar totalmente su estrategia porque podría perder buena parte de la credibilidad mostrada en la primera parte de la campaña electoral. En el caso de Humala, un 30% de los peruanos le han dado a este candidato su voto precisamente por esa agresividad en su actitud y mensajes; convertirse ahora en un jugador más moderado o suavizar su discurso para ganar votantes que no veían con buenos ojos ese radicalismo, podría ser interpretado como un cambio radical y hacerle perder muchos votos. Quizá, una estrategia mixta podría ayudarle: mensajes agresivos y actitud conciliadora.

 

¿Está la gente más “inmunizada” a los efectos de estos foros televisivos?

Desde mi punto de vista lo que sucede en la mayoría de las ocasiones es que el debate en sí, su esencia, se va viendo de alguna manera opacado por el brillo de lo que rodea al debate. El maquillaje llama más la atención que la propia cara. Creo que los electores cada vez son más conscientes de toda esta puesta en escena, de todo el “glamour” que los propios partidos políticos dan al debate, al igual que los medios de comunicación, que llevan a cabo grandes despliegues en su cobertura con análisis antes, durante y después, las encuestas post debate para ver quién lo ha ganado o perdido y por qué, el espectáculo es lo que cuenta, y desde el punto de vista del entretenimiento es un formato ideal para los electores.

 

¿Cuáles son las debilidades y fortalezas de la clase política a la hora de enfrentarse a los medios de comunicación?

 

A los políticos les pasa como a los empresarios, deportistas, artistas o como a cualquiera que tiene que enfrentar un proceso de comunicación: los hay que se preparan muy bien, estudiando sus puntos fuertes y débiles, y ensayando varias veces su presentación,  y los hay que se fían más de su capacidad de improvisación e histrionismo. Normalmente, porque también hay excepciones, el que se prepara a conciencia y es consciente de sus fortalezas y debilidades estará en mejores condiciones se ser eficaz en un proceso de comunicación que el que se deja llevar por su “feeling” o propia opinión.

 

¿Qué opina de la manera de relacionarse con los medios de los mandatarios latinoamericanos? ¿Les daría algún consejo?

Ser accesible a los medios de comunicación y entender su papel en la formación de la opinión pública es no sólo inteligente, es también la obligación de cualquier gobernante. Los gobernantes trabajan para los ciudadanos y es su obligación informar con rigor y transparencia de su gestión.

Fuente: PR Noticias    

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