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El bien común en la vida de las empresas

El concepto de bien común encierra un profundo significado y unas consecuencias muy precisas porque, para darle a la noción de responsabilidad social todo el valor que le corresponde, quizá no exista procedimiento más fecundo que el de referirla a la conquista del bien común.

Por: Patricia Debeljuh*

Aplicando este concepto a la empresa, se puede decir que el bien común no consiste en que ella se ocupe de satisfacer todas las necesidades de los individuos, sino que estructure las condiciones convenientes para que éstos puedan desplegar su iniciativa y actividad; y alcanzar así su realización personal. Esto implica que el bien común es el resultado de los esfuerzos de todos los miembros de una empresa con el fin de que sea posible y se favorezca una vida verdaderamente humana y digna del hombre.

Entendida desde este enfoque del bien común, la empresa deja de ser un simple negocio para constituir un grupo social que presta un servicio a las personas: organiza el trabajo del hombre, orientado a la creación de riqueza, y permite que el individuo despliegue sus habilidades y la capacidad de ser útil a los demás, ayudándole a encontrar y dar un sentido a su trabajo. La empresa se convierte así en un factor de potenciación de las capacidades humanas.

En definitiva, que la finalidad última de las organizaciones se dé en esta dimensión significa que, por su propia naturaleza, las organizaciones están para ayudar al ser humano a desarrollar su calidad humana y ética y que de esa calidad depende, en último término, la propia supervivencia de la organización.

La empresa, entonces, no es una mera yuxtaposición de recursos, estrategias y relaciones sino que constituye un ámbito social que modela la existencia de las personas. De esta manera, no sólo se tiene en cuenta un “qué” y un “cómo” se hace en la empresa sino también y sobre todo un “para qué”, es decir, cuál es el sentido que la organización da a la vida de los que colaboran en ella y cuál es la responsabilidad de cada uno de participar en la consecución de ese fin común.

De aquí se derivan muchas consecuencias prácticas para el mundo de la empresa. Desde la decisión de retirar un nuevo producto que puede ser nocivo para la sociedad hasta la justa retribución por las tareas pasando por el respeto al necesario equilibrio que deben alcanzar las personas entre las exigencias de su ámbito laboral y las derivadas de su vida familiar.

La respuesta a la pregunta: ¿para qué existe esta empresa? puede ayudar a la hora de conciliar los diversos objetivos. Si se piensa que sólo existe para ganar dinero, un mero cálculo resolverá el problema. En cambio, si se entiende que la empresa tiene otras responsabilidades sociales que derivan precisamente de su misión entendida en término de desarrollo humano, no se podrá resolver el problema a partir de un simple cálculo. Hará falta poner en juego todas las capacidades humanas al servicio de un gran objetivo: hacer la empresa más humana, más al servicio del bien de todos.

*Patricia Debeljuh
Profesora investigadora
Universidad Argentina de la Empresa (UADE)

Artículo publicado en IARSE.

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