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Publicidad y RR.PP.

Acciones publicitarias que derivan en

problemas de Relaciones Públicas:



La publicidad ofensiva, en su pico histórico



Semana a semana se conocen casos de avisos de cualquier tipo de medios
que son levantados por sus anunciantes a causa de las continuas quejas
de sectores del público. Después del levantamiento siempre llegan las
disculpas -a menudo estereotipadas- de las empresas, que tratan de
reparar el daño que se produjo a su imagen en la opinión general. En
esta época de redes sociales, el problema se acentúa, porque se han
borrado los límites de los países, e incluso de los idiomas. Los últimos
casos afectaron, hace apenas algunas semanas, a firmas como PepsiCo,
Hyundai, Ford, General Motors y McDonald’s. Son demasiado grandes como
para tomar el asunto a la ligera.



La gráfica de Ford que causó polémica ne la India

 

Un extraño fenómeno ocurre a nivel mundial con la
publicidad: los anunciantes están retirando una cantidad inédita de
avisos, tras una serie de reclamos de particulares y organizaciones
varias que consideran a esas piezas como ofensivas para el público o
determinados sectores. El proceso ha crecido de tal manera que una nota
de Advertising Age comienza con una frase indudablemente
exagerada, pero que describe vívidamente el estado de cosas: “Los
anunciantes están retirando avisos tan rápidamente como los están
produciendo”.


Una escena de los comerciales de Mountain Dew que PepsiCo debió retirar de las pantallas tras las acusaciones de tener contenido racista y misógino.

Y no se trata, como alguno podría pensar, de
pequeñas empresas, que buscan en el escándalo una repercusión que no
tendrían de otra manera. Han caído en esta sucesión de retiros avisos de
PepsiCo, para Mountain Dew; General Motors, para su SUV Chevy Trax;
Hyundai, para su modelo IX35; Ford Motor, para un aviso de Ford Figo
realizado en la India, y McDonald’s, que retiró una pieza publicitaria
en la ciudad de Boston. No son, por cierto, los únicos casos, pero su
simple mención revela que, por lo menos, hay una llamativa falta de
control en las empresas, que cuando quitan de la superficie a las piezas
controvertidas deben hacer un pedido de disculpas que no alcanza a
borrar en muchos la sensación de descontrol con su material
publicitario.

En Boston, un aviso de McDonald’s aparenta a
primera vista una pieza de bien público referida a la salud mental. En
ella aparece una mujer con su cabeza en las manos, en clara situación de
congoja. Luego se les dice a los amantes del Big Mac que “ustedes no
están solos”, y añade un número telefónico 0-800 para llamar. El
profesor David Yamada, del Boston Business Journal, que realizó la
llamada personalmente, comprobó que la llamada conduce a las oficinas de
McDonald’s, y luego criticó duramente al aviso en su blog. Varias
publicaciones de la ciudad recogieron el episodio para armar sus
artículos. Para Yamada, el aviso “toma en broma a los avisos de bien
público para gente que puede necesitar un consuelo en su enfermedad
mental”, y representa “un nuevo punto bajo para la cadena de fast-food
en su comunicación publicitaria”.

En una declaración a la revista Time,
McDonald’s niega haber aprobado el aviso, y culpa a un “error en el
proceso de marketing” su aparición. En su nota, la cadena afirma tener
“una rutina de aprobación vigente” y que “lamentablemente, en este
incidente ese proceso no fue seguido”.

Arnold Worldwide, la agencia de Boston que creó el
aviso, también debió pedir disculpas y decir que la publicación del
aviso fue “un error no intencional”. Pero, como suele decirse en estos
casos, el daño ya estaba hecho.

GM y Hyundai

Pocos días después del caso Boston, le tocó a
General Motors sumergirse en el mismo problema. Esta vez se trató de un
aviso de TV para su nuevo compacto Chevy Trax, que provocó protestas por
el uso de una canción cuya letra fue considerada ofensiva para la gente
de ascendencia china.

El aviso, que empezó a emitirse en la televisión
canadiense el 4 de marzo, fue después reformado con una banda de sonido
diferente. Pero ya había sido objeto de un artículo del diario en idioma
inglés South China Morning Post, que forzó a GM a retirarlo del aire. Ya había aparecido, también, en sitios Web de las operaciones europeas de la automotriz.

La pieza utilizaba una canción llamada “Oriental Swing”,
de 1938, en cuya letra se agregaron temas de las geishas japonesas y
sheiks árabes que resultaron ofensivas para los denunciantes. General
Motors pidió disculpas por el uso de esta canción a pocos días del
lanzamiento del aviso, “debido a la letra objetable de la canción
utilizada en la banda de sonido del spot”, dijo en una declaración.
“Lamentamos el uso de un contenido inapropiado. Estamos realizando una
completa revisión del nuestro proceso de aprobación para asegurarnos de
que esto no vuelva a ocurrir en el futuro”.

