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Redes Sociales: Nueva sensibilidad estética.

Vito Campanelli: “Con las redes sociales cambió el concepto clásico de la belleza”



En un libro sobre teoría estética, el intelectual italiano analiza el
nacimiento de una nueva “sensibilidad estética”, o cómo ya nadie está
dispuesto a decir más que “cool” o agregarlo a favoritos cuando algo
realmente le gusta en Internet.

Con un crecimiento exponencial de usuarios, la Web es el medio
que estimula más que cualquier otro la difusión global de ideas y
comportamientos, incluso las formas estéticas, modelando la manera en
que la sociedad percibe la cultura contemporánea. Así lo entiende Vito Campanelli, teórico italiano autor de Web Aesthetics: How Digital Media Affect Culture and Society (Estética Web: Cómo los medios digitales afectan a la cultura y la
sociedad), un libro que viene a llenar un vacío teórico en el debate
sobre la cultura digital: cómo a medida que pasamos horas frente al
monitor se modifica no sólo la manera en que nos relacionamos sino
también cómo apreciamos lo que tenemos ante nuestros ojos.

A
través del prisma de la estética –donde priman los juicios del gusto y
la experiencia reflexiva de la belleza– Campanelli explora algunos
fenómenos actuales como las redes sociales y la “cultura remix”,
sentando así las bases para una teoría orgánica estética de los medios
digitales.



-¿De dónde surge el interés por lo que llama la “estética Web”?


-Hay
muchos estudios que reflexionan sobre las implicancias estéticas de los
nuevos medios, pero no es fácil encontrar referencias a las teorías
estéticas clásica, moderna e incluso posmoderna: hay un vacío teórico.
Otro error muy común es generalizar (y banalizar) el término “estética”,
confundiéndolo con el diseño. Si bien es cierto que cualquier cosa
puede ser estética, la estética es una discplina muy precisa que tiene
que ver con los juicios del gusto y con la belleza, el arte y la
experiencia estética. Despejados los malentendidos, mi objetivo fue
esbozar una teoría orgánica adecuada a los modos de percepción
emergentes y elegí la Web porque es un medio que estimula, más que
cualquier otro, la difusión global de ideas y comportamientos,
incluyendo las formas estéticas y moldeando la cultura contemporánea y
la sociedad.

-Desde esta perspectiva, ¿cómo era la Web en sus inicios y cómo es en la actualidad?

-Hoy
la Web está más cerca de los usuarios porque son ellos los que la
hacen. De visitantes pasivos de sitios Web ya construidos, un usuario
medio sin ninguna experiencia hoy publica contenidos y le da una
dimensión social a sus relaciones. Aunque podría considerarse un logro
colectivo de los usuarios y, de hecho, no se puede negar que las redes
sociales y la blogósfera han cerrado el círculo entre Internet y la
sociedad, debemos tener una mirada crítica.

El deseo de afirmar la
propia personalidad y mostrarle al mundo nuestro espíritu creativo es
el cebo que activa la trampa del espectáculo global y concatenado de los
medios de comunicación. Los usuarios, agradecidos por las herramientas
gratuitas, no se dan cuenta de que están siendo expropiados en beneficio
de las empresas propietarias de los sitios Web (lo que pasa con
Facebook es un ejemplo colosal de trabajo no remunerado «donado» por
millones de usuarios a Zuckerberg). Ya que no puedo negar los avances
derivados de la masificación del uso de los medios digitales, no lo
puedo hacer sin cierta nostalgia por la época en que los usuarios
pioneros de Internet mostraban una mayor conciencia y compromiso para
comprender a fondo la verdadera naturaleza de los instrumentos con los
interactuaban.

-¿Qué sucede con la estética Web en la era de las redes sociales? 

-Mi
tesis a demostrar en el libro dice que estamos asistiendo a la
propagación de un nuevo tipo de gusto estético, una nueva “sensibilidad
estética” que es característica de nuestro tiempo y, como tal, está
profundamente arraigada en el uso de las modernas herramientas digitales
y entrelazada con los espacios sociales más estrictamente
contemporáneos, que vendrían a ser las redes sociales.

