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Redacción de invitaciones

Las invitaciones por escrito

Los tiempos avanzan vertiginosamente y algunas casas tradicionales dedicadas a la confección de invitaciones han observado una merma en los pedidos de sus clientes. Parecería que el correo por internet las ha dejado en el olvido. Sin embargo y, afortunadamente, el buen gusto no pasa de moda ni pasará.

Por ROBERTO SEBASTIÁN CAVA



Es verdad que los modos se han simplificado un poco y algunas invitaciones se cursan  por internet o por teléfono. No me refiero a las que la vida en sociedad nos lleva a hacer sino a cócteles, almuerzos – algunos  mal llamados “de trabajo”- que se conciertan por medio de  asistentes. Antes  utilizábamos palabras como “invitaciones de urgencia”. En esos casos se invitaba y se confirmaba la asistencia telefónicamente. Sin embargo, de inmediato, se enviaba  al convidado un tarjetón con las grandes líneas de  la invitación y, en el lugar de “R.S.V.P.” o “S.R.C.”, acostumbrábamos tachar esas abreviaturas y colocábamos las de una palabra francesa. Era  “p.m.”, como recordatorio.



No es posible dejar de lado las invitaciones escritas. En
ellas deben  figurar los datos más esenciales: “Quién invita”; “A quién
invita”; “A qué”, “Dónde”, “Día y hora”. A ellos se pueden agregar
otros que facilitarán aún más la comunicación entre las personas.

Es necesario personalizar. Cuando empleo ese verbo viene a mí un grande
de la enseñanza, el doctor Víctor García Hoz. Él revolucionó los
sistemas pedagógicos del siglo XX  y me   apropio de su 
personalización. No me parece  posible que una sociedad anónima invite a
alguien. Esa empresa tiene unas autoridades y son ellas quienes deben
hacerlo. Lo mismo sucede con las universidades, los colegios
profesionales, los institutos de enseñanza, las instituciones, entre
otros. Veamos un ejemplo: “Tienda La Gloria invita a usted” o “La
Universidad Austral invita a usted”. En el primer caso hay alguien que
es propietario o gerente. En el segundo, existe un rector, un decano, un
director de departamento, etc. Ellos, con sus nombres y apellidos son
quienes invitarán en representación del ente.

Siempre se ha hecho una división y así tenemos  las invitaciones
totalmente impresas y las parcialmente impresas. También las denominadas
“abiertas”. Las que se envían a la imprenta y no dan espacio para
añadir algo son las primeras. Podemos llamarlas “ad casum”, es decir las
que se imprimen para una ocasión únicamente. En cambio, en las
parcialmente impresas se dejan espacios. Son como formularios.  Las
“abiertas” se usan en sitios donde se debe enviar  con  frecuencia
invitaciones para los eventos más variados..

En los tarjetones  podemos incluir algunos datos interesantes.  El
“R.S.V.P.” o el “S.R.C.”, ha sido prácticamente reemplazado  por una
frase más clara: “Se ruega confirmar asistencia”. Aun así también hay
que ponerse en contacto con los invitados remisos. Son los que no han
respondido dentro de las cuarenta y ocho horas de recibida la
invitación.

La vestimenta es otro apartado que no es posible olvidar. “La vestimenta
del caballero marca la de la dama”, rezaba la conocida advertencia.
Parecería más sensato utilizar ahora palabras más precisas: “Señores:
traje oscuro de calle”; “Señoras: vestido largo de noche”. Para personas
del ámbito castrense emplearíamos otras indicaciones. Las damas
elegirán su ropa de acuerdo a la hora de la invitación y podrán adecuar,
además, otros detalles como el peinado y el maquillaje.

Sinceramente he llegado a la conclusión de que no existe discriminación
cuando me invitan a algo y me solicitan que vaya vestido de una forma
determinada. Con libertad puedo optar por aceptar la invitación o
declinarla. Por eso, si nos piden que vayamos “a la usanza del año de la
Pepa” está en nosotros la decisión.

He comentado alguna vez que no existe “lo informal”y me  explico. Si
llaman a nuestra casa para invitarnos a una cena  parecería lógico
preguntar: “Y ¿cómo vamos?”. Si nos responden “venid como queráis”, el
“como queráis” es una forma. El  sentido común nos llevará, en ese caso,
a usar unas prendas de acuerdo a nuestra edad, a la hora del agasajo, a
la temperatura.

En Argentina se ha extendido el empleo de las palabras “casual” y
“elegante sport”. En algunas cosas somos un poco británicos y
entendemos, por lo primero, el uso de ropa elegante pero que a los
hombres nos exime de usar chaqueta y corbata. En cambio el “elegante
sport”, de acuerdo a las normas de una institución, sería“chaqueta de un
color, pantalón de otro, camisa y corbata”.

Hasta aquí han sido indicaciones generales. He tenido ocasión de leer
detenidamente la invitación enviada por la reina Beatriz de los Países
Bajos  a “mi señorito”. Cuando me encontré con el sobre en mi despacho
me sorprendí.  Por un lado, estaba  la invitación en cartulina con
algunas de las advertencias  detalladas hoy. Después venían tres folios
donde se explicaban las partes del acto a realizarse. Eran: recepción,
gala de ballet, y a continuación un cóctel. Sinceramente agradecí a la
Embajada  por ese dechado de arte. No se dejaban de lado los teléfonos
celulares, la vestimenta, el saludo a la reina, los horarios de comienzo
y de finalización, entre otros muchos detalles.



Fuente: RevistaProcolo.com



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