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Responsabilidad social empresaria


ISO 26000:

una norma para fomentar el valor humano

La Organización Internacional de Normalización desarrolla una guía para empresas que se responsabilicen del impacto de sus actividades; quiénes participan en su elaboración

La disposición, que no será certificable, estaría lista a principios de 2009. La preocupación global porque las organizaciones respeten dimensiones sociales y medioambientales también alcanzó el campo de la regulación.

La Organización Internacional de Normalización (ISO) emprendió el desarrollo de la Norma Internacional ISO 26000 sobre Responsabilidad Social, que apunta a fomentar el valor humano dentro de las empresas y a sumar conocimiento en temáticas que involucren el progreso de la comunidad. La norma, que estaría lista a principios de 2009, no será certificable y proveerá una guía práctica para ayudar a las organizaciones a abordar la responsabilidad social por el impacto de sus actividades.

Entre otras cuestiones, planteará temáticas relacionadas con los derechos humanos, la diversidad cultural, las prácticas de negocios justas, el ambiente y el desarrollo socioeconómico visto en un contexto global.

El trabajo no pretende reemplazar acuerdos intergubernamentales existentes, sino agregar valor a iniciativas como la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y aquellas adoptadas por la Organización Internacional del Trabajo.

Grupo de trabajo

Para fomentar el compromiso voluntario, ISO estableció un grupo de trabajo constituido por representantes de todo el mundo, que será el responsable de la realización del documento. En nuestro país, el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM), en su carácter de organismo nacional de normalización, creó un comité espejo integrado por instituciones de sectores representativos que identifica a los distintos grupos de interés para participar en el estudio de la norma. Cada grupo, a su vez, es representado por un experto.

Luis Trama, de la dirección de Normalización de IRAM, comentó que se formaron seis grupos de estudio, según las directrices de ISO: gobierno, trabajo, industria, consumidores, ONG y otros. «El objetivo de cada uno –manifestó– es emitir comentarios surgidos del análisis de los documentos de trabajo elaborados en el nivel internacional.»

Para él, el fenómeno de la globalización generó profundas modificaciones: «Estos cambios pueden constituir una oportunidad para generar una transformación cultural tendiente al logro del desarrollo sustentable. Generar una herramienta internacional orientada a promover y difundir el concepto y la práctica de la responsabilidad social es una manera concreta de contribuir al cambio estructural requerido».

Año tras año, ISO organiza reuniones plenarias para aumentar los niveles de consenso y avance de la norma, y la Argentina tiene activa participación.

Entre los delegados de nuestro país, María Fabiana Oliver, directora de Comercio y Desarrollo Sustentable de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), fue designada como experta del grupo ONG, mientras que representan al sector privado Claudio Barone, jefe de Relaciones Institucionales de Petrobras, y Alejandro Di Natale, gerente de Desarrollo Sustentable de Edenor.

El último encuentro se realizó en Sydney, Australia, entre el 29 de enero y el 2 de este mes. Allí se reunieron más de 300 participantes de 54 países y se trabajó en el segundo borrador de trabajo de la guía.

En esa oportunidad se avanzó sobre la definición de los core issues (puntos claves) del documento y se aprobó la política de participación de los medios y el desarrollo de un plan de comunicación. Además, se presentó la definición de alcance de la guía y del concepto de responsabilidad social, y se crearon drafting teams (equipos de bosquejo) de cara al próximo plenario, en noviembre de 2007.

«Desde los primeros meses de trabajo –continuó Oliver– ratificamos la necesidad de superar las asimetrías entre los diferentes actores convocados a sumar sus visiones. Dos elementos resultaron categóricos: el idioma utilizado (inglés) y la dificultad de muchas organizaciones para participar en las reuniones, en especial aquellas ONG radicadas en el interior.»

Alejandro Di Natale, como observador del grupo de industria, exhibió una postura optimista: «Esto que parece complejo, funciona. La sociedad evoluciona en sus demandas y requiere de una mayor transparencia y responsabilidad de todas sus partes. En este escenario, las organizaciones empresariales tienen un lógico papel de liderazgo, a la vez que una gran exposición. Entiendo que debemos avanzar al ritmo de la agenda internacional, aprendiendo de las experiencias externas y aportando las propias».