El
concepto clásico de belleza ha entrado en crisis categóricamente. En un
sentido lingüístico, se manifiesta en la tendencia a sustituir el
término en inglés “beautiful’ (bello) por “cool”: en la Web, lo que sea
que es el más visto, el mejor rankeado, el más linkeado o recibe más
comentarios es automáticamente “cool”. En esta perspectiva, cualquier
cosa que se disfruta es simplemente “cool” y cualquier cosa que daña
nuestra propia “sensibilidad estética” ni siquiera merece una definición
(lo que requeriría de un esfuerzo crítico) y se deja a un lado. Lo que
importa es anticipar lo “cool” que está esperando a la vuelta de la
esquina.

Se trata de una actitud estética que coincide
perfectamente con la proliferación de herramientas para la creación de
medios auto-producidos. Cualquier éxito de YouTube sería un buen
ejemplo: es probable que sus espectadores comenten “cool” y a lo sumo lo
agreguen a sus favoritos o lo envían a sus amigos. Además de ser
inútil, cualquier reflexión impide el libre flujo de datos digitales.
Después de todo, los temas contemporáneos están tan sobrecargados de
contenidos que cualquier intento de reflexionar sobre ellos o intento de
formular un juicio estético simplemente están fuera de alcance.



-A esa sobreabundancia se refiere el concepto de “cultura remix”…


-La
cultura, en mi opinión, siempre ha sido una «cultura de la remezcla”.
El remix es como «impuesto de la evolución», que surge de la necesidad
innata del ser humano de transformar personalmente los materiales que
tiene a su disposición. Esto podría explicar por qué la práctica de la
remezcla es hoy más necesaria que nunca: nunca antes hemos tenido tantos
materiales al alcance de la mano (sólo basta pensar en la incorporación
de ingentes cantidades de cultura analógica en el dominio digital, por
ejemplo en Google Books).

Los materiales son tantos que
simplemente piden ser remezclados: si todo es tan práctico, tan
extemporáneo y tan divertido, ¿por qué no usarlo? Los individuos se ven
obligados a pensar en términos de post-producción y remezcla, para poder
hacer frente a la sobrecarga de información digital con la que se
encuentran todos los días. Si la cultura siempre ha evolucionado a
través de la variación, selección y repetición, habitamos la cultura
remix por excelencia, sobre todo si se tiene en cuenta la sinmplicidad y
la velocidad de las rutinas computarizadas del cut & paste (cortar y pegar), lo intuitivo del Photoshop o el After Effects. Como sostiende Lev Manovich:
el software moderno dio vida a un escenario en el que las operaciones
de selección, construcción, edición y publicación de datos se
facilitaron a tal punto que se puede prever una etapa de “remezcla
total” en la que todo puede mezclarse con todo el resto.

-¿Cree que la cultura digital influye de manera diferente a los nativos digitales?

-El
principal objetivo de mi investigación es tratar de entender qué papel
juegan los medios digitales en la progresiva estetización de la realidad
y sus expresiones culturales más importantes. Más concretamente, cuál
es el papel de la Web que, al ser ubicado dentro de este proceso
socio-cultural, se convierte en un poderoso agente global de
estetización. En esta perspectiva, yo no pondría tanto énfasis en la
distinción entre los nativos digitales y el resto del mundo, de hecho,
me parece más interesante otros dos temas principales: la estetización
de la sociedad y la difusión global de las formas relacionadas con la
Web.

 

-¿Qué podemos aprender de la perspectiva estética de la Web?


-Mi
intento de observar la dinámica de la Web (y el flujo continuo entre la
Web y la sociedad) a través de la perspectiva de la estética revela, en
definitiva, una clara opción política. En realidad, estoy convencido de
que la batalla por construir sentido con lo que ocurre delante de
nuestros ojos se juega a nivel de las imágenes y las superficies: a
nivel estético. Por lo tanto, es precisamente en este nivel que debemos
situarnos para dar batalla, es decir, resistir la violencia de la
comunicación de masas contemporánea. En mi opinión, la única alternativa
a sus efectos es un retorno a un sentimiento estético de las cosas, y
esta es la razón por la que quiero construir una estética activa: una
herramienta para personas o multitudes que pasen de víctimas de los
medios a sujetos estéticos activos, capaces de formular estrategias que
desenmascaren las que utilizan las elites del poder.  

POR MARCELA MAZZEI

Fuente. Revista Ñ

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