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Globalización e Hiperrealidad

Hasta hace 30 años, una empresa que se asentaba en una comunidad, establecía vínculos con ésta. La mayoría de quienes vivían en las adyacencias tenían algún tipo de relación con la empresa y la empresa devolvía a su comunidad, en su compromiso, zapatillas para los niños más pobres, becas, construcción de espacios para el esparcimiento, etc. Hoy,  el «imaginario social» ha cambiado.

Parte del Capítulo 3 del Libro:

 
Global PR ®: Un nuevo modelo en Relaciones Públicas 

de Antonio y María Di Génova

Globalización

«Globalización». La palabra de la década, probablemente. Ahora ¿de qué hablamos cuando hablamos de Globalización? La globalización es un proceso irreversible, que nos afecta a todos en la misma medida y del mismo modo. Todos somos seres «globalizados».

La «globalización», además de ser un fenómeno omnipresente, se caracteriza principalmente por la compresión del tiempo y el espacio, debido a la tecnología, y es este último factor el que nos une tanto como nos divide.

El factor basal de la globalización es la capacidad de movilidad, y ésta está dada, básicamente por el acceso a la tecnología, lo que representa el fin de las distancias en términos «humanos». Hasta no hace poco, se utilizaban como  medidas de longitud, por ejemplo, los pies, luego se adoptaron otras escalas, más exactas. Sin embargo, el hombre siempre había visto la movilidad circunscrita a su propia dimensión. Con el advenimiento de las tecnologías de transporte y, sobre todo en el campo de las comunicaciones, esas distancias perdieron la anterior dimensión y se diluyeron. Hoy, los seres «globales» tienen acceso a cualquier lugar del  mundo en instantes, con mensajes escritos, voz, e imagen.

Este valor genera automáticamente la diferencia entre quienes tienen acceso a esa tecnología y quienes no. Este valor establece una  diferencia entre seres «globales» y seres «locales», siendo la localización, el opuesto de la globalización, y el equivalente a inmovilidad en un mundo que está completamente sujeto al cambio, la imposibilidad de moverse rápido es equiparable a la degradación y a privaciones sociales y económicas.

Por lo tanto, la cara complementaria del proceso de globalización, es la progresiva segregación y exclusión de quienes no poseen movilidad, y es ésa una de las causas de mayor preocupación entre los intelectuales del mundo: la creciente pérdida de contacto entre las elites extraterritoriales y el resto cada vez más «local», ya que la independencia de los «globales» del confinamiento de unidades políticas y culturales, acentúa la desprotección del resto. Ejemplos de este fenómeno son las constantes presiones por parte de las empresas transnacionales para lograr la aprobación de legislación en su conveniencia, bajo la amenaza de dejar el país, con un tendal de desocupación detrás. Los «globales» pueden irse, los «locales», no.  Y es esta desigualdad, otra de las características inherentes a la globalización.

Hasta hace 30 años, una empresa que se asentaba en una comunidad, establecía vínculos con ésta. La mayoría de quienes vivían en las adyacencias tenían algún tipo de relación con la empresa y la empresa devolvía a su comunidad, en su compromiso, zapatillas para los niños más pobres, becas, construcción de espacios para el esparcimiento, etc. Hoy,  el «imaginario social» ha cambiado.

«Una empresa pertenece a la gente que ha invertido en ella, no a los trabajadores, ni a los proveedores, ni a la comunidad donde está situada», nos cacheteó hace poco el celebrado estudioso de la empresa moderna Albert J. Dunlap; y no lo hizo en un intento por defender estos conceptos, sino como una mera declaración de hechos. De aquí, naturalmente se desprende que los «inversores» no tienen ningún tipo de atadura espacial, es más, probablemente ni conozcan los lugares físicos donde están situadas sus inversiones, por lo que sería imposible que demostraran la más mínima empatía por las comunidades que las rodean. De hecho, una compañía, debido a su carácter global, puede establecerse en cualquier otro lado, sin embargo, las consecuencias de esa partida, son las que afectan a los locales, y el manejo de ese nivel de incertidumbre, constituye también parte del poder de los «globales».