Pero GM no estaba sola en la industria automotriz
para enfrentar estas cuestiones. No se habían apagado los ecos del caso
Chevy Trax cuando apareció un aviso de la empresa surcoreana Hyundai que
fue más allá en desafiar los límites de la aprobación pública. En esa
pieza, llamada “Pipe Job”, se ve a un hombre sentado en un
Hyundai IX35 estacionado en un garage privado, recibiendo las
emanaciones de monóxido de carbono que provienen del motor del auto, en
un claro intento de suicidio. El individuo espera morir, pero de pronto
se encienden las luces del lugar, se abre la puerta y aparece la tagline
“El nuevo IX35 con 100% de emisiones de agua”. El presunto suicida se
ha salvado porque el auto emite, al parecer, bajas emisiones de monóxido
de carbono.

Una dramática vinculación con el aviso pudo leerse días después en una columna de Advertising Age escrita por B.L.Ochman, presidenta de whatsnextonline.com, quien al
final de su análisis dice que su propio padre murió en las mismas
circunstancias, cuando ella tenía dos años y medio. “Ver ese aviso me
golpeó directamente en el corazón. Estoy segura de que decenas de miles
de chicos que sufrieron algo igual comparten este sentimiento. Espero
que la próxima vez, Hyundai piense, al realizar un brainstorming, qué
palabras e imágenes puedan afectar a otras personas”.

La automotriz, tras retirar el aviso, dijo que “no
tuvo intención de usar ese spot”, aunque de hecho ya estaba online en el
momento de aparecer en TV. “Entendemos que algunas personas pueden
haberlo hallado ofensivo”, señaló. “Estamos muy tristes si hemos
ofendido a alguien. Ya hemos retirado el video y no tenemos intención de
volverlo a usar en nuestra publicidad o marketing”. Las mismas
palabras, más o menos, que todos los otros pedidos de disculpas.

Para curarse en salud, la filial estadounidense de
Hyundai se distanció enseguida de su contraparte europea. “Nosotros
estamos impactados y entristecidos por la descripción de un suicidio en
un inapropiado video inglés que mostró a un Hyundai. El suicidio merece
una discusión inteligente, no este tipo de tratamiento”.

Ochman se pregunta, mordaz: “¿Ustedes creen que el
aviso fue concebido, puesto en un storyboard, hecho un casting, filmado y
editado sin el conocimiento de Hyundai? Si eso es verdad, yo soy la
reina Isabel”.

Y siguen las firmas

En la India, un caso muy difundido fue el de Ford
Figo, una pick up que mostraba en su parte trasera al propio ex primer
ministro de Italia Silvio Berlusconi junto a varias mujeres atadas y
amordazadas. El aviso fue producido por la agencia JWT India,
perteneciente al grupo WPP, y también apareció en marzo. La agencia
despidió a dos de sus empleados. En todos estos casos, la idea
predominante es que muchos publicitarios, en su deseo de destacarse y
recibir felicitaciones de sus colegas dentro y fuera de sus agencias, se
internan en caminos peligrosos que, cuando trascienden a la opinión
pública, se vuelven un bumerán para sus autores.

Mountain Dew, la bebida de PepsiCo, también se vio
inmersa en un desastre de relaciones públicas después de que varios de
sus comerciales, protagonizado por el rapero Tyler, The Creator, fueron
criticados ferozmente “por su contenido racista” y por “hacer normal la
violencia contra las mujeres”. En las piezas aparece una cabra (“Felicia
the goat”) que se ensaña contra una camarera por no haberle servido
suficiente cantidad de la bebida. La voz de la cabra es la de Tyler, y
en los distintos spots de la serie aparece amenazando duramente a la
aterrada empleada, que huye despavorida del lugar. Las críticas
arreciaron durante la proyección de los tres cortos, y el experto en
finanzas Boyce Watkins escribió un artículo titulado “Mountain Dew lanza
el comercial más racista de la historia”, que se convirtió en viral.

El profesor Watkins publicó una durísima
descripción de los elementos “racistas” del aviso; “Por supuesto, en el
mundo de Mountain Dew, cada sospechoso es de raza negra. No sólo las
personas negras normales, sino también los desagradables personajes que
pueden hallarse en el medio de cualquier show de hip-hop.

Mountain Dew ha creado un nuevo record bajo de
racismo corporativo. Su decisión de apoyarse sobre los estereotipos
raciales bien conocidos es absolutamente repugnante”.

La marca de Pepsi apeló luego a Twitter para
disculparse. El tuit dice: “Hola, amigos, cometimos un gran error y
retiramos el video ofensivo de todos nuestros canales”. Tyler también
hizo algo similar, pero su tuit no lo mostró tan arrepentido.

Una larga historia

Por cierto, la publicidad ofensiva no es invento de
estos tiempos. Siempre hubo casos que despertaron, en mayor o menor
medida, la indignación de grupos étnicos, entidades de bien público y
sectores determinados de la población. La técnica de la trasgresión fue
muchas veces fructífera: tal vez el caso Benetton, a lo largo de los
años, sea el más conspicuo. En la mayor parte de sus avisos, la compañía
italiana encaró temas tabúes con la supuesta intención de que dejen de
serlo, pero con el claro propósito de llamar la atención y, en lo
posible, despertar indignación en el público para que los comentarios
amplifiquen el impacto.

