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Protocolos y Periodismo

Protocolos y Periodismo



La democracia precisa de otro prototipo de periodista y de otra manera de hacer la información.

El
respeto de los derechos humanos y la preservación de la democracia
necesitan del “buen hacer informativo”, tarea que no puede quedar
librada a su suerte o cargarse a la cuenta de los periodistas o los
editores responsables, mucho menos de los empresarios. Si la libertad de
prensa no es un derecho absoluto, eso quiere decir que puede ser objeto
de discusión y regulación pública.


Con la protocolización del
quehacer periodístico se busca adecuar el tratamiento informativo de los
hechos a los estándares internacionales de derechos humanos.
Protocolizar significa establecer una serie de criterios que orienten la
redacción o presentación de una noticia en radio o televisión.

La protocolización implica abandonar el modelo de periodismo forjado en
el siglo XIX, que sostiene que el periodismo, como cualquier oficio, es
algo que se aprende en la calle, en la sala de redacción, midiéndose con
la máquina de escribir todos los días, al lado de un maestro-referente
que apadrina o guía, que sabe trasmitirnos los secretos del oficio de
escribir. Esta visión romántica es tributaria de la historia que le
tocó. Hoy en día, las sociedades son mucho más complejas, hay más
conflictos, más actores con más problemas y esos problemas, con todos
sus actores, deben ser atendidos no perdiendo de vista los estándares
internacionales de derechos humanos, las viejas y nuevas conquistas
sociales producto de las luchas previas que el propio Estado debe
garantizar. La democracia necesita de otro prototipo de periodista y de
otra manera de hacer la información.

Hace rato que la labor
periodística viene siendo objeto de reflexión y regulación. Prueba de
ello son los “manuales de estilo” y “los códigos de ética”. El problema
que tienen estos marcos normativos es que son declamativos: sólo
estipulan principios enunciativos que no tienen un carácter vinculante
para los editores o periodistas. Se trata de declaraciones de principios
que sólo obligan moralmente al periodismo. Estos códigos deontológicos
funcionan de la misma manera que los Diez Mandamientos: sólo se limitan a
decirnos lo que no debemos hacer, pero nunca nos dicen cómo debemos
hacer para no hacer lo que no se debería hacer.

Por el contrario,
los “protocolos de procedimiento profesional” no son tratados morales,
una declaración de buenas intenciones, un listado de aspiraciones. No
establecen principios, sino procedimientos a los que debe adecuarse la
producción periodística. Se trata de hacer del periodismo un acto
deliberado y no automático o romántico. Cuando escribe la noticia que
eligió o le dijeron que escriba, el periodista deberá seguir
determinados pasos. Con ello se busca tener en cuenta y respetar los
derechos de los actores involucrados en cada noticia, así como también
garantizar la calidad informativa para enriquecer el debate que
necesitan las democracias.

El objeto de los protocolos no es el
contenido, sino el procedimiento. No le dicen al periodista qué tiene
que decir, sino cómo hacerlo; no le dicen sobre qué escribir, sino cómo
debe hacerlo para que no vulnere los derechos de las personas
involucradas en esa noticia y para que la ciudadanía reciba información
de calidad.

Otra diferencia con los códigos deontológicos hay que
buscarla en sus autores. Si los manuales de estilo son redactados por
las empresas periodísticas y los códigos de ética por los gremios de la
prensa, los protocolos son el resultado de un debate colectivo que debe
involucrar a diferentes actores donde, además de las empresas
periodísticas y los periodistas, contemple las carreras de comunicación
social y periodismo con sus equipos docentes, investigadores y
estudiantes; los distintos movimientos sociales; sindicatos; partidos
políticos; el Estado; juristas; otras organizaciones de la sociedad
civil, etcétera. El debate sobre la información no puede ser un debate
corporativo, tiene que ser el fruto de una discusión abierta y vigorosa.

En
definitiva, los protocolos son instrumentos a través de los cuales la
ciudadanía podrá después pedir que el periodismo rinda cuentas por las
noticias que escribió. Esto es lo que algunos han llamado Sistema
Ciudadano de Rendición de Cuentas de los Medios, que funcionan como
mecanismos de equilibrio y contención de los medios. Si la sociedad
civil no cuenta con sistemas de control externos, si los mass media
están exentos de cualquier tipo de control social (y que conste que no
digo gubernamental), tienden a desbordarse y a pensar la realidad con
los intereses de las empresas. Cuando eso sucede –como ahora–, estaremos
en problemas. No sólo la democracia, sino la vigencia de los derechos
humanos.

Por Esteban Rodríguez. Profesor de Derecho a la Información en la UNQ, autor de Contra la prensa y Justicia mediática.



Mayo 2013.

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