Hiperrealidad

La hiperrealidad es un constructo que define el modo en que la conciencia reconoce y construye lo que es «real» en un mundo en el que el evento o experiencia original es radicalmente reformulado y filtrado por los medios masivos de comunicación. Dicho de otro modo, la hiperrealidad es la incapacidad de distinguir entre lo real y lo mediatizado por la tecnología.

Sostienen e incluyo acuñaron el término, filósofos de la talla de Jean Baudrillard ( H: la simulación de algo que nunca existió),  Albert Borgmann, Daniel Boorstin, y Umberto Eco (H:el engaño auténtico).

Baudrillard va, inclusive un paso más adelante, cuando dice que lo «hiperreal» es la representación de algo cuya contraparte no existe en la realidad. Lo «hiperreal» es algo nuevo que «pareciera» referirse a algo real. De hecho, su gran preocupación es que las noticias que se emiten por televisión no tienen demasiado que ver con lo que ocurre en el mundo real, sino que constituyen una «simulación», diseñada para mantener la atención del televidente. Según Comsky, el proceso de elecciones en un país tiene poco que ver con una decisión informada, o con la selección del candidato mejor preparado, o con mejores propuestas, sino con un «consenso manufacturado» a través de los medios masivos.

Ejemplos de hiperrealidad:

·bebidas con sabores cuyos nombres no existen (uva salvaje)

·la pornografía (que es más sexy y perfecta, que el propio sexo)

·Un árbol de Navidad de plástico que luce mejor que cualquier árbol real

·Las fotos de modelos que atravesaron procesos de modificación gráfica como el famoso Photoshop ®

·Ciudades y lugares que no evolucionaron naturalmente, sino que merced a acciones cuidadosamente planificadas, ya perdieron su base en la realidad: Dubai, Las Vegas, Disney World

·Reality shows

·Video juegos, realistas o no, que hacen que momentáneamente quien juega pierda la noción entre el juego y la realidad.

Desmenuzando el proceso que lleva a la hiperrealidad, encontramos que la tecnología de los medios de comunicación masivos, está en condiciones de atrapar hasta el más diminuto detalle de la realidad, pero en este proceso de disección, estos mismos medios técnicos y visuales construyen una realidad de otro orden, una representación «fantasmagórica», en palabras de Baudrillard, que emerge como más auténtica, más exacta más «real» que la que nos rodea.

Ejemplos de este concepto son los eventos ocurridos en Buenos Aires, los días 19 y 20 de diciembre de 2001, o el atentado a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre del mismo año en Nueva York, Las imágenes, los documentales, los informes sobre sendos temas, hoy son los temas en sí mismos. Cualquiera tiene acceso a la información disponible, sin moverse de su casa; y la concepción es que tuvo acceso a la realidad, y no a lo que deconstruyeron y reconstruyeron los medios para transformarlo en hiperrealidad

¿Qué ha sucedido con las imágenes?

Las imágenes se han adueñado de todo. Está todo inundado. La mayor parte de autores empiezan a hablar sobreentendiendo que lo hacen ya desde un campo social saturado de imágenes.

Las imágenes representan el mundo que habitamos. Las imágenes ya no son representaciones del mundo real, son el mundo real. En algunos casos, son más reales que lo real. Las imágenes preceden al mundo real. Idea de simulacro. Baudrillard, Cultura y Simulacro, Paidós. El cuento de Borges en el cuál un topógrafo crea un mapa tan exacto que es del tamaño de lo real, de hecho, parece una calca. Lo que el discurso postmoderno plantea, es que el simulacro, la simulación no corresponde a un territorio, sino que lo genera un modelo de algo que será real (después) sin origen ni realidad anterior: lo hiperreal. Es como si el mapa hubiera sido creado antes que el propio territorio, Baudrillard le llama «predecesión del simulacro». El mundo estaría generado por las imágenes y se diría que ellas lo construyen.

Las imágenes llevan su código, están hechas de una determinada manera y con unos determinados fines, el discurso postmoderno trata de averiguar cuál es el poder que lo crea, y que conceptos de verdad lleva implícitos. De hecho, cómo un determinado concepto de verdad se ha producido y porque ése autor lo ha utilizado y de qué se servía. Lo que se debería es desvelar cuál es la complicidad que hay entre el poder y las imágenes.


