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Un Relaciones Públicas por allí…

Las cosas que hay que ver!!!
 
Un Relaciones Públicas por allí…
Hubo una época, hace muchos años, por cierto, en la que uno era joven y bello. Por aquellos tiempos, uno, en verano, cuando no había facultad, ni obligaciones, se iba a trabajar a Pinamar. De esa manera se lograba costear el veraneo, con un trabajo piola, y se pasaba los mejores tres meses del año. Uno se iba a trabajar de "Relaciones Públicas"!!!! Concepto difícil de explicar en aquel tiempo en que uno sabía poco de la vida, de las Relaciones Públicas, y de casi todo; pero en fin, allá íbamos. El trabajo consistía, detalle más, detalle menos, en estar todo el día disfrazado de super cool, ser super simpático y canchero, e invitar gente más o menos de ese target al lugar para el que uno estaba "haciendo Públicas".
Por Lic. María del Sol Rodríguez Gallego
E-mail: mariagallego@redrrpp.com.ar
Durante la noche, el trabajo no cambiaba radicalmente: había que arreglarse super cool, ser super simpático y canchero y atender bien a todos los que estaban en el lugar o próximos a entrar.

Con el tiempo, el estudio y la profesionalización, uno contempla esos recuerdos casi como caricaturescos. ¿Quién no se rió en los primeros años de la facultad de la falta de respeto a la profesión de aquello que uno hacía inocentemente? Fuimos comprendiendo la importancia de la comunicación profesional, y fuimos observando cómo los lugares que históricamente habían contratado jóvenes bellos para la noble tarea que hoy nos identifica, iban también profesionalizando el "head-hunting". Prueba de ello son los cientos de mails que este medio recibe diariamente con infinidad de información de prensa generada por este tipo de establecimientos, a través de sus consultores, o empleados profesionales de Relaciones Públicas.

El último sábado, El Portal de las Relaciones Públicas, a punto de lanzar su nuevo vástago, , salió a recorrer las noctámbulas calles del barrio, con el objeto de obtener información de primera mano sobre la noche palermitana. Nuestra mera intención era obtener información básica de los sitios de reunión más "top" (precios, tipo de comida, horarios) y fotografiar los salones. Todo con un fin periodístico, que se aclaraba al comenzar la conversación, previa entrega de tarjeta personal de quien escribe como encargada de Relaciones Institucionales de los medios, y ante la cara de asombro de la mayoría de los "encargados" se manifestaba que esto no tendría ningún costo para el establecimiento (cosa que en un principio habíamos creído totalmente innecesario aclarar), ya que la idea era obtener buena información para nuestros lectores.

Con horror, no exento de espanto, comprobamos que lo que creíamos se había profesionalizado, que era la atención a la prensa y las Relaciones Públicas, había vuelto a mutar, junto con el histórico objetivo de la función, que era atender bien a la gente.
Evidentemente, locales llenos, y registradoras rezumantes han hecho que el estilo de comunicación de hoy de muchos restós, pubs y teatruchos sea el maltrato.
Maltrato que no sólo recibimos como medio de prensa, sino que constatamos hacia los parroquianos, quienes en muchos casos debían aguardar de pie larguísimos minutos para que alguien, que había ido a consultar a las entrañas del local, parte también del nuevo estilo, les contestara como si en vez de a potenciales clientes, se estuviera dirigiendo a babosas que infectaban su establecimiento: "no, sólo aceptamos efectivo, y no creo que nadie por acá te acepte tarjeta, no ves? Estamos llenos"

Horrorizados y desvelados, nos dirigimos lo más rápido que pudimos a la redacción, con el objeto de plasmar todo "en caliente". Desesperados, pensando que si la reactivación que se viene anunciando va a transformar la comunicación en "eso" nos quedaríamos irremediablemente y para siempre sin trabajo, prendíamos cigarrillos, olvidando que hacía años habíamos dejado de fumar. Nos preguntábamos, si los sms, msn, L, spams y otras yerbas habían convertido nuestra tarea de comunicar en obsoleta, cuando alguien inició el Outlook, y entre los miles de mails que bajaron, recibimos el de uno de los locales que habíamos visitado que pedía asesoramiento profesional, porque había recibido la visita de un medio y como no supo qué decirle, le dijo que no podía darle información. Para que conste en actas, aclaramos que la tarjeta que esta persona había recibido informaba que los portales pertenecían al mismo emprendimiento.

Allí, como una bofetada, como la luz al final del túnel, tuvimos nuestro momento de epifanía revelatoria: alguien debe dedicarse a promover la importancia de nuestro quehacer, el de los profesionales de la Comunicación. En ese momento Ale, que no había abierto la boca, en toda la noche, dijo: "che, eso lo hacemos desde que arrancamos. ¿Por qué no escrachamos a todos los que nos maltrataron hoy, y a los que deberían dedicarse a esto, en lugar de promocionarse a ellos mismos como consultores, desde puestos institucionales?" Entonces, con la satisfacción que da el saber qué hacer, redactamos estas líneas que también han sido enviadas a quienes deben darse por aludidos.

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