Claudio Barone, que obtuvo una representación en el grupo de comunicación (junto con Hidemi Tomita, de Sony, Japón), manifestó que la ISO 26000 representa «la oportunidad de abordar la responsabilidad social desde un esquema voluntario de jerarquía internacional, con los tiempos de discusión que la complejidad del tema merece.» Según sus palabras, contribuir en este grupo de trabajo internacional resulta una experiencia única, «más aún considerando que ISO 26000 será, junto a Pacto Global y GRI (Global Reporting Initiative), una de las tres grandes tendencias mundiales en responsabilidad social para los próximos años».

Organizaciones en acción

El compromiso alcanzó a diversas organizaciones y empresas del sector privado nacional. En el caso de FARN, la institución coordina, informa y promueve la participación de una mayor cantidad de organizaciones comprometidas, a través de debates y análisis.

En esta misma línea, Fundación Vida Silvestre Argentina, desde mediados de 2004, participa de un espacio de debate con organizaciones de la sociedad civil interesadas en construir una visión común sobre responsabilidad social. «Fue casi natural que la fundación se involucrara en el proceso de discusión de la norma ISO 26000, sobre todo si consideramos que este proyecto constituirá una referencia integral y global, independientemente de la actividad que desarrolle la organización», aseguró Pablo Yapura, de Fundación Vida Silvestre Argentina, que también participa del Comité de IRAM.

Según su opinión, una de las virtudes del proceso de ISO es que intenta involucrar a todas las partes interesadas en una discusión que resultará significativa por la multiplicidad de opiniones. Sin embargo, aseguró que aparecen obstáculos que deben franquearse. «La dificultad más importante –dijo– es la falta de costumbre para abordar los problemas desde perspectivas diferentes y no necesariamente coincidentes. Las ONG deben lidiar con la escasez de recursos para involucrarse en discusiones de esta complejidad, en especial, por las barreras idiomáticas y por su alcance global.»

En este contexto, Yapura entiende que el gran desafío es lograr que la responsabilidad social no quede en el plano de las comunicaciones y el marketing, sino que sea genuinamente implementado en las operaciones centrales de las empresas.

Así, Edenor tomó una postura activa en el asunto. Desde sus comienzos desarrolla actividades directamente vinculadas con el concepto de responsabilidad social. «Siendo una compañía energética, que está en contacto directo con la comunidad, los ejes temáticos esenciales son el uso racional y el acceso sustentable de la energía. Tenemos proyectos en marcha, como la construcción piloto de viviendas y la instalación de medidores prepagos para sectores con dificultades económicas e ingresos irregulares, entre otros», compartió Di Natale.

De igual manera, Petrobras exhibió su política de trabajo, en donde el valor ético, humano, social y ambiental resulta esencial en su labor diaria. «Nuestro equipo está compuesto por dos grandes grupos: uno, a cargo de cuestiones de redacción de la norma y otro, considerado estratégico por ISO, que se ocupa de temas relativos al aseguramiento de la transparencia, financiamiento y adecuada participación y representación del proceso», expresó Barone.

Herramientas existentes

En 1999, el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan (hoy reemplazado por Ban Ki-moon), convocó en el foro mundial de Davos, Suiza, a las empresas del mundo a lograr una economía más sostenible e inclusiva. Mediante el Pacto Global propuso que las organizaciones internacionales se comprometieran a respetar los derechos humanos y promover mayor responsabilidad medioambiental. En nuestro país, 200 empresas adhirieron al acuerdo.

El pacto contribuirá a mejorar el desempeño de las empresas, aumentar su competitividad, vincular e integrar a la organización con su entorno social y ambiental, e impactará positivamente en la democratización de la gobernabilidad corporativa. En este contexto, las Naciones Unidas invitan a adherirse mediante la suscripción de un compromiso público y voluntario.

Asimismo, el GRI elaboró y difundió la Guía para la elaboración de memorias de sostenibilidad para pequeñas y medianas empresas . El proyecto forma parte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y fue concebido para aumentar la calidad, el rigor y la utilidad de las memorias de sostenibilidad.

La realidad refleja que, en la medida que mayor cantidad de organizaciones decidan guiarse por estos principios, indudablemente aumentará la necesidad de crear herramientas que ayuden a implementar prácticas relacionadas con la responsabilidad social. ISO confía en que la norma 26000 contribuirá a un desarrollo sustentable.

Por Soledad Avaca para La Nación

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