¿Cómo se articulan Globalización e Hiperrealidad?

En primer término, ambos son procesos que existen y de los cuales no se puede permanecer ajeno. Esto es fáctico, no valorativo: se los  puede criticar, se los puede calificar como retrocesos, pero no se puede negar  su existencia.

En segundo término, los dos fenómenos son tecnológicamente dependientes.

Es decir, su aparición, su crecimiento y su existencia están determinados por la tecnología. En este punto, comienzan los juegos de interacción. La tecnología asegura la «globalidad», por lo tanto, aún entre los «locales» ésta también es sobrevalorada y comienza una escalada en la demanda tecnológica, que también permitió su evolución hasta niveles de ciencia ficción. Una cuestión qué surge espontáneamente es ¿qué impediría a los «locales» globalizarse, si ellos también tienen acceso a la tecnología?  En primer término, el uso que cada grupo hace de ésta: el «global» se mueve a través de la tecnología, el «local» se entretiene con ella. ¿Por qué ocurre esto? La «localidad» no permite un fácil acceso a las redes de comunicación que permiten la movilidad; la conectividad a Internet no siempre es óptima en la «localidad», y la operatividad de recursos que la red ofrece a los «globales» no presenta ni formato amigable, ni utilidad aparente para los «locales», por lo que volvemos al entretenimiento, que permite la hiperrealidad.

La hiperrealidad, hace que la tecnología sea el «simulacro de globalidad», lo que fomenta el consumo, entonces por ejemplo, tener un celular igual al que posee el presidente de una multinacional es un valor a alcanzar, aunque no se disponga de la menor capacidad de movilidad.

La tecnología, a su vez, permite una comunicación que cada vez se soporta menos en un discurso articulado, sino que es una comunicación en la que priman la imagen, las abreviaturas indescifrables, el signo, el icono, por lo que estos han reemplazado, en esta era hiperreal, a las palabras mismas.

La idea de que la imagen reemplaza a la realidad, a su vez, y debido al auge tecnológico, parece ya no alcanzar, por lo que se ha desarrollado una masiva adicción al mundo de la información, y ya no alcanza con ver lo que nos muestran los medios tradicionales. Necesitamos ver más de cerca, decidir qué ángulos queremos ver y opinar, ya que esto hace el simulacro más real. Esto implica una revolución en los procesos de comunicación de masas, y en su direccionalidad (ver capítulo….)

La hipertextualidad y la autorreferencia mediática son también consecuencias de la interacción de la Globalización y la hiperrealidad. Como ya delineamos en el capítulo 2, la autorreferencia es una de las principales características de la comunicación neo-nihilista. Es esta pérdida de la relación entre el texto, su modo y  canal con su autor (que va en proceso de dejar de ser un ente individual)  y su destinatario, ya  los nuevos textos no están pensados en función de las antiguas audiencias masivas, sino que son pensados como un regodeo intelectual en el que prima la intertextualidad. Ejemplos: Umberto Eco, David Lodge, Paul Auster. La nueva literatura es para los «globales»

Rosario Peyrou escribió en el Diario El País, de Uruguay, sobre David Lodge:

 «NARRADOR, ensayista y profesor de literatura, la obra del inglés David Lodge suele girar alrededor de lo literario. Los libros que le dieron celebridad -El mundo es un pañuelo, o Intercambios- exploran con humor las mezquindades del jet-set académico. Sus protagonistas suelen ser escritores (Trapos sucios), guionistas (Terapia), profesores universitarios (¡Buen trabajo!), lo que no le impide ser desenfadado, divertido, legible. En otro registro, es autor de libros como El arte de la ficción, un conjunto de disfrutables ensayos sobre literatura contemporánea.»



En una clara y simple definición del fenómeno de hipertextualidad: es la «metaliteratura», la «metatelevisión». Es el medio, hablando del medio.

Antonio Di Génova

adigenova@redrrpp.com.ar

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