En muchos avisos trasgresores se esgrimió el
argumento de que todo se reducía a  una utilización del humor. Un
experto finlandés comentó al respecto que “si la publicidad incluye una
foto ofensiva de un particular grupo de personas, diciendo que se trató
de un recurso humorístico y no debió tomarse seriamente, esa explicación
no constituye una excusa válida. Además de la campaña en total, cada
parte de la campaña debe cumplir con los requerimientos de la Consumer
Protection Act”.

Otra organización que ha sido objeto de numerosas
críticas a lo largo del tiempo por su publicidad es PETA, la entidad
defensora de los derechos de los animales. Sus avisos son a menudo
extremos, crueles, cuando no francamente exagerados. La mira de los
observadores se ha puesto sobre todo en el tema de la desnudez. “La
desnudez para llamar la atención no es nada más que un truco barato que
PETA ama utilizar. Es más, PETA es engañosa tanto en su publicidad como
en los orígenes de los avisos creativos, que a veces son tomados de
otros anunciantes”, dice un analista de Adrants. “Sabemos que las
tácticas de PETA parecen exitosas, porque no en vano es una organización
que tiene dos millones de miembros, y que cuando ellos aprietan el
botón de ‘ofender’, el efecto se proyecta en todas direcciones. Cuando
la entidad vincula a la industria de la carne con el holocausto, parece
concentrarse en las ‘mujeres ofendidas’. Nunca lo hacen con las
transexuales, ni con las obesas. ¿Qué hay detrás de ese odio a las
mujeres, PETA?”.

 

Con distinta vara

Pero mientras los casos de levantamiento de avisos y
las disculpas corporativas se multiplican, muchos se preguntan por qué
razón ese fenómeno sigue en aumento. Después de todo, esto provoca para
las empresas una pérdida masiva de tiempo y dinero, para no hablar de
los efectos de la mala publicidad. Y está claro que lo que aparece en un
país ya no se limita a ese país, por efecto de los medios sociales. La
prensa negativa se extiende como el fuego sin control a lo largo de los
husos horarios y los idiomas.

Sin embargo, hay otra mirada que se fija sobre esta
cuestión de ofensas y ofendidos. Chris Moerdyk, en Themediaonline, dice
que “si hay que tener en cuenta el nivel de pequeñez de las quejas
dirigidas a las autoridades de control de la publicidad, los
consumidores globales parecen ser ahora mucho más sensibles respecto de
lo que ven en los avisos”. Agrega que “como resultado, más y más piezas
que hubiesen pasado sin problemas hace 20 años, ahora son retiradas de
las pantallas de los cines y la TV, y de las páginas de diarios y
revistas”.

El analista sudafricano de marketing se pregunta
después si la actitud de ciertos países como Gran Bretaña y Sudáfrica ha
invitado a la gente a quejarse libremente de los avisos, “algo que
hacen con mayor facilidad y diversión que el crucigrama de todos los
días”.

“La industria de la publicidad no es inocente. Lo
que ha pasado en la última década es que la competencia por atraer la
atención de los consumidores se ha incrementado enormemente, y eso
provocó que muchos anunciantes tuvieran que recurrir a todo tipo de
cosas para llamar la atención”, observa.

Pero Moerdyk se plantea “por qué muchas cosas que
se objetan en la publicidad pasarían sin objeciones en los cartoons de
los diarios, y por qué motivo escenas al rojo vivo, eróticas o
directamente pornográficas -para no hablar del contenido de increíble
violencia- pueden desarrollarse en las películas o en los shows
nocturnos, y no en avisos publicitarios. Por alguna razón, la publicidad
está controlada mucho más duramente que todo el resto de la
comunicación”.

Muchos expertos han respondido a estas inquietudes,
diciendo que la publicidad tiene un rango de penetración en el público
más extendido que el cine (que tiene restricciones de edad) y los shows
nocturnos de carga indisimulablemente sexual. Pero es tema es muy
complejo: la TV también tiene amplia penetración, y, en teoría, posee
franjas de protección a la minoridad, pero a menudo esas normas no son
respetadas, ni en el contenido de los programas ni en los avisos.

Hay muchos tipos de ofensas que pueden pergeñarse
en la publicidad. En general se considera a los siguientes géneros como
los más transgresores de los niveles aceptados: publicidad de bebidas
alcohólicas, cigarrillos, preservativos, anticonconceptivos femeninos,
productos de higiene femenina, ropa interior femenina, servicios
fúnebres, juego, ropa interior masculina, productos farmacéuticos,
publicidad política, grupos extremistas raciales, denominaciones
religiosas, enfermedades sexuales y programas de reducción de peso.

Pero mientras haya anunciantes que den luz verde a
los contenidos controversiales que producen sus agencias, o controlen
sus avisos con lenidad, para no hablar de cuando inciten a sus
publicitarios a hacer piezas que puedan ganar premios en los festivales a
cualquier costo, el tema seguirá sin resolverse.

Por Edgardo Ritacco, director periodístico de adlatina.com

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